Es difícil hacerse una idea de lo lejos que esta Bouvet del resto del planeta. Seguramente la forma más sencilla de averiguarlo es acudir hasta allí, aunque no resulta nada fácil. Tanto es así, que este trozo de tierra deshabitado es el lugar más aislado del mundo. Por ello, cuando en 1964 se descubrió un bote salvavidas abandonado, nadie daba crédito. ¿Un desastre marino? ¿una investigación del antártico del pasado? ¿los rusos? ¿los nazis? Esta fue su historia y el misterio que rodea a la extraña embarcación.

Si acudimos a Google Maps nos encontramos con un pequeño punto situado a 1.600 kilómetros de la Antártida y a 2.500 kilómetros del cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica) en el océano Atlántico Sur (dependiente de Noruega). Allí está Bouvet, la isla con un área de 49 km², de los que el 93% está cubierto de glaciares que bloquean las costas sur y este. En las pocas zonas de la costa libres de hielo, durante el año asoman playas negras de arena volcánica. De hecho, es un territorio insular volcánico sub-antártico.

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Pero si por algo resulta fascinante este pedazo de tierra es por su situación respecto al resto del “mundo”. La isla Bouvet es el punto de tierra firme más aislado del planeta, teniendo lo más parecido a tierra firme a más de 1.600 kilómetros a la redonda. Si en vez de tierra hablamos de personas, Bouvet se encuentra a más de dos mil kilómetros de distancia de la primera tierra habitada, en este caso Tristán de Acuña y Ciudad del Cabo respectivamente.

Con estos datos nos podemos hacer una idea de lo inusual que resultó encontrarse un bote salvavidas abandonado hace muchos años. La noticia derivó de manera irremediable en tres preguntas para intentar descifrar el misterio: ¿Quién, cómo y por qué?

La isla en el mapa del mundo

Noruegos en Bouvet en 1927. Wikimedia Commons

La primera vez que el hombre tuvo constancia de Bouvet fue en el año 1739, fecha en la que el capitán francés Jean Baptiste Charles Bouvet y su expedición a bordo de las embarcaciones Aigle y la Marie la descubrieron. El hombre buscaba presuntamente un gran continente (la gran tierra austral) y tras varios días de travesía y niebla intensa, a lo lejos parece divisar una isla. En este punto de la historia no queda muy claro la posición del enclave. Se cree que fue calculada erróneamente y que el propio Bouvet no circunnavegó su hallazgo. ¿Era sólo una isla o pertenecía a un continente?

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Del capitán francés, cuya isla acabó tomando su nombre, pasamos al año 1772 con un personaje histórico. Hablamos del célebre explorador y cartógrafo británico, James Cook. El tipo, al igual que otros hombres tras el hallazgo de Bouvet, partió desde Cabo Verde en busca de la recóndita isla. Ni siquiera él fue capaz de encontrarla y tras una larga travesía se dio por vencido.

Existieron muchos intentos pero habría que esperar hasta el año 1808 para que por fin alguien la (re)descubriera. Se trata del capitán James Lindsay, quién no llegó a pisar la isla pero si fue el primero en posicionarla en el mapa correctamente. Unos años más tarde, en 1822, se produciría el primer desembarco. Fue a través del capitán Benjamin Morrell, quién registró en su diario que cazó focas y luego regresó al barco.

Anexo a Noruega de la isla en 1927. Wikimedia Commons

A partir de entonces las expediciones se sucedieron espaciadas en el tiempo. Cada expedición le asignaba a la isla un nombre diferente e incluso le llegaron a reclamar una soberanía como parte del Reino Unido antes de que en 1927 y tras permanecer un mes en la isla, el capitán noruego Lars Christiansen reclamara la isla como territorio de Noruega. Así fue como el 1 de diciembre de 1927 y tras un Decreto Real Noruego al año siguiente, el lugar deshabitado más aislado de la Tierra pasó a ser dependiente de Noruega, y convertirse en anexo al país tomando soberanía oficial en 1930.

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Y así , solitaria y deshabitada como parte de Noruega, se quedó hasta el año 1955, momento en el que el gobierno de Sudáfrica expresó su deseo de establecer una estación meteorológica. Hasta allí se desplazó una fragata que llegaría a finales de enero.

Y es justo en ese momento donde el rompecabezas y el misterio del bote comienza su historia. A partir de aquí el relato se narra a través del trabajo del historiador Mike Dash, quién durante varios años ha intentado esclarecer los secretos tras ese extraño hallazgo.

