Que sepamos, en la historia reciente sólo ha existido un árbol capaz de poner en peligro la paz mundial. Un relato verídico donde se vieron implicados Estados Unidos, la ONU y las dos Coreas. ¿La razón? Aquel árbol era tan grande que tapaba la vista a uno de los bandos. Esta fue su historia.

Hay una escena en Die Another Day donde James Bond y un tipo llamado Zao son intercambiados en un puente. Se trata del llamado Puente sin retorno y cruza la línea de demarcación militar entre Corea del Norte y Corea del Sur. El puente se encuentra en lo que se llama como Área común de seguridad entre ambos estados ideológicamente enfrentados.

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¿Desde cuando? Digamos que desde hace mucho tiempo y que desde su creación ese espacio ha servido, entre otras cosas, para realizar intercambios de prisioneros tras la guerra de Corea o para estar a punto de iniciarse un conflicto internacional de proporciones que, afortunadamente, jamás sabremos.

Hablamos de lo que se ha denominado en la historia como el “incidente del hacha”.

Mientras el árbol crecía

Mapa del Área común de seguridad. Wikimedia Commons

Había pasado muy poco tiempo desde la rendición de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces Corea quedó dividida en dos zonas muy diferenciadas (a la altura del paralelo 38). En 1948 la línea se convirtió en la frontera entre las dos recién creadas naciones. Luego llegó la guerra de Corea (de 1950 a 1953), el enfrentamiento entre Corea del Sur, apoyada por Estados Unidos y la ONU, contra Corea del Norte, apoyada por China con la ayuda de la Unión Soviética.

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En 1953 la guerra terminó con un armisticio que restauró la frontera entre las Coreas cerca del paralelo 38, creando la llamada como Zona desmilitarizada de Corea, una franja de 4 kilómetros de ancho entre ambos países donde se encuentra el Puente sin retorno.

Y es justo poco después cuando da comienzo la historia de este árbol. Hasta entonces el puente había sido el protagonista de numerosos intercambios de prisioneros… pero en 1970 el árbol había crecido demasiado.

El maldito árbol

Uno de los puestos de vigilancia. Wikimedia Commons

El árbol, un enorme álamo de más de 30 metros, se encontraba cerca del Área común de seguridad y bloqueaba la línea de visión en un puesto de control de la ONU. Aunque reinaba la “paz”, la sensación aquellos días era de calma tensa y el puesto de la ONU se había visto amenazado en varias ocasiones con pequeñas incursiones de Corea del Norte con el fin de perpetrar un secuestro. El árbol no permitía ver el posible paso de los norcoreanos, y aquello era un gran problema.

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Además, se trataba del puesto de control más cercano al puente, por lo tanto también, el más alejado del resto y el que corría más peligro. Aquel pequeño paso de control fue denominado como “el puesto más solitario del mundo” por los miembros de la ONU e incluso antes del incidente los soldados norcoreanos llegaron a tener a punta de pistola a un grupo de tropas estadounidenses, aunque finalmente no pasó a mayores.

El 18 de agosto de 1976 se llega a un acuerdo, o al menos así lo parecía. Un grupo de cinco miembros del Cuerpo de Servicio surcoreano escoltados por un equipo de seguridad de la ONU en el que formaba parte el Capitán Arthur Bonifas entran en el Área común de seguridad para cortar parte del árbol. Supuestamente se trataba de un plan consensuado con la delegación de Corea del Norte.

Al encontrarse en una zona desmilitarizada no podían acceder con armas, así que los soldados estadounidenses y surcoreanos entraron con hachas y machetes (junto a un gran camión) para recortar el árbol. Cuando iban a comenzar aparecen alrededor de 15 soldados de Corea del Norte comandados por el teniente Pak Chul. El teniente y su grupo se ponen a mirar desde un lado sin decir nada.

Área común de seguridad. Wikimedia Commons

Pasados 15 minutos Chul alza la voz y se dirige a uno de los soldados de la ONU para decirle que deben cesar la actividad. El teniente afirma que el árbol no puede ser recortado “porque Kim Il Sung lo plantó personalmente y lo hizo crecer bajo su supervisión”. Bonifas mira desafiante a Chul, luego se da la vuelta y le dice a los soldados que continúen las labores recortando el árbol.

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Chul se siente ofendido, le dice algo al oído a uno de sus soldados y este sale corriendo en dirección al puesto de control más cercano de los norcoreanos. En cuestión de minutos aparece un camión con unos 20 guardias armados con palos. Pak Chul vuelve a decirle a los soldados que cesen en su empeño de recortar el árbol y Bonifas vuelve a darle la espalda.

Entonces el teniente norcoreano se quita su reloj, lo envuelve cuidadosamente en un pañuelo, lo mete en el bolsillo y le grita a sus soldados: “matar a estos bastardos”. Las fuerzas de Chul atacaron con palos y hachas a Bonifas y sus compañeros. Cuando el Capitán estadounidense se encontraba en el suelo fue rematado y golpeado hasta la muerte por cinco soldados norcoreanos. Finalmente los norcoreanos huyen y las fuerzas de la ONU regresan con los heridos. Además de Bonifas también muere el teniente estadounidense Mark Barret.

