Este es el nuevo HTC One, el tercero en una línea de teléfonos Android que adoptaron el metal y los buenos acabados como señas de identidad. El M9 es un teléfono con un aspecto fantástico, al igual que todos los One desde 2013. Pero cuando haces algo tan, tan bien a la primera, con el tiempo se convierte en una especie de maldición.

Es decir: el M9 es un gran teléfono. Si te gustó la apariencia y las sensaciones que proporcionaba el M8, no hay ninguna duda de que te gustará también el M9, pero no es un teléfono que sea sustancialmente mejor en ninguno de sus apartados. No hay revolución. Tenemos la misma pantalla de 5 pulgadas, con panel 1080p LCD y los maravillosos altavoces frontales BoomSound (que como novedad ahora incorporan tecnología Dolby Digital 5.1 Virtual Surround). Lo único que tenemos es un procesador que funciona algo más rápido y una batería que aguanta un poco más, sumándole a todo 1GB extra de RAM. Técnicamente, y de hecho, el mayor cambio está en la cámara.

El One M9 viene con un sensor de 20 megapíxeles y cristal de zafiro que lo protege contra los pequeños arañazos, algo necesario ya que todo el complejo de la lente sobresale un tanto de la parte trasera. El sensor Ultrapixel de 4 Mpx, que era la marca de la casa en anteriores terminales, se ha movido ahora a la parte frontal para enfocarlo en selfies, algo que tiene bastante más sentido. La lógica detrás es que los UltraPixels de HTC darán como resultando mejores fotos cuando se toman a corta distancia, algo ideal para una cámara frontal.

Más allá de eso, es una actualización de la hoja técnica del teléfono bastante aburrida. Hay dos detalles sin embargo bastante interesantes en el diseño. Lo primero: ahora viene en una combinación de dos colores, similar a lo que ocurría en el Desire Eye pero con acabados más premium y en metal. Lo segundo: hay un extraño borde en torno al dispositivo.

Resulta complicado de explicar, pero por todo el marco del HTC One M9 hay un pequeño reborde en un ángulo de 90 grados que sobresale del teléfono sólo unos milímetros. Cuando cogí el terminal en la mano por primera, intenté sacarlo un poco porque en cierto sentido da la sensación de que hay un teléfono más pequeño engarzado en la carcasa de metal. Me sentí algo menos idiota cuando vi que la persona de al lado hacía exactamente lo mismo que yo. El teléfono conserva toda su apariencia unibody, no hay duda, pero no cabe menos que preguntarse para qué es exactamente todo ese reborde. No sacrifica demasiado el confort a la hora de cogerlo con la mano y de hecho el M9 es más ligero que el M8, pero se siente en todo momento como algo que no debería estar ahí.

El nuevo M9 vendrá, por supuesto, con Android 5.0 Lollipop de fábrica y la capa de personalización propia Sense 7. HTC dice que el principal foco aquí ha sido la posibilidad de configurar completamente la apariencia, usando temas. Se ha creado también aquí un widget opcional que básicamente aprenderá tu rutina y usará el GPS para discernir si estás en el trabajo, en casa o en cualquier otro lugar y cambiar las aplicaciones del escritorio como consecuencia. Muy parecido, de hecho, a lo que ya hacen algunos launchers de Android.

Puedes usar también algunos temas que cambiarán de manera drástica el aspecto visual del teléfono, no sólo el fondo de pantalla sino también el cajón destinado a las aplicaciones y la ventana de multitarea. Técnicamente está bastante bien, pero en la práctica se acaba sintiendo como una sucesión tras otra de capas personalizadas que tampoco eran tan necesarias. Blinkfeed, el Flipboard propio de HTC, ahora tiene en cuenta la ubicación y enviará diversas notificaciones según donde nos encontremos.

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El M9 es un gran teléfono con un procesador potente y una cámara que promete. Sin embargo, realmente es más una iteración que una innovación, y si el M8 no te convenció lo suficiente como para dar el salto, muy probablemente el M9 tampoco lo haga.

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