Imagen: Saddleworth Moor. MarkLG / Shutterstock

Eran las diez de la mañana del 12 de diciembre del 2015 cuando Stuart Crowther se dispone a dar su habitual paseo en bicicleta en Saddleworth Moor (Reino Unido). Media hora más tarde divisa en mitad de una pequeña montaña empinada un cuerpo extraño. Se trataba de un hombre de entre 65 y 75 años y parecía como si estuviera descansando, con su espalda perfectamente alineada con la cuesta… pero el hombre estaba muerto. No lo sabía aún, pero Crowther acababa de dar con un caso que ha convertido al Reino Unido durante estos meses en una película de Alfred Hitchcock.

El área donde Crowther encontró el cuerpo, Saddleworth Moor, es una zona de páramos situada en la cordillera de los Peninos en el norte de Inglaterra, entre Holmfirth y Greenfield en el condado metropolitano de Greater Manchester (noroeste de Inglaterra). Una zona que como veremos más tarde y como toda gran historia de suspense, guarda más de un secreto en su salvaje naturaleza.

El encuentro

Imagen: Dibujo artístico del hombre sin nombre. Greater Manchester Police

En cualquier caso el enclave es parte del Peak District National Park, hoy uno de los lugares predilectos para senderistas por la increíble belleza del paisaje y sus vistas. En cualquier caso también, el hombre que yacía sobre la cuesta de la montaña no tenía lo que podríamos entender por ropa adecuada, mucho menos para el día que fue encontrado, con lluvia y un clima frío propio de las fechas en las que se encontraban. Este hombre llevaba puesto:

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  • Una chaqueta muy básica
  • Una camisa
  • Un suéter
  • Unos pantalones de pana
  • Unos zapatos sin cordones

Al encontrar el cuerpo llama a la policía mientras analiza la situación, Crowther se pregunta si pudiera ser que al hombre le dio un ataque al corazón mientras descansaba un momento. Parecía una teoría complicada teniendo en cuenta que este señor iba con semejante ropa en un día de perros.

A la escena llega el sargento John Coleman, quién al ver el cuerpo lo primero que pensó es que se trataba de algo más deliberado. El sargento es policía de Greater Manchester y será desde ese momento el hombre que conduce la investigación para averiguar quién había detrás de ese misterioso cuerpo.

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Lo normal en casos como este es que la gente lleve alguna identificación, quizás un móvil, tarjeta de crédito…. Pero este hombre no llevaba nada que pudiera identificarle encima. Sin cartera, llaves de un coche, de una casa… no había forma de averiguar de quién se trataba.

Para Coleman tampoco es una situación extraña, la policía suele tener en este tipo de casos una línea o pautas a seguir. En primer lugar y lo más factible es acudir a los registros de desaparecidos, de esta forma se acota muchísimo la investigación y se suele encontrar una coincidencia que arroja luz. Esta vez sería muy distinto.

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Desde ese mes de diciembre pasarían hasta siete meses sin un nombre, sin algún tipo de información que indicara quién era y por qué se encontraba allí. Tan sólo tenían su descripción física:

  • Un hombre blanco alto
  • De complexión delgada
  • Pelo gris casi blanco
  • Ojos azules
  • Nariz prominente, posiblemente rota

Las semanas siguientes a la aparición del cuerpo fueron un pequeño caos para Coleman, la investigación debía tomar la decisión de si se trataba de un suicidio o no. Pasaban los días y seguían sin encontrar una pista, lo que permitía especular que quizás el hombre quería llegar hasta allí y morir sin que nadie supiera su identidad.

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La última pista que se tenía del hombre se perdía en el pub Clarence en el pueblo de Greenfield, un punto desde donde los senderistas suelen comenzar su caminata. Allí el misterioso hombre había hablado brevemente con el dueño del pub para luego partir sobre las 14:00 hacia la pradera. Según el dueño, el hombre únicamente le pidió información para llegar a la cima de la montaña.

Así que lo único que tenía la policía era un cuerpo sin identificación que se encontraba 21 horas después de que partiera del pub. Todo un rompecabezas hasta que llegó la autopsia revelando la causa de la muerte: había sido por envenenamiento con estricnina.

Reconstruyendo el trayecto del hombre sin nombre

Imagen: CCTV capturando al hombre. Telegraph

Lo cierto es que aunque la policía no encontró un carnet o algo que lo identificara, el hombre sí llevaba algunas pertenencias. En sus bolsillos encontraron:

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  • 130 libras en billetes de 10 libras.
  • Una serie de billetes de tren.
  • Un pequeño bote.

