En el verano de 1904, entre el 1 de julio y el 23 de noviembre, se producen los Juegos Olímpicos de St. Louis (Estados Unidos). Nunca existió una competición más bochornosa en la historia del deporte. Racismo, doping, trampas... Esta fue la historia de los Juegos más lamentables de la historia.

La maratón de hombres fue posiblemente el momento “cumbre” de unas Olimpiadas, las terceras en la historia bajo el COI, donde la palabra chapuza se queda corta. Mirando la vista atrás en el tiempo es posible que hoy nos produzcan una carcajada o sonrisa algunas de las situaciones que allí se vivieron. Otras sin duda vienen a constatar el clima y racismo que se vivía en esa época. Así que antes de hablar de la maratón que se acercó más a un capítulo de Benny Hill que a un deporte profesional, habría que poner en contexto los inicios de los Juegos.

Los Juegos Olímpicos de verano de St. Louis

Imagen: Los Juegos de 1904. Wikimedia Commons

Estamos ante los primeros Juegos Olímpicos que se celebraron donde el idioma inglés era mayoría. También fueron los primeros que se celebraron fuera de Europa. Un certamen cuyos organizadores los trataron de manera similar a los celebrados en París en el año 1900, a su vez los segundos en la historia bajo el COI donde por primera vez participaron las mujeres.

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La ciudad de St. Louis había conseguido la sede ese año gracias a las presiones ejercidas por su influencia, un pequeño enclave que concentraba el comercio del algodón y mantenía una fuerte actividad comercial. Por tanto el COI acabó dando por buena la candidatura con el apoyo y elección del presidente norteamericano Roosevelt.

En los Juegos participaron 651 atletas, y si bien en los anteriores se había conseguido que las mujeres pudieran participar, de los 651 tan sólo 6 serían mujeres, el resto hombres de hasta 12 países que competirían en 91 eventos de los por aquel entonces 16 deportes olímpicos. Aún así, tan sólo 42 de los atletas eran de otros países que no fueran Estados Unidos. La razón: a la mayoría de atletas europeos no les interesó cruzar el Atlántico en unos primeros juegos lejos del viejo continente que además duraron en exceso (más de 4 meses).

Estamos también ante los primeros Juegos Olímpicos donde se iniciaba la tradicional entrega de medallas de oro, plata y bronce a los primeros clasificados en las diferentes pruebas. Por último, era la primera vez también que aparecían como deportes olímpicos el boxeo y la lucha estilo libre (gracias a las presiones de los norteamericanos).

Imagen: Un hombre “compitiendo” en los Anthropology Days. Wikimedia Commons

Los Juegos tuvieron grandes momentos, como la aparición del estadounidense Archie Hahn que ganó las competiciones de los 60, 100 y 200 metros lisos con récord olímpico que perduraría 28 años. Pero como decíamos, tuvieron una cara bien distinta, la mayor mancha racista de la historia del deporte y la primera vez que la xenofobia hacía acto de presencia en unos Juegos.

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Ocurrió que el certamen incluyó por primera vez a deportistas de raza negra en unos Juegos. De hecho el atleta estadounidense George Poage se convertía en el primero atleta negro en ganar una medalla olímpica.

Imagen: Un hombre “compitiendo” en los Anthropology Days. Wikimedia Commons

Sin embargo los Juegos estuvieron marcados por la segregación racial cuando en el desfile inaugural y bajo el título de Jornadas Antropológicas, se mostraba a los espectadores miembros de razas supuestamente inferiores que competirían luego en eventos paralelos sin registro oficial. Se trataba de dos jornadas donde el certamen obligaba a competir a los que los estadounidenses consideraban “seres primitivos” (negros africanos o indios por ejemplo) en “disciplinas” como el lanzamiento de lanzas o arcos de cada “tribu”. Con ello se intentaba ridiculizar y demostrar la superioridad física y moral de la cultura anglo-americana. Un capítulo lamentable de la historia del deporte que el COI ha tratado de erradicar desde entonces prohibiendo cualquier clase de acto xenófobo.

La maratón de hombres, el bochorno no había terminado

Imagen: Salida de la maratón más “épica” que se recuerde.

Y luego llegó la maratón. Probablemente ninguna prueba en la historia del deporte Olímpico ha incurrido en tantas trampas e ilegalidades, aunque es verdad que muchas habría que describirlas y entenderlas por los tiempos y la época, donde la profesionalidad de hoy no existía ni remotamente.

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La maratón masculina de los Juegos tuvo lugar el 30 de agosto de 1904, una carrera de 40 kilómetros de distancia donde participaron 32 atletas que representaban a tan sólo cuatro naciones y de la cual terminaron únicamente 14 de los participantes. Obviamente, lo ocurrido no tiene nada que ver con el reducido número de atletas, más bien con la mala organización y el propio arbitraje que se vivió.

