El 30 de marzo de 2017, un dibujante estadounidense llamado Jayme Gordon se enfrenta a una sentencia que podría alcanzar los 25 años en prisión. Es el final de una historia que comienza con Gordon tratando de sacarle 12 millones de dólares a Dreamworks por la película Kung Fu Panda.

En 2008 Gordon interpuso una demanda en la que aseguraba que el popular estudio de animación le había copiado los personajes y la historia. A medida que avanzó el juicio las pruebas que el dibujante aportaba para demostrar esa supuesta vulneración de Copyright resultaban cada vez más sospechosas.

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Jayme Gordon aseguraba ser el propietario de un personaje llamado Panda Power en los años 90. Sin embargo, nunca registró ese nombre hasta 2008, poco tiempo después de ver el tráiler de Dreamworks. En esa solicitud de propiedad intelectual, el personaje pasó a llamarse misteriosamente Kung Fu Panda Power.

Cuando el juicio comenzó a torcerse, el dibujante instaló una aplicación llamada Permanent Eraser y comenzó a eliminar numerosos archivos de su disco duro. En abril de ese año llegó a borrar completamente toda su información. La maniobra no evitó que los abogados de Dreamworks encargados del caso descubrieran que los bocetos de Kung Fu Panda Power ni siquiera eran suyos. En un delicioso colmo del descaro, los había copiado de un libro para colorear de Disney comprado en eBay en 1996.

Los bocetos de Gordon, comparados con los del libro que copió

El juzgado de Boston encargado de la demanda es uno de los más combativos con los delitos contra la propiedad intelectual, motivo por el que Gordon lo eligió en primer lugar. El caso del dibujante contra Dreamworks ya se ha cerrado sin sentencia favorable al dibujante. El estudio se ha gastado tres millones de dólares en su defensa y no será posible recuperarlos.

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Ahora Gordon se enfrenta a una demanda por fraude, ocultación de pruebas y perjurio que muy seguramente acabe con sus huesos en la cárcel durante unos cuantos años. El caso no es más que otra prueba más de que algo tiene que cambiar en los tribunales cuando se trata de aceptar a la ligera demandas por copyright. [vía Cartoonbrew]