Hoy, Amazon nos ha sorprendido con el lanzamiento de Echo. Los expertos en esto aseguran que es el producto más innovador de la historia de Amazon (probablemente), y que puede revolucionar la manera en la que usamos Internet. Sobre esto último ya tengo bastantes más dudas.

Echo es, en esencia, un altavoz unido a un asistente de voz conectado. En otras palabras, es como si tuvieramos Siri, Cortana o Google Now en el salón de casa, y sin la intervención de ningún smartphone o tableta. Una vez bauticemos al asistente, este se activará en respuesta al nombre que le hayamos puesto, permitiéndonos hacer el tipo de cosas que permiten otros asistentes de voz, como consultar datos en Internet, enviar mensajes, controlar el reproductor musical, o gestionar nuestra agenda.

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En otras palabras, permitirá hacer exactamente el tipo de cosas para las que no uso el asistente de voz en el móvil.

Hace años, cuando Google apenas acababa de integrar el sistema de reconocimiento de voz en Android, un desconocido me preguntó una dirección por la calle. No la sabía, pero tenía Google Maps, así que saqué el teléfono y le pregunté la dirección de viva voz. En unos segundos, el mapa ya me mostraba el camino para llegar. Cuando levanté la mirada de la pantalla, aquel desconocido me estaba mirando con la boca y los ojos muy abiertos, probablemente decidiendo si señalarme y empezar a gritar "¡brujería!", o no.

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Ha llovido mucho desde entonces, y ya nadie se sorprende de los sistemas de reconocimiento de voz, La posibilidad de hacer una búsqueda recitando una cadena larga de palabras (como una dirección), en vez de escribiendo penosamente en el móvil es sencillamente maravillosa. Y es más maravilloso aún que funcione a la primera y sin errores.

La pregunta equivocada

Sin embargo, la experiencia maravillosa de buscar una calle en Google Maps comienza a tornarse un auténtico fastidio cuando pasamos de recitar una simple dirección, a intentar usar un asistente de voz para tareas más complejas o sutiles.

Desde que Apple lanzó Siri, he tenido la oportunidad de probar todos los principales asistentes de voz que existen. Ninguno me convence y, al poco de hacer las pruebas pertinentes, acabo por dejar de utilizarlo. Mi problema es que, cada vez que los uso, tengo la malsana sensación de estar hablando con Pensamiento Profundo. Yo le pregunto por el sentido del universo, la vida, y todo lo demás, y el maldito me responde "42".

Igual que el ordenador resabido y pedante imaginado por Douglas Adams, Siri, Cortana y Google Now se empeñan en ofrecerme una respuesta correcta, pero que no me sirve de nada. Seguramente la culpa es mía, porque no hago las preguntas adecuadas. Debo reconocer que los sistemas de inteligencia artificial han mejorado mucho, pero aún no son tan agudos como para contextualizar lo que les preguntamos y dar una solución realmente completa o satisfactoria.

Un futuro prometedor, pero aún lejano

No niego que Echo es una excelente forma de resolver dudas a preguntas sencillas tipo trivial, pero el ser humano se guía, fundamentalmente, a través de la vista, e Internet es un medio sobre todo visual. Eso deja muchos contenidos fuera del alcance del nuevo invento de Amazon, a menos por supuesto que comience a integrarse con otros dispositivos, y ahí la universalidad es clave. Si solo puede funcionar con tabletas Kindle no servirá de nada.

En este sentido, muchos encontramos más cómodo buscar una receta de cocina y dejarla en la pantalla de la tableta para consultar a medida que la elaboramos. De poco sirve que Echo nos dicte la receta si al cabo de 10 minutos no recordamos el tercer ingrediente. ¿Sabrá el nuevo dispositivo contestarnos si le preguntamos por él, o nos responderá el "42" de turno? Eso no lo sabremos hasta que probemos su IA en profundidad.

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No es la primera vez que vemos una plataforma basada en la voz que no obtiene el arrollador éxito esperado. El nuevo Kinect es un buen ejemplo de ello. Pese a ello, no todo está perdido para Echo. Quizá su éxito no venga como gestor de contenidos por sí mismo, sino como el corazón de un hogar conectado que no acaba de llegar. Un cilindro negro que solo responde a preguntas genéricas y me deja comprar en Amazon no me resulta interesante. Ahora bien, un cilindro negro al que poder decirle "Apaga las luces del salón, que se me ha olvidado", "pon en marcha la cafetera a las 7:00" "pon a grabar el capítulo 9 de The Strain" o "pídeme una pizza donde siempre"... Eso lo firmo ya.

En ese sentido, Amazon ha dado un primer paso que ni Google, ni Apple ni Microsoft han sabido ver, y eso que sus asistentes de voz están mucho más avanzados. Ese paso es independizar el asistente del smartphone o tableta en el que vivía hasta ahora. Lo que haga ese asistente con su recién ganada independencia solo el tiempo lo dirá.

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