Imagen: NRT / Shutterstock

¿Cómo tienes la nariz? Grande, pequeña, ancha, estrecha, larga, corta, respingona, redonda, prominente... Puedes tenerla de mil maneras: depende sobre todo de la herencia genética de tus padres. Pero un grupo de investigadores se preguntó si el clima pudo afectar a su forma.

Y así es. Un estudio publicado hoy por la revista PLOS Genetics sugiere que un largo proceso de adaptación al clima local cambió la forma que ha acabado teniendo tu napia. Interesados ​​en la evolución humana reciente y la variación de cosas como el color de la piel y el pelo, un equipo internacional de científicos se enfocó en los rasgos de la nariz para investigar por qué difieren tanto entre poblaciones.

Para ello estudiaron imágenes faciales 3D de personas vivas y midieron los distintos rasgos de sus narices: desde el ancho y la distancia entre las fosas nasales hasta la altura, longitud y protusión de la nariz en sí. A continuación buscaron una correlación entre la variación geográfica de los rasgos nasales y la temperatura y humedad del clima local.

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Correlación no implica causalidad. La diferenciación acumulada con el tiempo entre las distintas poblaciones pudo ser el resultado de un proceso aleatorio denominado “deriva genética”. Pero la selección divergente (variación en la selección natural entre poblaciones) también pudo ser la razón por la que diferentes poblaciones tienen narices distintas.

Diferenciar entre estos dos fenómenos es difícil, especialmente en los seres humanos. No obstante, los investigadores encontraron que el ancho de las fosas nasales y la base de la nariz difieren entre poblaciones más de lo que podría explicar la deriva genética, lo que indica que la selección natural tuvo un papel en la evolución de la forma de la nariz de los humanos.

Para demostrar que el clima local contribuyó en esta diferenciación, los investigadores examinaron la distribución espacial de estos rasgos y los correlacionaron con la humedad y las temperaturas locales. Los científicos concluyeron que las narices anchas son más comunes en un clima cálido-húmedo, mientras que las narices estrechas son más comunes en un clima frío-seco.

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Uno de los propósitos de la nariz es acondicionar el aire inhalado para que esté caliente y húmedo cuando llegue a las vías respiratorias inferiores. Las fosas nasales más estrechas parecen alterar el flujo de aire para que el interior de la nariz, cubierto de mucosa, pueda humedecer y calentar el aire de una manera más eficiente.

“Probablemente fue más esencial tener este rasgo en climas fríos y secos”, explica Mark Shriver, profesor de antropología de la Universidad Estatal de Pensilvania. “Puede que a las personas con fosas nasales más estrechas les fuera mejor y tuvieran más descendencia que las personas con fosas nasales más anchas en climas más fríos. Esto condujo a una disminución gradual de la anchura de la nariz en las poblaciones que viven lejos del ecuador”.

Por otro lado está la selección sexual. La gente puede elegir a una pareja determinada porque encuentra su nariz pequeña o grande más atractiva. Si un grupo entero piensa que pequeño es mejor, entonces los que tengan narices pequeñas tendrán menos éxito en la reproducción y, con el tiempo, el tamaño de la nariz se reducirá. Estas nociones de belleza podrían estar vinculadas a lo bien adaptada que está una nariz al clima local, por lo que la selección ecológica y la selección sexual podrían reforzarse entre sí.

[ScienceDaily]