Ctenóforo en el Mediterráneo. Wikimedia Commons

Durante casi un siglo los investigadores han debatido uno de los misterios más antiguos del planeta: ¿cuál fue la forma de vida animal más temprana? Hasta ahora se había concluido que las esponjas marinas. Sin embargo, un nuevo estudio asegura que estábamos equivocados. Fueron los ctenóforos.

Fue al comienzo del siglo XX cuando los investigadores organizaron el árbol genealógico animal basándose en gran parte en su juicio sobre la complejidad relativa de varios organismos. Por ello y debido a su simplicidad comparativa, se consideró que las esponjas de mar (Porifera) eran los miembros más tempranos del linaje animal.

Advertisement

Pasaron los años y aquel paradigma comenzó a cambiar en cuanto la revolución genómica proporcionó grandes cantidades de información relativas al ADN de un número creciente de especies. Los estudios y el propio avance científico comenzaron a modular la creencia de ese primer “animal” hasta que en el año 2008 surgía uno de los primeros estudios filogenómicos que hablaban de los ctenóforos (también llamados portadores de peines) como los primeros miembros del reino animal.

Desde entonces y hasta ahora ha existido una gran controversia hasta la publicación del nuevo estudio. Un trabajo que muestra una serie de datos genéticos sin precedentes con los “portadores de peines” como protagonistas.

Los ctenóforos y la controversia sobre el principio del “reino animal”

Ctenóforo. Wikimedia Commons

Los ctenóforos son un filo de animales diblásticos caracterizados por la presencia de células que producen una sustancia pegajosa utilizada para capturar a las presas. Son formas marinas de apariencia similar a las medusas de las que conocemos hasta 166 especies.

Advertisement

Advertisement

Ahora y con la llegada del nuevo estudio su importancia pasa a ser histórica. El estudio ha sido realizado por un equipo de biólogos de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad de Wisconsin, un trabajo con un enfoque completamente revolucionario diseñado específicamente para resolver problemas conflictivos derivados de los “árboles de vida”. Según explica Antonis Rokas, investigador principal del estudio:

El método actual que los científicos usan en los estudios filogenómicos es recolectar grandes cantidades de datos genéticos, analizar los datos, construir un conjunto de relaciones y luego argumentar que sus conclusiones son correctas debido a varias mejoras que han hecho en su análisis.

Esto ha funcionado muy bien en el 95% de los casos, pero ha llevado a diferencias aparentemente irreconciliables en el 5% restante.

Esas diferencias irreconciliables de las que habla Rokas se pueden ver diseminadas a lo largo de la última década, con grupos de científicos que se contradicen entre sí y con una serie de estudios genómicos que también se contradicen. De hecho, el mes pasado surgió un nuevo estudio que volvía a demostrar que las esponjas fueron las “primeras”.

Un nuevo enfoque revolucionario

Esponjas marinas. Wikimedia Commons

¿Qué hicieron Rokas y su equipo? Para averiguar por qué estos estudios proporcionaban resultados tan contradictorios idearon una nueva forma de comparar genes compartidos entre diferentes animales, todo ello con el fin de averiguar quién está más estrechamente relacionado con quién.

Advertisement

De esta forma probaron el enfoque con 18 relaciones polémicas o contradictorias en el campo de la biología evolutiva -siete de animales, cinco de plantas y seis de hongos- incluyendo, claro está, esa pugna por la forma animal más antigua: la esponja y el ctenóforo. Según Rokas:

En estos análisis sólo usamos genes que se comparten a través de todos los organismos. El truco es examinar las secuencias de genes de diferentes organismos para averiguar quienes se identifican como sus parientes más cercanos.

Al observar un gen en particular en un organismo, vamos a llamarlo A, preguntamos si está más estrechamente relacionado con su contraparte en el organismo B. O en su contraparte en el organismo C. Por último nos cuestionamos, ¿y por cuanto?

Luego pasaron a contrastar la diferencia entre cuánto de cada gen apoya una hipótesis en particular (o bien las esponjas primero o bien los ctenóforo). Así llegaron a una medida que denominan como la señal filogenética. Cuanto mayor es esta señal (se cumplía con miles de genes) más probable es que un animal esté relacionado con otros animales que vinieron después de él, lo que significa que es más probable que hayan evolucionado y existieran antes.

Advertisement

De esta forma fue como encontraron que los ctenóforos mostraban significativamente más genes para apoyar la teoría de que fueron “los primeros”. No sólo eso, el trabajo final también ofrece una respuesta a la razón de que existan tantos estudios con conclusiones opuestas sobre los primeros animales en llegar.

Advertisement

El equipo piensa que tiene que ver con lo que llaman “genes fuertemente opinantes”, es decir, genes raros que tienen la capacidad de sesgar los resultados estadísticos finales. Ellos mismos encontraron que eliminándolos de los análisis genómicos podían verificar los resultados sin que el resultado variara.

Es posible que hoy estemos más cerca que nunca de otorgarle oficialidad a esa primera forma de vida animal en forma de los ctenóforos, aunque tratándose de un debate tan antiguo, diríamos que los investigadores “pro-esponjas” no han dicho su última palabra. [Nature vía ScienceDaily]