La isla y el bote

Isla Bouvet en 1898. Wikimedia Commons

La fragata sudafricana rodeó la zona sin encontrar una zona donde pudieran construir la estación. Tres años más tarde, en 1958, el rompehielos estadounidense Westwind avista a lo lejos que ha tenido lugar una pequeña erupción volcánica en la isla. Dicha erupción habría dado como resultado un cráter, la isla Bouvet había crecido, aunque tras el hallazgo del Westwind, no se tienen registros de investigaciones noruegas posteriores.

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En 1964 una expedición científica se embarca una vez más rumbo a la isla. Querían investigar el cráter inactivo y para ello enviaron dos buques: el barco de suministro sudafricano R.S.A junto al buque británico HMS Protector. Una vez en la zona, la expedición esperó durante tres largos días de intenso frío y viento hasta que el 2 de abril, con el tiempo algo más calmado, intentan un aterrizaje en helicóptero.

Ese día llegó hasta la zona un equipo de investigadores con el capitán Allan Crawford a la cabeza, un veterano del ejército británico que se encontró con un inesperado hallazgo al poco tiempo de pisar tierra. En una pequeña laguna a lo lejos, vigilada por una colonia de lobos marinos, el hombre parece divisar algo muy parecido a una pequeña embarcación. Cuando el grupo se acerca no da crédito. Efectivamente, se trataba de un bote abandonado, la mitad inundado, pero aún en buenas condiciones para volver a navegar.

Crawford y la expedición deciden investigar los alrededores. Al poco tiempo encuentran entre unas rocas una especie de depósito de cobre junto a un par de remos, un barril y madera desperdigada, parecía que tenían algún propósito y también parecía claro que hasta allí podría haber llegado algún náufrago. Entonces inician una nueva búsqueda por la isla. Nada. No encuentran ningún rastro de restos humanos.

Crawford había encontrado un bote en buen estado. MikeDashHistory

Como describiría el mismo Crawford, lo que tenían ante sí era un bote salvavidas de un barco, probablemente debía haber llegado desde una embarcación grande, quizá una que tuvo una accidente. Ocurre que por aquel entonces no existía una ruta comercial a más de 1.500 kilómetros de la isla. ¿Quién demonios había llegado hasta allí? ¿desde qué barco? O quizá más inquietante, ¿cómo podría haber sobrevivido a una travesía en esa zona del Océano Antártico?

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No había nada más, ninguna señal de un mástil o una vela, mucho menos de un motor. Lo único que tenían era el barco y ese par de remos junto al barril que según Crawford no eran suficientes para dirigir un barco en esas condiciones. Desafortunadamente, la expedición no tuvo mucho tiempo para investigar el descubrimiento, habían calculado unos 45 minutos en la isla como máximo antes de regresar y en ese espacio debían realizar estudios sobre el terreno y tomar muestras de rocas.

Por tanto, cuando Crawford explicaba en su libro que realizaron una breve búsqueda, es muy posible que fuera un paseo corto. Además, tampoco aparecen registros de visitantes posteriores a la isla que continuaran tal investigación. De hecho, no existe ninguna otra mención al misterioso barco, aunque Bouvet fue visitado dos años después (en 1966) por un equipo de biólogos que querían estudiar la zona. Si el barco estaba todavía allí, este grupo no lo mencionó.

Es más, a parte de Allan Crawford, nadie más parece que tuvo el más mínimo interés en el misterio. No hubo cobertura de la historia en diarios de la época. Existe algún recorte y relato que hablan del mismo, pero muy poco fiable, o cómo mínimo, sin la veracidad del descubrimiento descrito por Crawford. Por tanto, da la sensación de que nadie en su momento se preocupó por saber las razones y explicación del enigma.

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Como expone en su trabajo Mike Dash, a partir de este momento todo las pistas surgen a raíz de las líneas escritas por Crawford y del propio sentido común, el del historiador y el del probable comportamiento de los náufragos. Si damos por hecho que Crawford no engaño a nadie (y en principio no tenía razones para ello), Dash ha construido tres posibles hipótesis que pueden explicar la presencia de la misteriosa embarcación.

Las tres hipótesis

Bouvet en el mapa. Wikimedia commons

Vamos a repasar los hechos una vez más de manera rápida. Parece lógico pensar que la barca llegó a Bouvet en algún punto entre 1955, momento en el que llegó la fragata sudafricana (y no existía el cráter) y abril de 1964, momento en el que aparece Crawford. También y debido a las características de la zona, parece bastante claro que el bote llegó a través de otro barco grande. Por tanto, ya se puede investigar qué embarcaciones grandes pasaron cerca en el trascurso de esos 9 años. Además hay que recordar que la expedición de Crawford no encontró señales de un refugio o campamento, fuego o alimentos.

