Miles de visitantes llegan cada año al Munch Museum con la esperanza de ver la versión más popular (de las 4 que hay) de El Grito de Edvard Munch. Lo que probablemente no saben es que el color rojizo que ven los cielos del cuadro se debe al mismo efecto que ha teñido de púrpura los atardeceres de Brasil estos días.

La causa detrás de ambos es la misma: un volcán. En el caso de El Grito la del Krakatoa, una de las erupciones más potentes en la historia de la humanidad y en el caso de Brasil la del Calbuco, ocurrida hace unos días en el sur de Chile.

El efecto en Brasil, apreciado por primera vez por Helio de Carvalho en Spaceweather, tiene que ver con la refracción de las ondas de luz en la atmósfera y el efecto que sobre ella tienen las cenizas que el Calbuco ha ido dispersando por todo América del Sur con la ayuda de los vientos que llegan desde el Pacífico.

El cielo es azul, en esencia, porque la longitud de onda con la que los rayos del Sol llegan hasta la Tierra es azul. En el atardecer, cuando esos rayos inciden de manera oblicua, es cuando aparecen otras tonalidades como el rojo. El azufre que sale de las entrañas del volcán y se queda suspendido en el aire hace que la luz tenga que refractar todavía más para llevar en el espectro visible hasta nosotros, y eso es lo que provoca esas tonalidades tan curiosas.

A pesar de su gravedad y del fuerte impacto económico que está teniendo en la zona, la erupción del Calbuco ha sido relativamente moderada. El Krakatoa, por su parte, ocasionó cielos que al atardecer se mostraban como de un amarillo intenso y bajó la temperatura global del planeta 1º C durante algo más de un año.

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Otra de las grandes erupciones, la del Tambora, provocó lo que en Europa se conoce como “el año sin verano”, las cosechas se vieron afectadas de tal manera que los siguientes años fueron de particular hambruna en países como Inglaterra. En las obras de un artista británico, J.M.W Turner, puede apreciarse un efecto similar.

No es todo, aquel “año sin verano”, aquellos cielos casi alienígenas teñidos de un amarillo intenso fueron los que inspiraron a Mary Shelley a escribir Frankenstein y a John Polidori “El Vampiro”, un relato corto que años más tarde Bram Stoker utilizaría como inspiración para Dracula.

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Y todavía es pronto, pero en los próximos días es probable que comience a visualizarse el Bishop’s Ring. Se trata de un efecto óptico documentado por primera vez también tras la erupción del Krakatoa y que provoca un halo azul en torno a la luz de algunos cuerpos celestes como la luna o las estrellas. [Fuentes: CityLab, Indefinitely Wild, Spaceweather]

Imagen: Wikimedia Commons/Flickr

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