Imágenes vía Twitter

Un fuerte terremoto de magnitud 8.2 con epicentro en la costa de Chiapas se pudo sentir en México y Guatemala a las 23:49 del jueves. Hay quince muertos confirmados mientras se espera que un pequeño tsunami alcance el litoral. Entretanto, otro fenómeno llama la atención en redes sociales.

A medida que muchos salían a la calle durante el sismo más fuerte que ha sacudido México desde 1985, otros miraban atónitos al cielo e incluso grababan con sus teléfonos cómo se iluminaban las ciudades. Los resplandores aparecieron durante el pico de la sacudida. No eran relámpagos porque no había ninguna tormenta. Tampoco eran transformadores cortocircuitándose (aunque sí los hubo) porque el cielo se encendió en distintas partes del país. Este extraño fenómeno se conoce como “luces de terremoto” y es parecido en apariencia a una aurora boreal. Los sismólogos no están seguros de por qué ocurre, pero tienen algunas pistas.

Las luces de terremoto se ven en menos del 0,5% de los terremotos. A menudo duran una fracción de segundo. Un estudio publicado en 2014 se remontaba al año 1600 para registrar 65 observaciones, incluidas las del gran terremoto de 1906 en San Francisco, 2007 en Perú y 2009 en Italia. Una observación más reciente fue la de 2016 en Nueva Zelanda. El 97% de los casos documentados se dieron en fallas que estaban en placas continentales —en lugar de zonas de subducción, donde una placa se hunde bajo la otra.

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En aquel estudio, el cristalógrafo Friedemann Freund de la NASA y sus colegas se preguntaban si las luces de terremoto eran el resultado de una carga eléctrica producida por cierto tipo de roca bajo gran estrés tectónico. “Las cargas pueden combinarse y formar una especie de estado similar al plasma, que puede viajar a velocidades muy altas y estallar en la superficie para producir descargas eléctricas en el aire”, explicó Freund a la revista National Geographic.

Para comprobarlo, el físico Troy Shinbrot llenó varios recipientes con harina y los agitó hasta que aparecieron grietas. El científico observó que su experimento generaba cientos de voltios de tensión eléctrica, y concluyó que incluso los pequeños deslizamientos del suelo pueden cargar la tierra. Lo mismo que un rayo, pero con la carga acumulándose en el suelo en lugar de las nubes.

Shinbrot aludió a un fenómeno luminoso conocido como triboluminiscencia. De nuevo, no es algo que los científicos entiendan del todo, pero ocurre con materiales cuya estructura cristalina hace que los electrones sean arrancados de sus átomos. La triboluminiscencia es observable, por ejemplo, cuando aplastas un caramelo en la oscuridad con un martillo y aparece un pequeño rayo de color azul.