Los billetes fueron la primera pista que permitió a la policía reconstruir el viaje del hombre. Al parecer, su ruta comenzaría a las 09:04 del viernes 11 de diciembre desde la estación Ealing Broadway en el oeste de Londres. Cuarenta y seis minutos más tarde, sobre las 09:50, nuestro hombre ya se encontraba en la parada de Euston desde la que reserva un billete para viajar a Manchester. Compra un billete de ida y vuelta, lo que podría indicar que pensaba regresar, aunque también es cierto, como indicaron los investigadores, que el billete de regreso era de tan sólo 1 libra de diferencia, quizá ni se dio cuenta. Todos los billetes fueron comprados en efectivo.

Más tarde llegaría el momento de verle en movimiento. La policía accede a las cámaras CCTV de llegada en Manchester y lo localizan a las 12:07, justo después de que supuestamente cogiera un tren desde Euston a las 10:00. Después de salir de la estación de Manchester Picadilly hay un período de la línea de tiempo donde no pueden saber lo que hizo de aproximadamente 1 hora.

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En este punto de la investigación la policía no sabe cómo llegó hasta el pub en Greenfield a las 14:00 pero en cualquier caso esperaban que los billetes de tren arrojaran información sobre su identidad, posiblemente y según los registros, en los alrededores del oeste de Londres, lugar desde el que partió.

Imagen: Saddleworth Moor. Wikimedia Commons

Coleman viaja hacia el sur y se reúne con la policía metropolitana para buscar pistas. Los investigadores agotan todas las vías y piensan que tratándose de un señor de unos 65 años que vive en la zona de Ealing, posiblemente está registrado en un centro de salud del área o su foto puede ser reconocida por comerciantes de la zona: supermercados, establecimientos de apuestas, barbería… Nada. A pesar de los esfuerzos y de añadir a la cobertura de búsqueda carteles con su imagen, nadie en Londres parece conocerle en las siguientes semanas.

Agotadas las vías, ¿podría ser que nuestro hombre entró en la zona de Ealing desde otro punto? Coleman entonces acude a la sala de control de CCTV del ayuntamiento de Ealing, un lugar plagado de pantallas, más de 500, donde se registra diariamente el día a día de la zona, las calles, aceras, parques, escaleras de metro, aparcamientos… el hombre encargado de guiar a Coleman por este Big Brother de esta parte de Londres rebobina hasta ese viernes 11 de diciembre. Allí pasarían la mañana viendo a cientos de personas pasar por la estación de Ealing Broadway hasta que por fin parece que lo tienen.

Efectivamente, a las 09:03 consiguen dar con el sujeto, caminando con las manos en los bolsillos, no había ninguna duda, tenían una imagen clara del hombre. En la estación hasta ocho cámaras lo registran hasta la parada. El hombre se dirige hasta ella no sin antes perderse durante un instante, lo que sugiere que no conocía muy bien la estación.

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Tal y como explica el encargado a Coleman, la primera cámara que lo capta sugiere que llega a la estación desde la línea Piccadilly, a un par de paradas del aeropuerto de Heathrow. ¿Pudiera ser que ha volado ese día hasta el Reino Unido para dirigirse a Saddleworth?

En principio no tendría sentido teniendo en cuenta que habían formas más directas de hacerlo. Un londinense es casi seguro que no, incluso un turista con un mapa podría ver que ese no era el camino correcto. Coleman no lo duda y ahora viaja a South Coleman a investigar. Al llegar allí se encuentra con un nuevo problema. En South Ealing no hay cámaras CCTV. Así que decide volver a poner todas las piezas del rompecabezas juntas pata aclarar las ideas.

La estricnina

Image: CCTV captan al hombre. DailyMail

Desde el principio se pensó que era un hombre del Reino Unido por su atuendo. El tipo llevaba ropa de Marks and Spencer y las etiquetas indicaban que casi con toda seguridad había sido comprada en el país. Los zapatos que llevaba eran de la marca suiza Bally. A parte de eso, no había rastro de identificación a excepción del bote encontrado en uno de los bolsillos. Se trataba de un recipiente que posteriormente se analizó, dando como resultado restos de estricnina, el veneno para ratas del que supuestamente había muerto. Coleman se entrevistó con un forense y toxicólogo, el doctor Hamnett, quién le explicó que:

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El envenenamiento por estricnina es muy inusual. Nunca he visto un caso de ella en mi carrera. Además debo añadir que estaría en el top 10 de los venenos más desagradables en las posibles maneras de morir, sobre todo a causa de las convulsiones que provoca.

El alcaloide es del género Strychnos, una familia de plantas conocidas que se encuentran en Asia. En el Reino Unido hoy en día no se puede encontrar, al menos de forma legal, aunque todavía existen algunos países donde se hace uso del mismo como veneno para las plagas. Países como Pakistán.

Es entonces cuando Coleman da con una nueva pista. El envase que llevaba el sujeto estaba hecho de plástico transparente, con una tapa blanca y una pequeña caja de cartón azul. También encuentra un detalle que se le había pasado por alto. Hay algo escrito en inglés y urdu (la lengua hablada en Pakistán e India).

