Por fuera siguen pareciendo una extrañas gafas de submarinista, pero por dentro están muy lejos de los primeros modelos que eran poco más que un Samsung Galaxy Note unido a unas lentes. En iFixit han sometido la versión final de Oculus Rift a una de sus particulares autopsias, y lo que han encontrado es muy interesante.

Las buenas noticias comienzan desde el exterior. La estructura del visor prácticamente no tiene tornillos (más tornillos implican más peso) y se sujeta mediante clips y solapas de plástico hábilmente situadas. Los auriculares de la nueva unidad son fáciles de extraer y reemplazar, algo muy bueno teniendo en cuenta que estarán sometidos a muchos estirones y tensión.

Las versiones originales del Rift tomaban prestada una pantalla del Galaxy Note 3, pero la final ha obviado ese componente y se ha optimizado con dos pantallas OLED diseñadas a medida, una para cada lente. Hablando de lentes, por cierto, también se han mejorado mucho. En lugar de los gruesos mazacotes de plástico de los modelos anteriores, se han usado unas lentes de fresnel que ofrecen la misma apertura y distancia focal, pero con una fracción del peso y el grosor.

Cada OLED, por cierto, tiene 90mm de diagonal y una densidad de píxel de 456 ppp. También hay un sensor de luz ambiental en el interior que en iFixit suponen que sirve para determinar si llevamos puestas las gafas o no.

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El último detalle de calidad en el dispositivo lo pone la red de sensores que rodea el visor y que se han integrado con maestría en su estructura. No se puede decir que el dispositivo sea sencillo de abrir o de reparar (iFixit le da un 7 sobre 10), pero la diferencia con las primeras versiones es enorme. Oculus VR ha entrado pisando fuerte en el apartado técnico. Nada que ver con los accesorios para smartphone como las Gear VR. En el enlace a continuación tenéis la autopsia completa y abajo un vídeo sobre cómo se llevó a cabo. [vía iFixit]

Fotos: iFixit


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