Por fuera parece el típico dron de cuatro rotores que puedes comprar en una tienda, pero en su interior esconde medio kilo de explosivos del tamaño de dos granadas de mano. Se llama ROTEM-L, está fabricado por la compañía Israel Aerospace Industries (IAI) y ya tiene su primer cliente: el ejército israelí.

El ROTEM entra en la categoría de loitering munition (literalmente “munición merodeadora”), una combinación de vehículo de reconocimiento y misil. Dentro de este sector son cada vez más comunes los drones de ala fija: Estados Unidos compró 4.000 AeroVironment Switchblade, unos pequeños drones kamikaze, para su despliegue en Afganistán a finales de 2012. El problema es que este tipo de vehículos no son lo suficientemente ágiles para volar dentro de un edificio.

En cambio, el ROTEM-L —con su tamaño compacto, sus cuatro rotores y una cámara instalada en la nariz— puede entrar y salir por las ventanas zumbando con alegría como cualquier dron de uso doméstico. La diferencia es que este cuadricóptero está equipado con una ojiva explosiva, lo que lo convierte en la “munición merodeadora” ideal para misiones kamikaze en ciudades. Y el explosivo se puede cambiar por un pack con más cámaras y baterías extra para realizar misiones de reconocimiento puras.

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El ROTEM pesa 4,5 kg. Se traslada en una mochila y se desempaqueta en unos minutos. Puede controlarse con una tablet y opera a altitudes bajas, en espacios estrechos o siguiendo el camino a pie de una patrulla al tiempo que evita obstáculos. Si el objetivo no es localizado, el dron puede recuperarse para volver a utilizar. Se parece a lo último en tecnología de consumo, pero tiene una finalidad muy distinta. [vía Popular Mechanics]


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