Fotograma de Flatliners

De manera fortuita, como suele ocurrir en casos tan extraños, un equipo de médicos en la Universidad de Ontario (Canadá) dio con un hecho sorprendente. Tras 10 minutos de ser declarado clínicamente muerto, el cerebro de un paciente registró actividad en forma de ráfagas de una sola onda delta.

Lo primero que me ha venido a la mente al leer la noticia es en la película de los 90 con Julia Roberts y Kiefer Sutherland, Flatliners. En el film, cinco estudiantes de medicina deciden experimentar lo que se esconde “más allá de la muerte”. Para ello provocan la paralización del corazón y del cerebro de cada uno hasta que los monitores que indican las constantes vitales mostraban una línea horizontal. En ese instante proceden a la reanimación del cuerpo. Tras el éxito de la primera experiencia, deciden permanecer cada vez más tiempo en ese estado.

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Era Hollywood y eran los 90, pero lo ocurrido esta semana guarda ciertas (mínimas) similitudes, en cualquier caso se trata de un hecho igualmente insólito. Los medicos de la unidad de cuidados intensivos habían dado con algo inesperado. Después de que se apagara el soporte de vida de cuatro pacientes terminales, uno de ellos mostró actividad cerebral persistente, y lo hizo después de ser declarado clínicamente muerto 10 minutos antes.

Un cerebro “con vida” después de la muerte

Human Brain. AP

En esos 10 minutos que pasaron los médicos confirmaron la muerte a través de una serie de observaciones entre las que se incluían la ausencia de pulso, pupilas no reactivas o que el paciente parecía experimentar el mismo tipo de ondas cerebrales (delta) que obtenemos durante un sueño profundo.

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Además, los investigadores encontraron que la muerte podría ser una experiencia única para cada individuo, observando que a través de los cuatro pacientes las grabaciones del electroencefalograma de su actividad cerebral mostraron muy pocas similitudes antes y después de ser declarados muertos. Según explican:

En un paciente, las ráfagas de una sola onda delta persistieron después del cese del ritmo cardíaco y la presión arterial. También hubo una diferencia significativa en la amplitud del electroencefalograma entre el período de 30 minutos antes y el período de 5 minutos después del cese de la presión arterial para el grupo de los cuatro.

¿Qué significa esto?

El mismo grupo de investigadores está siendo muy cauto a la hora de ofrecer algún tipo de respuesta o implicaciones. Básicamente, piensan que es muy temprano para aventurarse a hablar de lo que podría significar para nuestra experiencia post-mortem, especialmente si tenemos en cuenta que se trata de un solo caso.

Sin embargo y en ausencia de cualquier explicación biológica sobre cómo demonios la actividad cerebral podría continuar varios minutos después de que el corazón haya dejado de latir, el equipo dice que el resultado podría deberse a algún tipo de error en las grabaciones. Lo curioso es que tampoco saben explicar qué tipo de error, ya que el equipo médico no ha mostrado ningún signo de mal funcionamiento. Para ellos:

Es difícil postular una base fisiológica para esta actividad EEG dado que se produce después de una prolongada pérdida de circulación. Estas ráfagas de forma de onda podrían, por lo tanto, ser artefactual (un error humano) en la naturaleza, aunque una fuente artefactual podría no ser identificada.

Como se puede apreciar en la imagen ofrecida en la investigación (a continuación), de los cuatro pacientes explorados, el paciente número cuatro muestra actividad cerebral (color amarillo) después de 10 minutos y 38 segundos de que su corazón se parase.

El equipo también ha explicado que estaban ante un fenómeno completamente diferente a lo que se denomina como “death wave”. En este caso hablamos de un fenómeno que se produjo en el 2011 cuando un grupo de investigadores observó una explosión de actividad en los cerebros de ratas 1 minuto después de ser decapitadas. Aquella investigación sugería que el cerebro y el corazón tienen diferentes momentos de vencimiento.

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Sin embargo, cuando el quipo de Canadá buscó este fenómeno en sus pacientes humanos no hallaron nada:

No observamos una onda delta dentro de ese minuto después de un paro cardiaco en cualquiera de nuestros cuatro pacientes. Por tanto, lo hemos descartado.

Lo cierto es que estamos ante uno de esos casos donde la ciencia no sabe o no tiene una respuesta concreta. Un caso fascinante si tenemos en cuenta que se trata de descifrar de qué forma nuestro cerebro podría seguir activo cuando estamos clínicamente muertos. Dicho de otra forma, lo ocurrido abre una pequeña ventana hacia la posibilidad de que la “muerte”, tal y como la percibíamos, quizás sea algo distinta. [CJNS vía Discover]