Foto: fotum / Shutterstock

Llegas al hotel después de un viaje particularmente largo, te vas a dormir, y al día siguiente amaneces fatal. La mayor parte de viajeros achacan estos trastornos del sueño al famoso jet lag, pero un grupo de neurobiólogos de la Universidad de Brown, en el Reino Unido ha demostrado la existencia de un factor diferente que explica que descansemos tan mal. Lo llaman Efecto primera noche.

Existen animales, como los delfines o las ballenas, cuyo cerebro no se desconecta del todo cuando duermen. Uno de sus hemisferios permanece activo como una especie de sistema de alerta ante posibles peligros que acechen al animal durante su descanso. Hasta ahora, se creía que los seres humanos no exhibían esta particularidad, pero no es cierto. Resulta que en determinadas circunstancias, el cerebro humano mantiene inconscientemente cierto nivel de actividad en uno de sus hemisferios. Esas circunstancias son precisamente dormir en un entorno que no le es familiar como la habitación de un hotel.

Illustración: Jim Cooke

Para probar su hipótesis, el equipo del doctor Yuka Sasaki sometió a 35 voluntarios a un escáner cerebral durante tres noches consecutivas en un centro de control del sueño. De manera consistente, todos los sujetos del experimento mostraron una inusual actividad cerebral durante la primera noche. La actividad tenía lugar en el hemisferio izquierdo del cerebro y durante la fase de sueño profundo.

Foto: Michael Cohea / Brown University

El experimento no ha podido explicar por qué es el lado izquierdo el que permanece alerta, aunque podría tener que ver con la sensibilidad a los sonidos. Todo parece indicar que se trata de una adaptación evolutiva que nos ayuda a permanecer alerta cuando tenemos que dormir en un entorno extraño, aunque se cobra su precio en forma de un descanso menos reparador de lo normal.

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Los investigadores apuntan a que seguramente algunas personas que viajan mucho hayan aprendido a desactivar ese mecanismo a fuerza de dormir siempre en lugares extraños. También cabe la posibilidad de reducir ese efecto tratando de incorporar elementos familiares al sueño como nuestra propia almohada. Los resultados del estudio acaban de publicarse en la revista Current Biology. [Current Biology vía Telegraph]


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