Omate Truesmart es un smartwatch poco conocido. Se gestó a finales de 2013 en Kickstarter, donde obtuvo más de un millón de dólares. Las primeras unidades han ido llegando a sus propietarios en estos meses de 2014. En Gizmodo en Español hemos probado uno a fondo. No es el smartwatch perfecto ni mucho menos, pero tiene algunas ideas realmente interesantes.

¿Qué es?

Es un smartwatch fundado en Kickstarter bajo la premisa de diseñar un reloj capaz de llevar a cabo todas las funciones de un smartphone. Para ello, sus creadores han empaquetado un móvil Android de gama media en las dimensiones de un reloj de pulsera. Tiene conexión 3G propia, GPS, cámara de cinco megapíxeles, y hasta es resistente al agua.

¿Por qué es importante?

El reloj de Omate es importante porque es el eslabón perdido de los smartwatch. Cuando culminó con éxito su ronda de financiación, en el mercado apenas estaban el Pebble, el Samsung Galaxy Gear, y el Sony Smartwatch. Ni Motorola, ni LG habían presentado sus apuestas, ni Google había anunciado la plataforma Android Wear. En ese sentido es como analizar el ADN de una especie antes de que evolucione. Por otra parte, es un reloj que puede resultar muy interesante si eres un entusiasta de la personalización y la programación.

Diseño

El Omate Truesmart tiene la apariencia de un reloj deportivo de grandes dimensiones. Es completamente negro, con una correa confeccionada en goma suave. Esta correa no es intercambiable porque, de hecho, alberga el módulo GPS y WiFi en un lado, y la antena 3G en el otro.

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La esfera del reloj es voluminosa para el que no esté acostumbrado a relojes grandes (44 x 44,5 x 14,9 milímetros). Su peor problema de diseño, sin embargo, no son las dimensiones, sino el peso. Con 105 gramos, no pasa desapercibido en la muñeca. Dos botones físicos y la cámara sobresalen en la parte derecha.

El reloj es sumergible, pero la carcasa no está presurizada. En otras palabras, podemos bañarnos con él o lavarnos las manos, pero no es del todo recomendable sumergirlo. Las ranuras para el chip 3G y la MicroSD están selladas mediante una tapa atornillada. Es seguro, pero un auténtico dolor de cabeza cada vez que queramos cambiar de MicroSD o de SIM.

Especificaciones técnicas

Conviene echar un vistazo a lo que lleva este dispositivo antes de continuar porque no es ni el típico smartwatch, ni el típico smartphone. Estas son sus características:

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• Red: HSDPA 7,2Mbps, Wi-Fi b/g, Bluetooth
• SO: Android 4.2.2 con interfaz Omate OUI 2.1
• CPU: MT6572 ARM Cortex A7 Dual Core
• Pantalla: 1,54 pulgadas 240 x 240 LCD
• RAM: 1GB
• Almacenamiento: 8GB + micro SD de hasta 32GB
• Cámara: 5MP extrapolados (sensor CMOS 3MP) con grabación de vídeo 720p.
• Batería: 600 mAh
• Dimensiones (esfera): 44 x 44,5 x 14,9 milímetros
• Peso: 105 gramos
• Precio: 299 dólares

Utilizando el Omate Truesmart

¿Qué se siente al utilizar un reloj capaz de hacer todo (o casi todo) lo que hace un smartphone? La primera respuesta que nos viene a la cabeza debería ser entusiasmo, pero no. En realidad es frustración, mucha frustración, y la culpa de esa frustración está en el software.

Omate Truesmart corre sobre una versión 4.2.2 de Android muy modificada para la ocasión por una interfaz llamada OUI en su versión 2.1. En esencia, es el Android que todos conocemos, pero en pequeñito. De hecho, es demasiado pequeño. Muchas de las aplicaciones tan solo se han reorganizado para adaptarlas al espacio en una pantalla de 1,54 pulgadas de diagonal. A resultas de ello, hay veces en las que el texto obliga a dejarse los ojos para intentar averiguar qué pone.

Las notificaciones, por ejemplo, es otro aspecto que no se ha cuidado. En lugar de establecer un sistema propio compatible con el pequeño tamaño de pantalla, se ha optado por dejar el sistema nativo de Android, que es muy incómodo de leer en 240 x 240 píxeles.

La pantalla táctil ofrece una respuesta muy buena. Tan buena que incluso es posible, con algo de entrenamiento, escribir con el teclado en pantalla desarrollado por Fleksy, y cuyas funciones básicas confían en gestos para hacerlo un poco menos incómodo. El problema es que hay veces en las que el teclado, al desplegarse, tapa completamente la casilla de texto, obligándonos, literalmente, a escribir a ciegas.

