Nos ha costado cinco años tener Androids bonitos

Android se ha convertido en un éxito mundial en parte por su capacidad de atraer a un público que no se preocupa por la estética del teléfono. No es extraño que muchos de los móviles hayan sido un horror durante la última media década. pero, de repente, no encontramos con un increíble objeto de gran belleza: el HTC One.

Google nunca trató de llevar la belleza a la telefonía móvil, tan sólo buscaba crear un sistema operativo capaz de hacer todas las cosas que hace un iPhone. Lo que importaba es que tuviese una gran pantalla táctil y pudiese hacer las cosas que se esperan de un smartphone, como acceder al correo o navegar por la web.

La naturaleza abierta del software hizo a Android avanzar entre la comunidad de usuarios entusiastas, con ganas de crear sus propias ROMs o trastear con las diferentes opciones y funciones pero, mientras, el hardware quedó estancado. Cada nuevo Android era igual que el anterior. No en el sentido de "vamos a refinar este diseño" sino en el de "no tengo ganas de molestarme, hagamos esta línea roja y punto".

Todos los teléfonos son rectángulos con un frontal de cristal, claro, pero Android, a diferencia de algunos de sus rivales, nunca tuvo el menor interés o la ambición de ser más que eso.

Así que durante la última media década lo que nos hemos encontrado en el mercado ha sido digno de de los Jetsons:

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Bloques negros

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Errores de principiante.

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Diseños que son como una broma.

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Modelos que podrían confundirse con un PC diseñado por Alienware (y no es un cumplido).

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosRectángulos extrabrillantes.

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosEstos podrían haberse caído del bolsillo de Mad Max.

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosIncluso el todopoderoso Galaxy S4, con un interior de lujo, perece un teléfono plástico increíblemente similar a su antecesor.

Pero luego tenemos el HTC One.

No es un rectángulo negro anónimo ni una tabla de plástico barato. No está envuelto en algún tipo de Kevlar que al final le da un aspecto de juguete salido de la colección de G.I. Joe. Está fabricado en aluminio, con una increíble atención al detalle y una gracia y belleza en su diseño industrial que recuerda al del iPhone 5.

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Hay innumerables detalles y prácticamente todos -salvando tal vez el logo de Beats- son preciosos.

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosEsa matriz de puntos para el altavoz debajo de la pantalla parece salido del manual de estilo de Dieter Rams o Jonny Ive. Es en parte una abstracción ornamental, un elemento funcional cuando estás en una llamada en manos libres y en parte un elemento que le da al teléfono cierta personalidad propia. Tiene encanto, y cuando miramos a algo todos los días de nuestra vida lo mínimo que se puede pedir es que nos devuelva la mirada con algo de calidez.

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El diseño frontal y trasero del One es tan amigable como Android es cabezón, frío y alienante. Pero al mismo tiempo luce como una sofisticada y potente máquina sin rastro de ese ADN de juguete plástico de Fisher Price que se ve en muchos de sus competidores.

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosIncluso podríamos decir que es más interesante que el teléfono de Apple. No mejor o peor, pero capaz de medirse con él sin necesidad de recurrir a una copia de elementos o diseño. Deslumbra con su propia belleza y sin pedir prestado a nadie.

Nos ha costado cinco años tener Androids bonitosEsto no es una excusa para la capa de software propietaria y abigarrada de HTC. No añade nada que permita escapar de ese aire de "hazlo-tu-mismo" de muchas de las ROMs de terceros desarrolladores.

Pero al menos puede marcar un nuevo rumbo que permita escapar a Android de ese "teléfono que compras porque es barato o incluso gratis en contrato" o porque "quieres trastear con el en formas que Apple nunca te dejaría". Puede acabar haciendo de Android (y no sólo los Android caros) el software que pones en un bonito cuerpo de aluminio, con una suave curva.

Puede acabar haciendo de los teléfonos Android atractivos la regla, no la excepción cada cinco años. Y lo más importante, puede acabar haciendo que a la hora de escoger Android no sólo pesen as razones racionales y lógicas, sino también las emocionales. [Gizmodo, artículo original de Sam Biddle]