Hay ciertas cosas que no se pueden imprimir en 3D. Una de ellas es pelo. La razón principal para ello no es una cuestión de hardware, sino de software. Se necesita demasiada capacidad de cálculo para procesar en 3D cada pelo individualmente. Un equipo de investigadores del MIT ha dado con la solución.

Esa solución se llama Cilllia, y es un software que permite (con ayuda de una impresora de estereolitografía 3D especialmente preparada) cubrir cualquier pieza impresa en 3D de pelos de un grosor menor que el del cabello humano (alrededor de 50 micras cada pelo). A diferencia de un software tipo CAD, Cilllia procesa los pelos como un único objeto basado en un mapa de bits, lo que permite aplicarlo como si se tratara de una textura en apenas unos minutos. Cilllia permite ajustar libremente el número, altura, ángulo y grosor de los pelos.

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En contra de lo que pueda parecer, el objetivo de imprimir pelo no es en absoluto estético. Una superficie cubierta de vello sintético tiene un sin fin de usos interesantes en ingeniería. Para empezar, basta con aplicar motores de vibración para convertir estas superficies peludas en dispositivos capaces de mover objetos como si se tratara de cintas transportadoras. La dirección del movimiento puede programarse con bastante complejidad.

Simplemente cambiando la dirección de una superficie con pelo corto es posible crear objetos que se sujetan unos a otros con firmeza, como si estuvieran recubiertos de velcro, pero se sueltan suavemente si se tira en la dirección correcta.

Si en lugar de un motor le añadimos un micrófono, la superficie cubierta de pelo se convierte en un eficaz sensor que detecta no solo el contacto, sino la dirección en la que se mueve el objeto que lo está tocando. En el futuro no sería raro que veamos este pelo sintético cubrir la superficie de algunos robots. [MIT vía Cnet]


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