Bob Dylan es Premio Nobel de Literatura. En los tres minutos que siguen a esa noticia he leído más de 80 comentarios, pero hay uno que condensa a la perfección los sentimientos contradictorios sobre el galardón y es: “Wow the fuck”. ¿Realmente se merece Dylan un premio nobel?

La academia de los premios resume el galardón en la siguiente explicación: Por haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición musical norteamericana. Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, ahonda un poco más en esta frase explicando en una entrevista que Dylan “es un gran poeta” y que “lleva 54 años reinventándose, creando una nueva identidad”. Si no conoces la obra de Dylan, la secretaria recomienda empezar por Blonde on Blonde, su séptimo álbum de estudio lanzado en 1966. Tiene canciones como I want you, Just like a woman y Rainy Day Women.

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Dylan es el primer músico que gana el premio Nobel de Literatura en la historia y eso resulta muy sorprendente por su propia novedad, pero nada más. La realidad es que su nombre lleva sonando para los premios Nobel desde 1996. Los más familiarizados con las votaciones de la academia sueca aseguran que en 2011 y 2013 estuvo a punto de recibir el premio.

Aparte del Nobel, Dylan tiene ya en su haber 12 premios Grammy, un Golden Globe, el Pulitzer, el Príncipe de Asturias, la Orden de las Artes y las Letras, y la Medalla Presidencial de la Libertad concedida por Barack Obama.

Foto: AP Images

Si nos sorprendemos ante la noticia del Nobel a Dylan es porque tenemos la mala costumbre de considerar las artes en general (y la música en particular) como algo fácil. Todo el mundo canta, así que cantar es fácil. No todo el mundo diseña puentes, así que ser ingeniero es difícil. Esta falacia argumentativa se extiende a cualquier cosa que se pueda hacer (mejor o peor) sustituyendo una formación técnica de varios años por el más minimo talento natural, desde el diseño gráfico (Si me hubieran dado un euro cada vez que oía la muletilla: “eso es fácil” de boca de un cliente que pedía una modificación en un trabajo, ahora sería millonario) a la poesía o la prosa.

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El hecho de que haya centenares de cantantes de obra muy simple saturando las listas de éxitos no ayuda a ver la música como un arte mayor. Afortunadamente, la academia de los premios Nobel sabe que no es lo mismo cantar en la ducha que transformar por completo la música folk, que no es lo mismo escribir un tuit que una novela, y que no es lo mismo “A mi me gusta la gasolina. Dame más gasolina” que “The Times They are a-Changin”.

Dylan ha recibido un Nobel porque se lo ha ganado a pulso. Fin de la historia. Lo triste es que haga falta explicarlo.