Parece que fue ayer, pero el mes que viene se cumplirán dos años del debut oficial de Google Glass, de manos de Sergey Brin, en un programa de televisión estadounidense. Desde entonces, las gafas de realidad aumentada de Google han llenado portadas, y no hay "gurú" tecnológico que se precie que no se haya fotografiado llevando unas.

Sin embargo, no todo es de color de rosa para el proyecto. El dispositivo ha recibido muchas críticas, y hasta se ha acuñado el término Glasshole para referirse a los individuos que hacen un uso indebido o excesivo del dispositivo. El feedback negativo ha sido el suficiente como para que Google haya decidido salir al paso y lanzar un decálogo con el que intenta desmontar supuestos mitos sobre Glass. ¿Son mitos de verdad? Veamos.

Mito 1. Glass supone la distracción definitiva del mundo real

Google explica que esto no es cierto porque, de hecho, las gafas permiten interactuar con el mundo que nos rodea mucho más que estar absortos en la pantalla de un móvil. Glass está desactivado por defecto, y se activa solo cuando lo necesitamos. Esta diseñada para robarnos solo el tiempo necesario.

En realidad, esto es cierto sólo a medias y para algunas aplicaciones, la cámara o el GPS son dos funciones que, en Google Glass, podríamos usar sin dejar de prestar tanta atención del entorno, pero aún necesitamos desviar la vista hacia una pantalla. Aunque aún no hay una legislación al respecto, dudamos mucho de que Glass sea muy recomendable para conducir.

La lectura de notificaciones es otro de los aspectos en los que Google Glass podría beneficiarnos ya que nos permite leerlas sin tener que sacar el móvil del bolsillo, aunque no dejo de preguntarme como afectará a la intención de compra de Glass el tener las notificaciones en la muñeca con Google Wear.

Mito 2: Glass está siempre activa y grabándolo todo

Según Google, las gafas están en realidad en estado de reposo por defecto. La grabación de vídeo está limitada a solo diez segundos a menos que el usuario especifique lo contrario. En cualquier caso, las baterías del dispositivo solo durarían 45 minutos en grabación de vídeo.

No importa las limitaciones que Google quiera imponer por software. Basta con que alguien desarrolle un jailbreak para grabar largo y tendido. En cuanto a la limitación de la batería, 45 minutos de grabación de vídeo ya nos parecen demasiados en según que circunstancias.

Mito 3: Los usuarios de Glass son geeks obsesionados con la tecnología.

Google: Entre los Glass Explorers hay gente de todo tipo y dedicada a todas las profesiones. Hay bomberos, cuidadores del zoo, o cocineros, no solo programadores. Su único punto en común es su deseo de experimentar con una tecnología que creen que tiene potencial.

Para empezar, no sabemos qué tiene de malo ser un geek obsesionado con la tecnología. Nosotros lo somos y estamos orgullosos. Para continuar, Google parece asumir aquí que un bombero, un cuidador del zoo, o un cocinero no pueden ser geeks porque no saben programar. Quizá Google se refiera a la falta de educación de algunos Glass Explorers a la hora de usar las gafas, y al recelo de mucha gente a que le pongan una cámara en la cara. Ambas cosas no van a desaparecer cuando Glass salga del grupo de geeeks obsesionados por la tecnología y llegue al público general, si es que llega.

Mito 4: Las gafas ya están listas para comercialización

Falso, dice Google, aún son un prototipo. En los últimos 11 meses Google Glass ha tenido nueve actualizaciones de software, y tres versiones de hardware. Cuando se comercialice, el modelo definitivo hará parecer al actual un dispositivo de los 80.

Las actualizaciones no nos valen como excusa para impedir que un producto sea puesto a disposición del gran público, y menos en Google. La primera beta de Android fue lanzada en noviembre de 2007. Nueve meses y seis versiones del SDK después, se lanzó la primera versión comercial acompañada del primer teléfono, el HTC Dream.

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Google Glass lleva casi dos años en desarrollo. En ese tiempo Android había salido de beta y estaba en la versión 2.0 con varios teléfonos comercializados. Entendemos que un dispositivo como Glass es más complicado de terminar que un smartphone, que ya estaba inventado, pero a Google nunca le ha preocupado lanzar productos inacabados y mejorarlos sobre la marcha. Si Google Glass no está aún a la venta es por otras razones. ¿No será que en la compañía no quieren asumir que se han equivocado de planteamiento?

Mito 5: Glass es capaz de reconocimiento facial

Google: Aunque es técnicamente posible, Google ha decidido no implementar esa función, y tampoco permitirá aplicaciones que hagan posible el reconocimiento facial en la Glass App Store.

