Akaroa, en Nueva Zelanda. Desde luego no le falta encanto como refugio en caso de apocalipsis. Foto: Bernard Spragg. NZ

Que un millonario compre un terreno no es nada nuevo. Que lo haga en otro país sí es un poco menos habitual, pero no mucho. Que decenas de miembros de la élite económica de Silicon Valley o Wall Street compren propiedades en Nueva Zelanda comienza a ser sospechoso.

En The New Yorker han publicado un interesante artículo que pasa revista a la sorprendente cantidad de multimillonarios que están preparándose para un eventual fin de la civilización. A los survivalistas o preppers como se les conoce en Estados Unidos, no les gusta hablar de esta peculiar faceta, pero el Co-fundador de Linkedin, Reid Hoffman, estima que más de la mitad de las élites adineradas del país se están preparando de alguna forma para lo peor.

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Otro personaje de apellido parecido, Steve Huffman, opina igual. Huffman es el CEO de Reddit y se operó de miopía a finales de 2015. Nada extraordinario si no fuera porque explicó su operación diciendo: “Si el mundo se acaba, o simplemente si el mundo se mete en problemas, depender de unas lentes de contacto sería un dolor en el culo. Sin ellas estoy jodido”. Yishan Wong, que fue CEO de Reddit entre 2012 y 2014 ha tomado el mismo ejemplo de no depender de lentes de contacto o gafas.

El de Huffman puede parecer un comentario humorístico, pero el personaje reconoce que también atesora un par de motos preparadas para cualquier eventualidad, así como comida y armas. Otros multimillonarios optan por adquirir propiedades fuera del país, y Nueva Zelanda se está convirtiendo en un destino particularmente popular.

Peter Thiel, durante un discurso del partido republicano. Foto: Alex Wong/Getty Images)

Según el The New Zealand Herald, en 2016, más de 3.500 kilómetros cuadrados de terreno del país han pasado a manos de ciudadanos extranjeros. El gurú de Paypal Peter Thiel incluso ha logrado tramitar la ciudadanía neozelandesa a juego con su nuevo terreno de 1.930 metros cuadrados en el país. Reid Hoffman explica que Nueva Zelanda se ha convertido en una especie de santo y seña entre los millonarios preppers para reconocerse entre ellos.:

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Decir que te acabas de comprar una casa en Nueva Zelanda es como una especie de guiño-guiño-no-digas-más. Una vez te has dado el apretón de manos masónico, la conversación sigue con algo como -¡Oh! tengo un amigo broker que vende antiguos silos de misiles a prueba de armas nucleares. tiene que ser muy interesante vivir en uno de ellos-.

La lista con ejemplos de gente adinerada que de repente adopta extrañas aficiones como el tiro con arco, o que se dedica a atesorar comida y armas es larga. Justin Kan, co-fundador de Twitch, explica a The New Yorker que entre sus amigos de Silicon Valley circula la idea de que la ruptura de la sociedad es inminente y que habría que atesorar comida.

¿Qué creen estos millonarios que va a pasar exactamente? La respuesta es complicada. Para muchos, el nombramiento de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos y el Brexit en Reino Unido suponen el inicio de un período de muchos años de inestabilidad en un mundo ya inestable, pero no es el único factor. Tras este movimiento de survivalismo hay mucha paranoia colectiva, pero también la percepción de que la sociedad cada vez está más descontenta con las élites. Los políticos no están solucionando nada y los casos de corrupción se multiplican para escarnio de los más necesitados. Muchos temen que llegue un punto en el que la deuda de los ciudadanos y la desigualdad cada vez mayor respecto a una élite insultantemente rica desemboque en una insurrección popular en la que las clases más bajas llamen a la puerta de los ricos con antorchas y guadañas.

Por supuesto, hay más factores. Desde una hipótetica tormenta solar que destruya el suministro eléctrico, hasta un ataque terrorista o un hackeo masivo a Internet como el de hace unos meses que inhabilite los sistemas de distribución de comida. Desde luego, razones para la preocupación no faltan, sobre todo entre los que más tienen que perder. [vía The New Yorker]