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Estas letras acaban arrojando que el envase había contenido originalmente Levotiroxina sódica, un medicamento utilizado por personas con hipotiroidismo. Coleman establece contacto con los fabricantes de tiroxina, GlaxoSmithKline. Allí le dicen que el lote se había fabricado y distribuido en Pakistán. Parecía que por fin tenían algo sólido.

El número de placa

Imagen:Saddleworth Moor. Chris2766 / Shutterstock

Se realizan hasta tres autopsias al cuerpo. La primera de ellas había establecido la causa de la muerte junto a la certeza de que no tenía ninguna enfermedad terminal. La segunda exploró una lesión en la pierna izquierda. Descubren que el hombre tenía una placa de titanio atada a su fémur izquierdo. La tercera de las autopsias recupera dicha placa.

Y es que la placa podría ser la mayor pista hasta la fecha junto al origen del recipiente. Al parecer, la lesión había sido seria, probablemente causada por un impacto de gran alcance sobre el año 2013. Algunas de estas placas e implantes utilizados en cirugía tienen números de serie, por lo que resultan fácil de rastrear, en otros casos en cambio se incluye el nombre del fabricante. En el caso del misterioso hombre no había número, pero había un nombre: Treu-Dynamic, una empresa de ¿adivinan? Sí, Pakistán.

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Además este tipo de placas en particular habían sido utilizadas por tan sólo 12 hospitales, todos ellos en Pakistán. Esto daba una idea, junto a la pista del bote, de que el hombre venía o tenía un pasado en Pakistán. En cualquier caso la placa indicaba que se había operado allí, ¿sería durante una visita o como residente? Coleman opta por enviar las radiografías de la pierna a los 12 hospitales con la esperanza de que alguno de los centros reconozca la técnica de la cirugía realizada.

¿Quién es este hombre?

Imagen: Ian Brady y Myra Hindley. Wikimedia Commons

Cuando el caso se dio a conocer en los tabloides del país los amigos del misterio afloraron de todas partes. Es también el momento en el que comenzaron a aparecer las historias del pasado de la propia Saddleworth Moor, un lugar que ha tenido un gran número de muertes en las últimas décadas. El espacio imponente adquirió fama internacional por el ser el lugar donde los asesinos en serie Ian Brady y Myra Hindley eligieron para enterrar a gran parte de sus víctimas (en su mayoría niños) en la década de 1960.

Debido a ello, sus crímenes son conocidos en el Reino Unido como los denominados Moors Murders (asesinatos del páramo). Además, el cuerpo de una de las víctimas nunca fue encontrado, aunque ambos dijeron que lo enterraron cerca de un arroyo sin saber donde estaba exactamente.

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Unos años antes y a unos kilómetros de allí, en 1949, la zona fue testigo directo del accidente del British Airways DC-3. Si bien lo ocurrido con Brady y Hindley no hace más que darle folclore a la zona, el caso del avión sí ha sido relacionado estos meses por varios medios con el hombre misterioso. En el accidente murieron 24 personas y sobrevivieron 8. Durante este tiempo se ha especulado con que nuestro hombre era uno de ellos y que podría haber regresado al lugar donde ocurrió el accidente para morir en paz.

Imagen: Accidente del British Airway DC-3. Telegraph

También en la misma década de los 60 (en el 63) el enclave sufrió otra desgracia con la muerte de dos alpinistas tras una avalancha y muchos años atrás los lugareños cuentan que unos desconocidos asesinaron a una familia. Por tanto, parece claro que el sitio no ha sido ajeno a las tragedias. Historias reales que se han mezclado con el folclore y las leyendas para conformar toda una mitología del misterio sobre Saddleworth y el cuerpo del hombre encontrado.

Lo único cierto es que tras el envío de las radiografías, el caso ha estado a la espera de que alguno de estos hospitales arrojara luz sobre el misterioso hombre. Un rompecabezas donde no han faltado todo tipo de teorías y juegos conspiranoicos. ¿Por qué viajó hasta Saddleworth en solitario? ¿se mató o lo mataron? ¿por qué con ese veneno tan inusual que ni siquiera es legal en el Reino Unido?

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El cuerpo ha estado desde entonces en el depósito de cadáveres del Royal Oldham Hospital. Sin nombre, sin saber nada de él durante estos siete meses. Por esta razón y al cabo de un tiempo de llegar el cuerpo, los técnicos del centro acabaron dándole una identidad falsa: Neil Dovestones (Neil porque le vieron cara de Neil).

Coleman ha explicado a los medios que no pierde la esperanza de que uno de esos 12 hospitales acabe dando con el nombre del hombre con el que tirar del hilo. Mientras, Neil Dovestones o el hombre sin nombre, seguirá formando parte del registro de personas desaparecidas esperando el día en el que su nombre real le sea devuelto.


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