Mayo de 1998. Steve Jobs se sube al escenario para presentar el primer iMac. Es superior a cualquier otra máquina similar en el mercado salvo por un detalle: no tiene lector de disquettes. Una década más tarde, en 2008, Jobs saca el primer MacBook Air de un sobre en el escenario. Vuelve a faltar un detalle importante: no tiene lector de CD.

Y hoy, a 7 años vista de aquel primer MacBook Air, Apple vuelve a repetir la jugada lanzando un portátil que se reduce a la mínima expresión: un único puerto USB tipo C y una entrada para auriculares. La mejor manera de definir el nuevo MacBook, de hecho, es un iPad al que se le ha añade un teclado. Un teclado espectacular y con algunos ramalazos de genialidad pura bajo el capó, como esa batería con diseño escalonado para aprovechar más el espacio, pero solamente un teclado al fin y al cabo.

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Ambos dispositivos tienen una pantalla parecida con resolución Retina, una duración de la batería más o menos similar (9-10 horas) y un único puerto que sirve para cargar el dispositivo y otro para los auriculares. ¿La principal diferencia? Uno lleva una versión completamente operativa de OS X Yosemite, el otro lleva iOS y todo el ecosistema de aplicaciones de la App Store detrás.

Pero lo irónico, casi magistral, es que ambos dispositivos bailan a su manera sobre esa delgada frontera de la era-postPC. Uno se aproxima desde abajo, con la movilidad extrema y el enfoque táctil del iPad, el otro, más tradicional, llega desde arriba con el form factor de un MacBook pero dejándose por el camino algo tan aparentemente imprescindible como los puertos USB.

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Y al final de ambos caminos, el punto medio. La confluencia. Apple ha sabido llevar los MacBook hasta prácticamente el límite, hasta que casi son una tablet. Lleva años haciéndolo de hecho, poco a poco. Y ahora se ha detenido justo antes.

Teorizar sobre si son imprescindibles los puertos USB en un portátil no sólo es absurdo, sino que hoy por hoy es técnicamente una cuestión personal. Pero es el futuro. Un futuro donde la manera más fácil de almacenar un archivo no es un disco duro, ni una memoria USB, sino la nube (nube en la además que nos están lanzando los gigas a la cara.)

El nuevo MacBook recuerda, en cierto sentido, a aquel primer iMac y a aquel primer MacBook Air de 2008. Brillantes, diferentes y únicos. Pero también muy limitados. Hoy hemos visto la forma, y en unos años veremos la función. Portátiles que casi son tablets y tablets que casi son portátiles. ¿Buscaban un iPad Pro? Lo tienen delante.

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