Ío es una de las lunas de Júpiter que descubrió Galileo Galilei en 1610. Tiene más de 400 volcanes activos, lo que lo convierte en el objeto con más actividad volcánica del Sistema Solar. Las erupciones de lava pueden llegar hasta los 400 kilómetros de altura, como vemos en el GIF. Pero había algo que no cuadraba.

La NASA descubrió hace un par de años que los volcanes de Ío no estaban donde debían estar. La actividad volcánica estaba desplazada entre 30 y 60 grados de los puntos donde se concentraba más el calor. Una nueva teoría explica este fenómeno: océanos de magma subterráneos.

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Los científicos creen ahora que hay océanos de roca fundida debajo de la corteza de Ío, y que las mareas explican por qué los volcanes no están en su sitio. A medida que el magma avanza por el interior de la luna con el movimiento de la corriente, la propia mezcla de roca sólida y roca fundida genera fricción y se produce mucho calor que hay que disipar.

Este descubrimiento da pie a pensar que los océanos subterráneos son un fenómeno común en las lunas estresadas por las fuerzas de marea. La intensa actividad geológica de Ío está causada por la gravedad masiva de Júpiter, pero también por la cercanía a Europa, cuya gravedad distorsiona la órbita de Ío hasta convertirla en un óvalo. Esta peculiaridad hace que el material del interior de Ío se mueva y genere calor por la fricción.

Lo interesante es el apunte al margen que hacen los investigadores de la NASA. En el caso de Ío es un océano de magma, pero en otra luna podría ser un océano de agua, con la energía y los ingredientes adecuados para la vida. Esto nos da una clave para buscar vida extraterrestre y aumenta las posibilidades de que haya seres vivos en el universo más allá de la Tierra.

[NASA]

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