Google, ¡por favor! Que los creadores de un sistema operativo como Android digan que no se va a poder hacer algo porque no va a estar en la tienda oficial de aplicaciones es completamente ridículo. Bastara que el dispositivo se abra a terceros desarrolladores y empiecen a llover los archivos APK con software de reconocimiento facial si la gente los demanda.

Mito 6: Las gafas tapan completamente el ojo

Google: En realidad no, la pantalla de Glass está situada en diagonal sobre el ojo para que el usuario pueda mantener el contacto visual.

Lo que, en realidad, obliga a desviar la atención para utilizar el dispositivo. ¿No entra esto en conflicto con el mito 1? ¿Cómo funcionan unas gafas de realidad aumentada que sólo operan en una esquina del campo visual? ¿No será más bien realidad informada? Lo que no se puede es querer nadar y guardar la ropa.

Mito 7: Glass es el dispositivo de vigilancia perfecto

Google: Si alguien quisiera vigilarnos inadvertidamente, no utilizaría un dispositivo que se ilumina cada vez que el usuario da una orden. Glass es demasiado evidente como para servir para el espionaje.

Estamos de acuerdo en que Glass es todavía demasiado evidente, pero su utilización inadvertida es una cuestión de Jailbreak, y de que el dispositivo afine su diseño porque nadie quiere llevar algo tan evidente en la cara.

Mito 8: Glass es un capricho para un puñado de niños ricos

Google reconoce que el precio actual de 1.500 dólares es muy elevado, pero explica que: "En muchos casos, es la empresa del Glass Explorer la que ha pagado por el dispositivo. Otros han acudido a Kickstarter o Indiegogo, y para otros ha sido un regalo".

De acuerdo. Glass no es un capricho para niños ricos. El problema es que lo será si Google no reduce el precio (y mucho) en su lanzamiento.

Mito 9: Google Glass están prohibidas en todas partes.

Como Glass tiene las mismas funciones que un móvil, es lógico que se prohíban en algunos lugares como vestuarios. La compañía, sin embargo, explica que las personas hacen sus propias reglas de protocolo muy rápido, y que la prohibición no será necesaria con el tiempo. Google recuerda a los defensores de la prohibición que: "Glass pueden estar instaladas en gafas graduadas, así que pedir al usuario que las mantenga apagadas es mucho más seguro que dejar que se tambalee a ciegas por un vestuario".

¡Ok Google¡ Si alguien suelda varias cámaras GoPro a su silla de ruedas. ¿Lo dejaréis entrar en esa parte de vuestras oficinas donde habitualmente no se pueden sacar fotos ni vídeo? Total... las lleva apagadas ¿no?

Mito 10: Glass supone el fin de la privacidad

Google explica que cuando aparecieron las primeras cámaras fotográficas, fueron prohibidas en muchos lugares. Cuando aparecieron los primeros móviles con cámara, muchos también auguraron el fin de la privacidad. Según Google, 150 años de cámaras y 8 años de YouTube son suficiente indicativo del tipo de fotos y vídeos que toma la gente y de que Glass no va a destruir la privacidad.

Cerramos este intento de eliminar las preocupaciones en torno a Google Glass con la razón por la que, a nuestro juicio, Google tiene un serio problema con este dispositivo. Efectivamente, siempre habrá personas muy celosas de la privacidad cada vez que sale un nuevo equipo con cámara integrada, pero hay un matiz. Los móviles y las cámaras se pueden llevar encima sin que nadie se sienta violentado, Google Glass no. La cámara está siempre ahí.

En mi experiencia como aficionado a la fotografía, no me ha costado darme cuenta de que hay muchas personas que se sienten agredidas cuando se las apunta con una cámara. Entra en un autobús con el móvil en la mano o en el bolsillo y nadie se fijará en ti. Entra en el mismo autobús con el móvil levantado a la altura de los ojos, y todos te mirarán con suspicacia aunque esté apagado. Y la suspicacia es lo que lleva a utilizar términos como geek en tono despectivo.

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Casi parece que Google esté haciendo tiempo hasta que nos convenzamos de que es normal que nos pongan una cámara en la cara continuamente. Lo siento. Eso no va a ocurrir. Y si ocurre será probable porque todos saldremos perdiendo algo en el proceso. Además, para los usos que le han encontrado hasta ahora a la cámara de las gafas, ¿por qué no quitarla? Ni las notificaciones, ni el GPS, ni la información de Google Now se benefician de ella. No es una cámara especialmente buena, Google ha tenido que limitarla en la grabación de vídeo y, si no estuviera, ya podría haber tenido la primera versión del dispositivo en la calle sin una sola protesta. O quizá es que ya ha lanzado un sistema "ciego" de notificaciones, solo que se llama Google Wear. Ahora a ver cómo explica a los desarrolladores que han pagado 1.500 dólares que también han estado perdiendo el tiempo.