Imagen: Juan Gaertner/ Shutterstock

Dice la gracieta popular que las calorías son unos bichitos que entran por las noches en los armarios y encogen la ropa. El humor cobra un inesperado sentido real en un reciente estudio publicado en Nature que explica cómo otros bichos muy distintos nos la juegan cuando dejamos de hacer dieta.

Esos bichitos no son otros que nuestra propia flora intestinal. ¿Te pasas meses haciendo dieta y cuando por fin la dejas no solo vuelves a engordar sino que acabas peor que cuando empezaste? Un equipo de científicos del Instituto Weizmann, en Israel, acaba de descubrir que el temido efecto rebote no se debe (al menos no solamente) a que volvamos a una dieta elevada en calorías. Las culpables de la pesadilla de millones de personas con exceso de peso que se esfuerzan por reducirlo son las bacterias que habitan nuestro intestino y que conocemos como flora intestinal.

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La flora intestinal es un conjunto de más de 2.000 tipos bacterias que viven en nuestro aparato digestivo (especialmente en el intestino) y trabajan en simbiosis con nosotros, permitiéndonos sintetizar determinados nutrientes o procesar los alimentos con mayor eficacia. Solo un puñado de especies de la flora intestinal como la Escherichia coli pueden ser dañinas si salen del ecosistema en el que viven habitualmente (Esa es la razón principal por la que hay que lavarse las manos después de pasar por el retrete).

Escherichia coli vista al microscopio. Foto: Wikimedia Commons.

Aunque estas bacterias no son imprescindibles para nuestra supervivencia, sí que son muy beneficiosas. Desgraciadamente tienen un problema: no aprenden tan rápido como nosotros. En experimentos realizados con ratones, el equipo de Weizmann ha descubierto que la flora bacteriana contribuye a que recuperemos peso de forma excesiva porque no aprende lo bastante rápido a procesar los alimentos como una persona delgada.

En los meses siguientes a terminar una dieta, la flora intestinal aún retiene algo que los investigadores llaman “memoria de obesidad”. En otras palabras, aunque nuestro organismo ya se ha acostumbrado a procesar menos comida, las bacterias siguen funcionando como si no fuera así, ayudando a asimilar más nutrientes y grasas de los necesarios.

Foto: Shutterstock

El equipo no solo ha probado que el papel de la flora intestinal es mucho más importante de lo que se creía en este temido efecto rebote, sino que ha desarrollado un algoritmo capaz de prever, en ratones, cuál será el aumento de peso en función de la composición de su flora intestinal. Además, los investigadores han logrado aislar las moléculas de origen vegetal (dos tipos de flavonoides) que contribuyen a quemar energía y que las bacterias que aún no se han acostumbrado a la nueva situación destruyen en exceso.

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El estudio será de vital importancia para incorporar nuevos tratamientos a las dietas tradicionales que impidan que la flora intestinal nos haga ganar más peso del necesario. Por supuesto, también hay que poner un poco de nuestra parte y no atiborrarnos a hamburguesas nada más salir de la dieta. [Nature vía Medical Express]