Enfado. AP

¿Te has parado a pensar cuantas veces al día dices una palabrota, una frase obscena o todo aquello que se suele etiquetar como ordinario? Resulta que la ciencia nos viene a decir ahora que, contrario a lo que se suele pensar, el uso de este vocabulario es un signo de inteligencia más que de lo contrario.

Lo cierto es que el uso de este tipo de lenguaje casi siempre se ha visto con connotaciones negativas hacia aquel que las repite con asiduidad. Por regla general se tiende a pensar que quien utiliza palabrotas de forma natural demuestra una carencia en su vocabulario, quizás porque no sabe hacerlo de otra forma, lo que llevaría a pensar que incluso carece de cierta inteligencia.

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Y resulta que no, o al menos no en todos los casos. Los estudios recientes han demostrado que ser grosero en ocasiones o utilizar palabras obscenas puede indicar la inteligencia de dicha persona. Mientras que ser un grosero puede convertirse en un hábito, el uso de estas palabras y expresiones pueden formar parte de diversos contextos o propósitos, además del enfado o las ganas de ser desagradable.

Por ejemplo para expresar emoción en un momentos dado o simplemente como broma para reírse ante una situación. Veámoslo con pruebas.

¿Eres rápido diciendo palabrotas?

De hecho, un estudio realizado por los psicólogos del Marist College en Estados Unidos encontró vínculos entre lo fluido que una persona habla el idioma inglés con el uso de palabras obscenas. En primer lugar en cuanto a la fluidez verbal, la cual se podía medir pidiendo a los voluntarios que piensen en un minuto en tantas palabras como puedan que empiecen por una letra del abecedario.

Aquellas personas con mayores habilidades lingüísticas generalmente acababan con un mayor número de palabras. Así que sobre la base de este enfoque pasaron a realizar una tarea de fluidez con palabras obscenas. Dicha tarea consistía en que los voluntarios debían enumerar tantas palabras groseras como pudieran en un minuto. ¿Qué ocurrió?

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Que al comparar ambas puntuaciones, tanto la de fluidez verbal como la de las palabras obscenas, los que tuvieron mayor puntuación en fluidez verbal también fueron los mejores siendo groseros. Por el contrario, aquellos que sacaron una puntuación baja en fluidez verbal también lo hicieron con las palabrotas.

Dicho de otra forma, los resultados sugerían que utilizar un lenguaje grosero u obsceno no es simplemente un signo de pobreza lingüística, de falta de vocabulario o de baja inteligencia. También parece ser una característica del lenguaje de aquel que se comunica con gran eficacia. Y en realidad y como veremos a continuación, el uso de ese lenguaje malsonante iba a significar mucho más que una simple comunicación.

¡Joder! Como síntoma de alivio

Josh Pastner. AP

La siguiente prueba consistía en que los voluntarios debían mantener la mano en agua helada durante el tiempo que pudieran y mientras podrían dar rienda suelta a todos los juramentos en arameo que supieran. Poco después un grupo debía realizar el mismo ejercicio, aunque esta vez no podían hacer uso de palabras groseras. En ambos casos se controló la frecuencia cardíaca de los participantes.

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Los resultados demostraron que aquellos que hicieron uso de las palabrotas resistieron el dolor del agua helada durante más tiempo. De hecho lo calificaron posteriormente como “menos doloroso” y mostraron una mayor frecuencia cardíaca en comparación con aquellos que no podían hacer uso del arameo.

En este caso los resultados sugieren que tuvieron una respuesta emocional al uso de palabras groseras junto a la activación del mecanismo de defensa natural que no sólo libera adrenalina y acelera el pulso, sino que también incluye un alivio del dolor natural conocido como analgesia inducida por el estrés.

En definitiva, el estudio demuestra que en el uso de estas palabras o expresiones hay mucho más que causar ofensa o una falta de lenguaje. En realidad el estudio nos está demostrando la gran riqueza que es el propio lenguaje (en este caso el inglés) y el sofisticado juego de herramientas que hay detrás de cada uno. Herramientas de las que queda claro que el lenguaje malsonante u obsceno también forma parte.

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De hecho no puede ser más cierto. Fijaos en las muertes de las películas o en la últimas palabras de los pilotos recogidas en las cajas negras tras un accidente. Casi siempre hay una de estas expresiones antes del momento final.

No puede ser coincidencia que para ese momento tan importante nos acordemos que estas expresiones. Y de la madre de algún amigo. [ScienceDirect vía The Conversation]