Esta misma semana se ha realizado la primera prueba en la que se han enfrentado cara a cara un ordenador cuántico con un PC convencional. El resultado del encuentro ha sido una victoria aplastante del primero, que ha resuelto los problemas propuestos 3.600 veces más rápido. La cuestión es ¿Ha sido un partido limpio? Tenemos nuestras dudas.

One Trick Pony

Esta expresión inglesa (literalmente pony de un sólo truco) se refiere a las personas o cosas que sólo son capaces de hacer una tarea bien. El test de D-Wave estuvo conducido por Catherine McGeogh, doctora del Amherts College de Massachusetts y consultora de D-Wave.

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McGeogh sometió a las máquinas a una prueba consistente en hallar la mejor respuesta a una ecuación compleja. Este tipo de problema matemático es común en sistemas de reconocimiento de imagen o algoritmos de aprendizaje. El problema es que el funcionamiento de un ordenador cuántico se basa precisamente en ese principio. En otras palabras, su manera de funcionar consiste en detectar la superposición de estados en partículas cuánticas para hallar la solución a un problema por reducción.

El ordenador cuántico demostró ser escandalosamente rápido en esta tarea. La doctora McGeogh propuso ecuaciones de una dificultad creciente y el D-Wave 2 las resolvió siempre al instante. Del otro lado, el PC equipado con tres algoritmos distintos llegó a tardar media hora en resolver las ecuaciones más complejas de más de 100 elementos.

La cuestión es ¿Hacen los ordenadores cuánticos otras cosas bien aparte de resolver ecuaciones? Cuando la Doctora McGeogh propuso problemas diferentes, el ordenador cuántico necesitó instalar un software adicional que redujo drásticamente la diferencia con el convencional hasta quedar sólo un poco por encima.

Trabajando a ciegas

En el mundo de la computación cuántica existe un creciente debate sobre si los ordenadores cuánticos como los de D-Wave, o los del Instituto de Ciencia y Tecnología de Hefei, en China, son realmente ordenadores cuánticos.

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En los ordenadores tradicionales, todo funciona en base a los bits, fragmentos de información que sólo tienen dos estados: encendido o apagado, cero o uno. Toda la computación moderna se basa en ese funcionamiento de puertas lógicas heredado de los mismísimos transistores. En los ordenadores cuánticos, por contra, los bits son estados cuánticos de la materia que pueden ser cero y uno al mismo tiempo. Los cálculos se realizan sobre la base de algoritmos que tratan de detectar un complejo principio de la física denominado superposición.

La cuestión es que los científicos no se ponen del todo de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de medir esta superposición. De hecho ni siquiera tienen claro si la superposición se produce de verdad o están midiendo otra cosa.

Lejos de la cola

Se dice en tecnología que los consumidores estamos utilizando ahora los dispositivos que se han ideado hace ya años, la cola de una larga serpiente cuya cabeza está años atrás en el tiempo. La computación cuántica es el principio de una nueva serpiente pero, por mucho que D-Wave se empeñe, dudamos mucho que la industria adopte la computación cuántica como solución comercial a corto plazo cuando ni siquiera sus científicos se han puesto de acuerdo del todo sobre sus principios de funcionamiento.

Quizá la computación cuántica suponga un futuro prometedor para los superordenadores, pero incluso aunque se pudieran crear procesadores cuánticos 3.600 veces más rápidos, ¿Tienen sentido en un equipo doméstico? ¿Necesitamos esa potencia para conectarnos a internet, consultar el correo electrónico y utilizar Office?

Fotos: D-Wave