La primera posibilidad que seguramente todos pensamos es la más obvia. Un bote salvavidas como consecuencia de un naufragio. Esto explicaría parte del relato de Crawford e incluso podemos pensar que la presencia de un único par de remos se debe a que tal vez se habían perdido y llegado hasta allí en el transcurso del naufragio.

Sin embargo existen varios puntos que no encajan con esta hipótesis. La más obvia es la falta de los cuerpos (o restos de ellos), ropa o algo parecido a un campamento. El cráter inactivo, lugar donde se encontraron los remos y el barril, era el único espacio libre de nieve, al menos durante el verano austral. También era la única área grande y plana de suelo en toda la isla. Así que si damos por válido que un grupo de supervivientes se quedó allí (y murió allí también), deberían haberse encontrado restos o rastros de algún tipo.

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También podría ser que un grupo siguió adelante y murió en otra parte de la isla. Esto sería bastante improbable, ya que como apunta Dash, los acantilados de hielo en Bouvet son grandes, empinados y propensos a la avalancha, por tanto sería muy peligroso intentar trasladarse al interior a través de las vertiginosas paredes de roca que abundan en la isla. Pero es que además, la lógica les debía indicar que debían quedarse allí, en la única zona donde tenían comida (elefantes marinos y focas), por tanto no había necesidad real de salir de allí… a no ser que llevaran tanto tiempo en la isla como para acabar con la población de animales. Claro que si hubiera sido el caso, debían existir rastros evidentes de algún tipo de camping, fuegos o restos también.

Mapa de la isla Bouvet. Wikimedia Commons

¿Qué probabilidades hay de que un grupo de marineros náufragos llegaran hasta Bouvet? Además de que es una isla difícil de localizar, se encuentra tan lejos de las rutas comerciales normales (y es notoriamente estéril) que es difícil imaginar que un grupo de hombres quisieran llegar hasta allí en circunstancias normales. Únicamente se podría seguir el rastro de un barco que se hundió al oeste de la isla a unas pocas millas, aunque cualquier hipótesis sobre ellos sería temeraria, ya que incluso con brújula, se trataría de un encuentro tremendamente fortuito sobre una embarcación así.

Aunque menos probable, podría ser que el bote se encontró la isla en su camino sin ningún hombre a bordo. La embarcación se podría haber perdido durante un naufragio, o haberse volcado o caído tras una tormenta, y luego desplazado sobre el Océano Antártico, quizá meses, años, antes de dar con Bovet. Sin duda, esta teoría tiene la virtud de la simplicidad y ofrece luz sobre la naturaleza del barco que se encontró Crawford, sin ninguna señal identificativa de dónde provenía ni restos de vida en la isla. Aparte de eso, esta hipótesis no explica por qué razón Crawford encontró los remos en otra parte. Y tampoco explica lo increíble que resulta que una embarcación así hubiera viajado miles de kilómetros y en un estado más que decente.

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Esto nos lleva a una tercera hipótesis. Y es que el barco podría proceder de un navío desconocido que pasó por la zona entre 1955 y 1964 y que por alguna razón se quedó abandonado allí. Tiene sentido, ya que sería la forma natural de llegar hasta la isla, como lo habían hecho hasta entonces otras tantas expediciones. De esta forma también, no habría lugar a una hazaña de navegación inverosímil para llegar hasta allí. Además, esta teoría tiene otra ventaja: explica la ausencia de cuerpos, un refugio o utensilios o señales de huéspedes en la isla.

Costa oeste de la isla. Wikimedia Commons

Como explica Dash, también es factible pensar que un grupo de expedición partió de un buque en dos botes salvavidas para luego abandonar la isla en uno. O quizá también, fueron hasta allí en bote y luego fueron rescatados en helicóptero dejando la embarcación en Bouvet. Además y teniendo en cuenta las condiciones que se pueden dar (incluso en verano pueden estar bajo cero), no parece improbable que se borraran los nombres o marcas distintivas sobre la embarcación.

Este año y a través de varios colaboradores se ha llegado a proponer una nueva vía sobre la resolución del caso. Se trata de una expedición científica rusa cuyos registros datarían de 1958. Según las pesquisas, este grupo habría abandonado la embarcación y habrían sido evacuados en helicóptero debido al mal tiempo. De nuevo, el problema es que se trata de una hipótesis a partir de escritos antiguos que necesitan de investigación adicional

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Lo cierto es que a día de hoy cualquier hipótesis es igual de válida como inverosímil. Es posible que nunca se sepa con absoluta certeza si había o no alguien en esa embarcación que encontró Allan Crawford el 2 de abril de 1964. Un misterio enterrado en la tierra firme más aislada del planeta.