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El reloj es capaz de realizar llamadas en manos libres y, aunque no podemos evitar sentirnos un poco ridículos, lo cierto es que es una de sus mejores funciones. La calidad de audio del micrófono y el altavoz es buena incluso en lugares con cierto ruido de fondo. Hablando de audio, el Omate es capaz de reproducir música como cualquier dispositivo Android, e incluso dispone de aplicaciones adaptadas como Spotify o SoundHound. El problema es que no tiene entrada de auriculares. La mejor opción es utilizar unos auriculares bluetooth. Si lo hacemos, el reloj se convierte en un interesante compañero para nuestro ejercicio.

La cámara, equipada con un sensor de tres megapíxeles, es otro de los elementos más disruptivos en la experiencia de utilizar el reloj. Está ubicada en un lateral, lo que obliga a sacar las fotos de lado, o extender el brazo hacia adelante a lo Power Ranger. Además, el tener que pulsar el botón en pantalla para sacar la foto nos obliga a hacer malabarismos para intentar sacarla nivelada. Su calidad de imagen tampoco es maravillosa. En definitiva, sus creadores podían haberse ahorrado completamente la cámara y no hubiera pasado nada. Haciéndolo, además, podían haber hecho el reloj más liviano y fino.

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Aunque lleva Android, no es posible descargar aplicaciones desde Google Play según saquemos el reloj de la caja. Cómo apunta Luki, uno de nuestros lectores, para ello primero tenemos que hacernos con el archivo de la aplicación Google Play y reenviárnoslo. Es una solución, pero hay que tener en cuenta que muchas aplicaciones no estarán preparadas para esta resolución de pantalla.

Omate dispone de su propia tienda de aplicaciones adaptadas. No está tan bien surtida como la general, pero podemos encontrar los básicos imprescindibles desde clientes de Twitter y Whatsapp hasta Instagram, programas deportivos como Runkeeper, Runtastic o Endomondo, y diferentes diseños intercambiables para la pantalla de bloqueo que muestra la hora. Como la versión del terminal no está autorizada por Google, no encontraremos ninguna de las aplicaciones nativas de Android.

La batería se carga mediante un puerto a prueba de agua de cuatro contactos alojado en un accesorio que rodea completamente el reloj y que se conecta mediante MicroUSB. No es la opción más cómoda de cara a viajes. La batería dura algo más de un día con conexión 3G y notificaciones activas. Al fin y al cabo no es un dispositivo con el que vayamos a estar trabajando constantemente.

Nos gusta

Nos gusta (y mucho) que Omate tenga su propia conexión 3G. Ello nos permite utilizarlo con una tarjeta prepago barata para correr sin tener que cargar también con el smartphone, o para hacer una llamada rápida en caso de emergencia. El reloj funciona de manera muy competente a la hora de medir la actividad física. Sus lecturas son similares a la de smartphones con la misma aplicación ejecutándose a la vez. Es bastante útil también para revisar notificaciones, aunque no para contestarlas. También da la hora.

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En esencia, y si tenemos la paciencia de configurarlo a nuestro gusto, es una buena alternativa para estar conectados en momentos en los que no queremos, o no podemos llevar el móvil. Su protección contra el agua le garantiza también una cierta compatibilidad con el deporte y las actividades al aire libre donde un smartphone convencional peligraría.

Omate Truesmart es una experiencia realmente valiente y pionera por fabricar un smartwatch que lo haga todo. Les falla el software, pero eso no quiere decir que no puedan mejorarlo en el futuro, o que una compañía con más músculo no pueda dar en el clavo. Lo que está claro es que los tiros van más por aquí, que por hacer un dispositivo que dependa completamente del smartphone.

No nos gusta

La cámara no aporta nada, al menos en este smartwatch, y tal y como está planteada. El acceso al interior del dispositivo es muy laborioso e incómodo. No invita a utilizarlo con la misma SIM que nuestro móvil habitual, a menos que la dupliquemos. También es bastante pesado, y muchos lo encontrarán demasiado grueso para su gusto.

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Estos detalles palidecen frente al mayor problema del Omate Smartwatch, que es el no haber personalizado a fondo Android (o haber elaborado un sistema operativo propio) para una pantalla tan pequeña. Intentar leer textos o mantener una simple conversación en Whatsapp es una tortura. El hecho de que no integre aplicaciones nativas de Android supone que tampoco hay una plataforma buena de reconocimiento de voz, por lo que no es posible dictar textos para escribirlos.

La comunidad de programadores de Omate es laboriosa, y quizá encontremos soluciones a estos problemas con el tiempo, pero ahora mismo hay demasiadas funciones de este reloj cuyo uso requiere de grandes dosis de paciencia.

¿Me lo compro?

No, a menos que te sobren 299 dólares y seas desarrollador, o un entusiasta tremendo de los smartwatch y de Android. El resto de personas harían bien en esperar a Android Wear, o a la versión mejorada que seguro que Omate (si son listos) ya tiene en desarrollo con el más de un millón de dólares que ha logrado recaudar.

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