El Puente sin retorno en 1976. Wikimedia Commons

Poco después del incidente los medios de comunicación de Corea del Norte comenzaron a transmitir los informes de la lucha. Según la versión norcoreana:

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Los agresores imperialistas estadounidenses enviaron a 14 tipos con hachas al Área común de seguridad para cortar los árboles por su propia cuenta, aunque tal trabajo debería ser consentido mutuamente de antemano. Cuatro personas de nuestro bando fueron al lugar para advertirles que no continuaran la obra sin nuestro consentimiento.

Su respuesta fue atacar a nuestros guardias en masa y cometer un serio acto de provocación al golpear a nuestros hombres con el uso de armas asesinas junto al hecho de que nos superaban en número. Nuestros guardias no podían sino recurrir a medidas de autodefensa bajo las circunstancias de esta imprudente provocación.

Cuatro horas después del ataque Kim Jong-il se presentaba en una Conferencia que tenía prevista en Sri Lanka. Al llegar allí presenta un documento describiendo el incidente como un ataque provocado sobre la guardia norcoreana. Mientras, en Estados Unidos la CIA estaba investigando el caso y consideró que el ataque había sido planeado por el gobierno norcoreano.

Entonces se evaluaron las posibles respuestas. Los niveles de preparación ante un inminente ataque se elevaron a DEFCON 3 el 19 agosto. Entre las posibilidades se barajaba el uso de cohetes y artillería en la zona, aunque finalmente lo descartaron por una operación mucho más peliculera.

Operación Paul Bunyan

Lo que quedaba del árbol en 1976. Wikimedia Commons

La respuesta al incidente del hacha fue que debían cortar el árbol entero (en vez de la parte más alta) y lo harían con la ayuda de una fuerza abrumadora en señal de venganza y de poderío. Los parámetros de la operación se decidieron en la Casa Blanca, donde el presidente Gerald Ford había mantenido conversaciones con los militares de la zona. Ford y sus asesores estaban preocupados por llevar a cabo una demostración de fuerza que castigara a Corea del Norte, pero sin provocar un conflicto de orden mundial.

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La llamaron Operación Paul Bunyan debido al nombre del mítico leñador del folclore estadounidense. Así, el 21 de agosto a las 7 de la mañana, tres días después de los asesinatos, un convoy de 23 vehículos norteamericanos y surcoreanos entraron en la zona. En los vehículos se encontraban lo que se denominó entre ellos como el “escuadrón de los leñadores”, es decir, dos equipos de ocho ingenieros militares en cada uno equipados con sierras mecánicas para cortar el maldito árbol.

Estos dos equipos iban acompañados por dos pelotones de seguridad de unos 30 miembros, todos armados con pistolas (y hachas), junto a una segunda compañía comandada por el capitán Walter, quién había preparado sistemas de detonación de descargas en el puente y tenía un cañón de 165 mm desde su vehículo apuntando a lo norcoreanos. Además y por si todo este arsenal fuera poco, también había una compañía surcoreana de 64 soldados armados (y entrenados en Tae Kwon Do).

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Cuando parecía que ya nada podría igualar la respuesta de los estadounidenses, el ruido en el cielo anunciaba la llegada de una compañía de infantería estadounidense formada por 20 helicópteros y siete Cobras de ataque . Tras los helicópteros hicieron su aparición los F-4 Phantom II y los cazas F-5 y F-86 de Corea del Sur.

El “escuadrón” comenzando a cortar. Wikimedia Commons

Así que si eras norcoreano y estabas en aquel momento en el puente, lo mejor que podías hacer era aguantar la respiración e intentar no mover ni un pelo de la barba por la cuenta que te traía. Obviamente también, semejante despliegue respondía al miedo de que aquello se convirtiera en una nueva guerra de proporciones mundiales.

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Una vez bajaron del convoy, el “escuadrón de leñadores” comenzó a cortar inmediatamente el árbol. Mientras, un segundo camión estaba posicionado para bloquear el puente ante la posible entrada de los norcoreanos. El resto de las fuerzas se mantuvieron expectantes.

Corea del Norte respondió con unos 150 soldados armados con metralletas y rifles de asalto. Las tropas llegaron en su mayoría en autobuses, pero se quedaron a una distancia prudencial observando los acontecimientos. Con la llegada de los norcoreanos los norteamericanos llamaron por radio y los aviones y helicópteros comenzaron a sobrevolar el área nuevamente.

Los norcoreanos salieron rápidamente de los autobuses y tomaron posiciones, pero no hicieron nada más. Desde allí observaron como el árbol era finalmente derribado en unas labores que duraron poco más de 40 minutos.

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Fueron unos minutos de pura tensión, tiempo donde una sola bala podía haber desencadenado un nuevo conflicto internacional. No ocurrió, y todos volvieron por donde habían venido ese día.

En cuanto al árbol, se dejó deliberadamente en pie con una altura de 6 metros hasta que finalmente fue cortado en la década de los 80 y reemplazado por un monumento a los soldados fallecidos.