Cuando vas a una fiesta de disfraces sabes que el chicle envenenado es de broma y que esas cuchillas de afeitar escondidas en un caramelo son de mentira. En Japón vivieron durante un tiempo con el temor de que todos sus supermercados estuvieran envenenados. Nunca se supo quién originó el miedo.

Ocurrió hace más de 30 años en gran parte de Japón. Muchos de los ciudadanos de varias zonas del país vivieron con ese miedo irracional producto del terror a una realidad atroz. A lo largo de un año y medio un grupo críptico de personas logró chantajear a muchas de las grandes compañías del país.

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Lo hacían de la peor de las maneras, llenando los estantes de los supermercados con bombones de cianuro. Este grupo de personas escribió una serie de cartas elaboradas donde se burlaban detallando sus hazañas, crímenes contra la salud pública que fueron publicados en la mayoría de los periódicos nacionales.

El grupo siempre consiguió huir de la policía y hasta el día de hoy, nadie sabe quién o quienes formaban parte.

Hablamos del grupo conocido como “El hombre misterioso con 21 caras”.

El secuestro de Izaki

Logo de Glico. Wikimedia Commons

El 18 de marzo de 1984 Katsuhisa Ezaki regresó a casa después de un largo día en la oficina. El hombre se quita el traje y se da un baño caliente después de una jornada estresante. Ezaki llevaba dos años como presidente de Ezaki Glico, una corporación millonaria con sede en Osaka. Una compañía que había vendido de todo, desde helados hasta hamburguesas pasando por sus productos estrella, los dulces Pucchin Puddings, caramelos Glico y chocolates Pucchin.

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Cuando Ezaki no llevaba más de unos minutos en el agua escucha unos ruidos extraños desde el otro lado de la mansión. De repente, dos hombres armados y encapuchados irrumpen en el baño y comienzan a arrastrarlo fuera de la bañera. Los hombres lo cogen por los pelos y tiran con fuerza de él, Ezaki grita de dolor y pide socorro. Desgraciadamente para el magnate, aquellos tipos se habían adelantado. Habían cortado la línea de teléfono y atado a su esposa e hija, incluso habían entrado en la casa anexa donde vivía su madre y la habían atado a una cama.

Tras unos minutos de forcejeo los tipos golpean a Ezaki contra el suelo y le lanzan un abrigo y un sombrero. Desde la casa es trasladado a un almacén aislado y anónimo, un espacio oscuro que el hombre de negocios no reconocía. Allí lo encerraron y lo dejaron solo.

A la mañana siguiente, mientras la policía buscaba algún rastro de su paradero, un hombre encuentra una nota de rescate en una cabina telefónica. En la nota se podía leer que los supuestos secuestrados pedían mil millones de yenes junto a 200 libras de lingotes de oro.

Los detectives ya tenían algo a lo que agarrarse, comenzaron las investigaciones y a los dos días Ezaki aparece. El hombre había logrado escapar del almacén. Los periódicos y la propia policía se congratulan y piensan que faltan horas para detener a los malhechores y poner punto y final al crimen.

Ocurre que aquel incidente fue sólo el principio. Aquello fue el aperitivo.

Pánico en los dulces Glico

Tres semanas más tarde la mayoría de los periódicos en Japón recibieron copias de una extraña carta. En la misma se podía leer que iba dirigida: “A la estúpida policía” y comenzaba de la siguiente manera:

¿Sois idiotas? Si de verdad fuerais profesionales seríais capaces de atraparnos. Como vemos que sois tan torpes y que parten con desventaja, vamos a darles algunas pistas.

La carta pasaba a dar más detalles sobre el crimen: el coche de la huida era gris y habían comprado comida en Daiei Supermarket (una de las cadenas más grandes en Japón). La misiva terminaba con una pregunta: “¿Deberíamos secuestrar al jefe de la policía?”. La carta estaba firmada con la misteriosa firma de “El hombre misterioso con 21 caras”.

Al día siguiente los periódicos publicaron la carta. A lo largo de los meses siguientes publicaron todos los informes que los criminales iban lanzando. Había decenas de cartas, todas llenas de burlas, chistes y pistas inútiles. Algunas sirvieron para incitar a la policía. Otras revelaron otros posibles crímenes: en una en especial, enviada a mediados de mayo, la banda alegaba que habían introducido varios paquetes de dulces Glico con cianuro. No especificaron qué clase.

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Rápidamente las preocupaciones pasaron a Ezaki Glico y sus dulces. Las investigaciones y análisis en los meses siguientes dieron negativo para el cianuro pero no pudieron rescatar la reputación de la compañía. Los ciudadanos en Japón, asustados por el posible veneno, participaron en el boicot a Glico iniciado por los criminales.

Glico. AP

Aquel grupo misterioso había capturado la imaginación pública. Todas las casas, en cada uno de los hogares de Japón, se hablaba sobre ese grupo de terroristas a los que la policía no podía capturar.

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¿Por qué? Muchos ven, pasado el tiempo, que sus cartas y tácticas eran teatrales y mórbidamente fascinantes. Solían exigir enormes cantidades de dinero en efectivo, pero luego nunca llegaban a recogerlo. Incluso una vez llegaron a instruir a los empleados de Glico a aparecer en una cabina telefónica en particular en un momento determinado para recibir un mensaje. Cuando la policía disfrazada apareció en lugar de los trabajadores, el grupo no llamó. En cambio, al día siguiente escribieron a los medios:

Pensaban que podrían engañarnos vestidos con los trajes de vuestros hombres asalariados. Nosotros les estamos observando y lo cierto es que no recordamos un caso en el que la policía haya quedado tan retratada como estúpidos.

