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Que el aire de la montaña es sano es algo que ya sospechaba la sabiduría popular, pero ¿cómo de sano? El primer estudio serio sobre el impacto de la altitud en la sangre revela que el cuerpo humano no solo se adapta más rápido de lo que se pensaba a la altura, sino que sus efectos duran mucho.

Cuando los seres humanos suben a ciertas altitudes, su organismo debe adaptarse a un entorno mucho menos rico en oxígeno. Durante décadas, la hipótesis era que, para completar esa adaptación, el cuerpo generaba toda una remesa de nuevos glóbulos rojos capaces de asimilar oxígeno con mayor efectividad. El problema de esa teoría es que es aplicable a personas que vivan en la montaña, como los tibetanos, pero no explica los cambios en los montañeros que solo pasan unos días a esa altitud. Aunque en el organismo se generan dos millones de nuevos glóbulos rojos cada segundo, para sustituir completamente todos ellos harían falta varias semanas arriba.

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Robert Roach es el jefe de un programa que estudia los efectos biológicos de la altitud en la Universidad de Colorado. Para examinar cómo cambia la sangre en la montaña. Roach y su equipo enviaron un grupo de 21 deportistas (12 hombres y 9 mujeres) a un campamento en el monte Chacaltayaa (Bolivia) a 5.260 metros, durante una semana.

El equipo de Roach analizó la sangre de los atletas antes de subir, durante los días que permanecieron allí, y semanas después de bajar. Resulta que no es que la sangre genere nuevos glóbulos rojos al entrar en un entorno pobre en oxígeno. Es que los glóbulos que ya tenemos sufren cambios que comienzan desde el momento en que llegamos a la montaña y cuyos efectos se prolongan semanas e incluso meses más tarde. Tras haber vuelto a una altitud normal, el organismo mantiene la capacidad de absorber oxígeno extra durante mucho tiempo.

Aparte de confirmar los beneficios para la salud que tiene el montañismo, el estudio servirá para crear nuevas técnicas con las que paliar los efectos que tiene en el organismo las pérdidas de sangre masivas en caso de accidente. [vía Science Alert]