Una foca de Baikal. Foto: Wikipedia

El lago Baikal, al sur de Siberia, no es un lago cualquiera. Para empezar es el más profundo del planeta (1.680 metros). Forma parte de un sistema fluvial de 5.539 kilómetros (el quinto más largo) y contiene el 22% del agua dulce líquida del planeta. Baikal también tiene un problema: sus focas están muriendo.

En los últimos días han aparecido más de 130 focas de Baikal muertas en la orilla del lago, y las autoridades rusas aún no saben cuál es el problema. La foca de Baikal es la más pequeña del mundo, y aún no está claro como su especie pudo llegar hasta aquí cuando la costa marina más cercana está a más de 1.700 km.

La costa este del lago. Foto: Wikipedia

Nikolai Gudkov, portavoz del Ministerio de Medio Ambiente ruso ha explicado a la agencia AFP que la especie de focas no está amenazada y que los científicos están analizando el agua y realizando biopsias a los animales muertos para tratar de determinar las causas de la súbita mortandad. Aunque el lago Baikal tiene numerosos focos de contaminación, Gudkov descarta que la muere de las focas se deba a un aumento en los niveles de suciedad del agua. El lago tiene también el récord a las aguas menos turbias del planeta, con una transparencia que alcanza los 20 metros de profundidad.

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El lago forma parte del patrimonio natural de la UNESCO, honor que no ha impedido la pesca extensiva de especies autóctonas únicas y un alarmante aumento de las algas invasivas debido precisamente a la contaminación. El lugar es también sede de diversos experimentos científicos entre los que destaca el Telescopio Subacuático de Neutrinos de Baikal, un observatorio que lleva en funcionamiento desde 1998 con detectores a 1,1 km de profundidad. [vía Phys.org]