Sin embargo, sí había alguna pista. Las cartas fueron escritas en un dialecto asociado a Osaka, la tercera ciudad más grande de Japón y la misma que se veía como una ciudad nada pretenciosa o hasta cierto punto anti-capitalista si se quiere. Comparado con la formalidad del japonés estándar, a la jerga de Osaka se le reconoce por una mayor calidez e incluso sentido del humor. No en vano, la ciudad se ha asociado desde siempre con la comedia y los comediantes en el país.

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En junio de 1984 llegaba una nueva carta dirigida, aunque en este caso a “nuestros fans y seguidores en todo Japón”. En la misma se hablaba de terminar con el tormento de Glico y su presidente: “El presidente de Glico ya ha sufrido durante el tiempo suficiente. Nos gustaría perdonarlo”. Además terminaban con una extraña promesa en la que se leía:

Japón se ha puesto terriblemente caliente y húmedo. Así que cuando se termine nuestro trabajo aquí, queremos ir a Europa: a Ginebra, París, Londres… estaremos en uno de esos lugares ... y llevaremos los deliciosos productos de Glico. Nos vemos en enero del próximo año.

El ataque a Morinaga

Dulces japoneses para niños. Wikimedia Commons

Lo cierto es que el grupo regresó mucho antes. En septiembre llamaron a Morinaga, otra compañía de dulces muy famosa en Japón, y pidieron 400 mil dólares. La compañía no cumplió, así que el 8 de octubre de 1984 los periódicos japoneses recibieron otra carta donde decía:

A todas las madres de Japón:

En otoño, cuando el hambre y el apetito son fuertes, los dulces son realmente deliciosos.

Cuando piensas en dulces, no importa lo que digas, piensas en Morinaga.

Hemos añadido un sabor especial.

El sabor del cianuro de potasio es un poco amargo.

No causará caries dental, así que compre los dulces para sus niños.

Hemos adjuntado un aviso sobre estos dulces amargos que contienen veneno.

Hemos puesto veinte cajas en tiendas de Hakata a Tokio.

La policía actuó rápidamente. La primera medida fue rodear las tiendas de comestibles en las ciudades de Kyoto, Osaka, Kobe y Tokio. Luego recorrieron las estanterías de los dulces en busca de los paquetes envenenados. Y efectivamente encontraron las cajas de Morinaga que el grupo había mencionada en la misiva. Las cajas incluían una etiqueta donde se podía leer:

Peligro, contiene veneno. Morirás si comes esto. El hombre misterioso con 21 caras.

Lo cierto es que tras realizar las pruebas posteriores, estaban en lo cierto, aquellos dulces dieron positivo al cianuro. En cuanto a Moriga, tal y como ocurrió con Glico, la acción supuso la caída de la compañía. Las acciones cayeron en picado y las posteriores cartas del grupo prometían que si los supermercados no comenzaban inmediatamente a boicotear a la compañía, aparecerían nuevas cajas, y esta vez sin etiquetar, “va ser una verdadera búsqueda del tesoro”, llegaron a deslizar.

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Entonces la policía se movilizó como pocas veces antes. Tomando nota de que en el pasado habían atacado los sábados y domingos, alrededor de 40 mil oficiales (el 20% de las fuerzas policiales de Japón) se pasaron varios fines de semanas en fila en torno a los supermercados.

Policía en Japón. AP

También retrocedieron unos meses y examinaron minuciosamente todos los vídeos de vigilancia de los supermercados. Allí encontraron una pista, un hombre con el pelo rizado, gorra de béisbol y gafas poniendo algo en un estante. Incluso trazaron la procedencia de la máquina de escribir en la que se habían escrito las cartas. También liberaron el audio de la llamada telefónica de chantaje a Morinaga en la que había una mujer y un niño que exigían dinero y establecieron líneas telefónicas especiales para que la gente pudiera llamar y escucharlas.

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Pero cada pista terminaba en un callejón sin salida, con cartas donde el grupo terminaba burlándose de la investigación. Al contrario, continuaron exigiendo dinero de las compañías de dulces como los 100 millones de yenes que pidió a Fujiya Co. o los 50 millones de yenes a Surugaya.

En agosto de 1985 se produjo un momento trágico de la investigación. Shoji Yamamoto, el jefe de la policía de la Prefectura de Shiga, el mismo que se culpaba a sí mismo y a sus subordinados por no capturar al grupo durante las investigaciones, se humedeció el cuerpo con queroseno y se quemó vivo.

Incluso para el grupo aquello fue demasiado lejos. Cinco días después enviaron su última carta donde decían:

Yamamoto murió como un hombre. Así que decidimos dar nuestras condolencias. También decidimos olvidarnos de torturar a las empresas productoras de alimentos ... Somos chicos malos. Esto significa que podemos hacer otras cosas que no sean a través de la intimidación. Es divertido conducir por el lado salvaje de la vida.

El hombre misterioso con 21 caras

Y tras esta última carta desaparecieron. Durante los años siguientes la policía siguió buscando pistas e interrogando a posibles sospechosos. Algunas pistas apuntaban a los Yakuza. Otros sugirieron que se trataba de grupos extremistas de izquierda o de derecha, quizás comunistas norcoreanos. En total, la policía investigó a 125.000 personas y dio seguimiento a más de 28 mil mensajes.

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Pero no encontraron nada.

Hoy ha pasado mucho tiempo desde aquellos crímenes. Tanto, que en el año 2000 expiraron los casos de los dulces envenenados, así que incluso si se identificara hoy, el grupo no podría ser acusado ​​ni juzgado. Desde entonces, en Japón se sabe que una o más personas un día sembraron el terror en todo el país como pocas veces alguien lo hizo.