La quinceañera Rubí Ibarra, entre cámaras y curiosos, llegando a la misa celebrada en su honor. Imagen: Enric Marti / AP

Todo empezó el 30 de noviembre cuando un hombre llamado Crescencio Ibarra, ataviado con sombrero vaquero, lanzó una invitación abierta a través de Facebook para la fiesta de quince de su hija Rubí. Aquel vídeo se volvió viral y un millón y medio de personas confirmaron su asistencia.

En una fiesta de quince mexicana (o “los XV”, en números romanos), las familias realizan una presentación en sociedad de su hija que cumple 15 años. Es común que se celebre una misa y se dé una fiesta con un vals. Se prepara un salón con un maestro de ceremonias y se elige a un grupo de chambelanes (jóvenes que bailan con la cumpleañera). La protagonista va vestida de princesa con ropa muy pomposa. Es prácticamente una boda.

La aparición de memes ayudó a viralizar la invitación al cumpleaños de Rubí

Los Ibarra habían organizado una extravagante fiesta de XV para su hija en la comunidad de La Joya (2.000 habitantes), pero no esperaban que esta se convirtiera en el evento más esperado y mediático del año. El vídeo de invitación fascinó a los mexicanos urbanitas; algunos detalles, como la famosa “chiva de 10.000 pesos” —que es una carrera de caballos típica de la región y no una cabra, como algunos pensaron—, pusieron a toda máquina los generadores de memes. Internet se autoinvitó a la fiesta.

Algunos medios se subieron al tren y cubrieron los preparativos de “los XV de Rubí” como si no hubiera mañana. El padre de la niña había borrado el vídeo de Facebook antes de que se saliera de control, pero la invitación apareció incontables veces en la televisión y los Ibarra se convirtieron en los personajes más buscados del momento. Empezaron a llegar regalos, patrocinios y ofrecimientos, entre ellos un vestido del famoso diseñador Mitzy, que Rubí rechazó, y las promesas de asistir de varios artistas.

La quinceañera sintió que se estaban burlando de ella y no quiso volver a la escuela después de hacerse famosa. Pero los Ibarra acabaron aceptando la voluntad de Internet (y de los medios) y siguieron adelante con la fiesta. “Hasta donde llegue”, sentenció Crescencio Ibarra. La fiesta tendría lugar el 26 de diciembre, tal y como habían prometido en el vídeo, pero ahora contaría con la protección de la policía estatal, los bomberos y Cruz Roja.

Llegó el 26 de diciembre. Finalmente asistieron 15.000 personas de todas partes de México y parte del extranjero, según datos de Protección Civil. La tensión se palpaba desde el primer momento, como se ve en las imágenes. Las cámaras de prensa y los curiosos se agolparon en torno al coche de los Ibarra para sacar una instantánea de la quinceañera: “Entiende más un animal que los de la prensa. ¡Ya es suficiente!”, gritó la madre de Rubí.

Las cámaras rodean a Rubí en su fiesta de cumpleaños. Imagen: Enric Marti / AP

A pesar del caos y las malas caras de Rubí y el resto de los Ibarra, la misa y la primera parte de la fiesta transcurrió con normalidad. Se repartieron cientos de platos de enchilada de mole y asado de puerco entre hileras de mesas con manteles blancos y rojos en una explanada de La Joya. Los invitados, completos desconocidos para Rubí, venían de Nuevo León, Tamaulipas, Quintana Roo, Ciudad de México, Texas, Wisconsin...

Con la chiva de 10.000 pesos, la carrera de caballos tradicional del estado de San Luis Potosí, llegó la tragedia. Uno de los corredores cometió un error y murió aplastado por su propio caballo. Un vídeo del momento se hizo viral de inmediato en las redes sociales. La competición fue cancelada tras el incidente, pero la fiesta continuó con el baile (que congregó a unas 5.000 personas). Ni siquiera una de las sorpresas de la noche, cuando el alcalde de San Blas regaló a Rubí un coche nuevo, estuvo exenta de polémica.

Rubí durante la celebración de sus quince. Imagen: Marco Ugarte / AP

Los XV de Rubí se convirtieron en el mayor fenómeno viral en la historia de Latinoamérica. Un capricho de Internet que cambió por un día un pequeño pueblo, La Joya, donde por primera vez tuvieron acceso a Internet, y que arruinó para siempre el cumpleaños de una niña. “Un insulto en modalidad de broma, una ofensa camuflada en el chistorete nacional”, publica emeequis. Quizá Rubí disfrutase de la fama los días que se paseó por los platós de televisión, pero echando la vista atrás tal vez se quede con la idea de que Internet solo se estaba burlando de la extravagancia de su fiesta.