Cinturón, supuestamente de 1500, aunque los historiadores lo sitúan en el 1800. Wikimedia Commons

La mayoría sabemos lo que es un cinturón de castidad. Una especie de braga “con seguridad” que sirve para evitar la entrada de un pene o cualquier otro objeto sexual que se preste en el orificio de una mujer o un hombre. Sus orígenes se remontan a la Edad Media, aunque sus usos han sido una farsa.

Cuentan que los primeros cinturones eran de hierro. Su utilidad en la Edad Media era la de obligar a las mujeres a utilizarlos para evitar las infidelidades sexuales o, en casos extremos, padres de familia que querían que sus hijos se mantuvieran vírgenes hasta el matrimonio.

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El candado le daba un toque “impenetrable”. Con el cinturón, los hombres medievales que iban a las guerras podían estar seguros de que sus esposas no tendrían relaciones sexuales con nadie mientras estuvieran lejos durante años. Lo sabemos, suena ridículo, retrógrado y, sobre todo, antihigiénico, pero eran otros tiempos muy diferentes.

Esta historia se ha contando durante años y no deberíamos dudar de ello pero, ¿realmente fue así? ¿De verdad hubo un solo ser humano que arrastró un cinturón de hierro durante años? Sin contar con las infecciones que eso puede causar, cuesta creer que alguien pudiera someterse a semejante tortura y que no existan registros o historias de ello.

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Esto mismo pensó Albrecht Classen, profesor de Historia en la Universidad de Arizona. El hombre, un experto en la época medieval, se dispuso a revelar la verdadera historia de los cinturones de castidad. ¿Qué descubrió? Que los cinturones de castidad, los que tanto nos han contado hechos de metal para asegurar la fidelidad de la mujer, jamás existieron como tal.

La verdad del cinturón de castidad

Patente estadounidense de Jonas E. Keyser. Wikimedia Commons

Classen publicó posteriormente un libro, The Medieval Chastity Belt: A Myth-Making Process, donde explica la realidad de este curioso artefacto. Cómo él mismo cuenta:

En primer lugar, en realidad no hay muchas imágenes o relatos sobre el uso de cinturones de castidad, y aún menos especímenes físicos. Y las pocas obras sobre el tema dependen mucho unas de otras, y todas citan los mismos ejemplos. Hay un montón de citas en libros, pero muy pocas referencias históricas sobre un solo hombre tratando de poner un cinturón de castidad a su esposa.

De hecho, las referencias a los cinturones de castidad en los textos europeos se remontan a siglos, hasta bien entrado el primer milenio A.D. Pero hasta el siglo XI, todas esas referencias se citaban en teología, como metáforas de la idea de fidelidad y pureza.

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El dibujo más antiguo de un cinturón de castidad apareció en 1405 (ver imagen debajo), en un trabajo sobre ingeniería militar llamado Bellifortis, entre diseños detallados de catapultas, armaduras, dispositivos de tortura y otros instrumentos de guerra.

Bellifortis. Wikimedia Commons

Ya en el siglo XVI, el cinturón de castidad comenzó a aparecer de forma regular en ilustraciones y grabados en madera. Por lo general, las escenas eran muy parecidas: un marido, a menudo un tipo mayor, se marchaba de viaje. Su esposa era retratada, normalmente semi desnuda, usando ropa interior de metal. Pero en algún lugar de la foto, su amante ya estaba esperando a que el marido se fuera con una copia de la llave del cinturón en la mano. Según Classen:

Siempre hay un amante en el fondo que ya tiene la clave duplicada. Hay tomárselo con humor. Incluso en 1500, nadie se tomaba en serio la idea de una ropa interior metálica encerrada como dispositivo eficaz anti-sexo.

Existen varios ejemplos físicos de cinturones de castidad que se han exhibido en los museos. Sin embargo, la mayoría de los expertos e historiadores piensan que estos objetos de metal fueron hechos en etapas muy posteriores a la Edad Media, y son objetos de fantasía que hacen referencia a un pasado que nunca existió realmente. De hecho y según el propio Museo Británico:

Es probable que la gran mayoría de los ejemplos que existen ahora se hicieron en los siglos XVIII y XIX como curiosidades o como chistes para los insípidos.

Pensemos, como dice el propio Classen, que si hacemos caso a los ejemplos, alguien llegó a fabricar un cinturón de castidad con un corazón perforado a la altura del recto con la idea de defecar “una flor”. Un chiste de muy mal gusto, pero imposible verlo como algo real. Siendo así, lo más lógico es que las creaciones tuvieran un fin lúdico, pura fantasía y fetichismo. [AtlasObscura, Wikipedia]