En lugar de comenzar temprano a primera hora de la mañana, como es habitual, los organizadores deciden que debe comenzar a la tarde, con unas temperaturas de 32 grados. La carrera comenzaría en el estadio y finalizaría allí también. El problema es que fuera del recinto los atletas se encontraban con campo a través, ni rastro de carreteras. En su lugar, polvorientas pistas que además estaban sirviendo para carreras de coches en paralelo a los corredores.

Por tanto la situación era surrealista. Corredores de la maratón a los que en su periplo hasta la meta se encontraban con coches que les pasaban (junto a la consiguiente nube de polvo) y unas condiciones de carrera, en general, lamentables. Además y a diferencia de lo que hoy puede ser una carrera de este tipo, la única fuente de agua para los participantes se encontraba en un pozo a 17 kilómetros de distancia de donde se estaba celebrando el evento. Un despropósito.

Imagen: Fred “el pillo” Lorz. Wikimedia Commons

Así, el resultado de esta épica carrera hacia el infierno no es de extrañar que estuviera plagada de trampas y situaciones cómicas. Para empezar con el hombre que llegó en primer lugar a la línea de meta. El corredor estadounidense Fred Lorz, quién se había caído tras 14 kilómetros, se había enganchado y regresado a la competición en uno de los coches participantes de la carrera en paralelo. No sólo eso, su “camino” hacia la gloria la realizó saludando al público y al resto de participantes desde el vehículo. El coche acabó averiado a unos kilómetros de meta, momento que Lorz aprovechó para “bajarse” y realizar la entrada al estadio y a la meta “a pie”.

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No quedó ahí el “momento Benny Hill”. Tras llegar a meta el público estadounidense aclamaba a su ganador. En el momento en el que Lorz iba a ser galardonado con la medalla de oro se reveló su “asombrosa” trampa. El atleta admitiría de inmediato lo que había hecho y diría que “estaba bromeando”. La AAU (organismo de atletismo en Estados Unidos) respondió con la prohibición en la competición de por vida (aunque con el tiempo se le revisaría y sería indultado un año más tarde).

Imagen: Thomas Hicks, el hombre “doping”, ayudado por sus entrenadores. Wikimedia Commons

Así que el ganador pasó a ser el estadounidense de origen británico Thomas Hicks. En este caso también hay que decir que Hicks ganó a pesar de que se vio favorecido por unas medidas que hoy no se permiten: el dopaje. Y es que a 15 kilómetros de la meta, Hicks se detiene y se acuesta totalmente fatigado. Los entrenadores de este le suministran entonces varias dosis de sulfato de estricnina con brandy (sí, con brandy). La estricnina es un alcaloide que se utiliza como pesticida para matar ratones, lo que ocurre es que en pequeñas dosis estimula el sistema nervioso. Por si esto fuera poco para el bueno de Hicks, tuvo que llegar a la meta apoyado en sus entrenadores. Y aun así, acabo dándose por válido como el ganador de la maratón. Cuando Hicks llegó a la línea de meta tuvo que ser retirado rápidamente del estadio y tratado por los médicos.

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Otro de los atletas que estuvo a punto de perder la vida fue William García (San Francisco). El hombre fue encontrado tirado en el camino durante la maratón con lesiones internas causadas por la inhalación de las nubes de polvo levantadas por los coches de la carrera paralela.

Imagen: El bueno de Andarín antes de la carrera. Wikimedia Commons

Aunque si hay que hablar de un atleta al que la “historia” le guarda un lugar especial, ese es el cubano Félix “Andarín” Carvajal. De profesión cartero y hombre anuncio, Andarín recorrió durante meses las calles y parques de La Habana en busca de financiación para acudir a la maratón. Finalmente consiguió el dinero, aunque de camino a St. Louis lo perdería todo y recorrería el camino entre Nueva Orleans y la ciudad de las Olimpiadas a pie o con ayuda de gente que se encontraba a su paso.

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Al llegar a la maratón se presentaría con una indumentaria poco apropiada (pantalones y camisa larga) junto a los zapatos que utilizaba como cartero. Le cortaron los pantalones y saldría por fin a correr la maratón de su vida. Tras más de 24 horas sin comer y cuando lideraba la carrera, Carvajal no puede más y se para ante un huerto para comer unas manzanas. La fruta le indigesta y el hombre acaba echándose un rato.

Andarín acabaría cuarto en esta carrera que firmaría el propio Dalí. Y es muy posible que de haber llegado en condiciones óptimas, el hombre habría sido el ganador de la carrera más loca, extraña y tramposa de cuantas existieron. La gran broma deportiva de todos los tiempos.

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