Foto: Sam Cox / Flickr, bajo licenci Creative Commons.

Cae una buena tormenta después de semanas sin llover y es difícil no abrir la ventana para disfrutar de ese maravilloso olor dulzón, como a tierra húmeda, que impregna el aire, pero ¿un momento? ¿Qué es lo que hace que el aire huela tan bien en primer lugar?

La respuesta, como todo en la naturaleza, no es tan agradable como cabe suponer. El olor a tierra que percibimos proviene de un compuesto que segregan millones de bacterias llamado geosmina.

La principal responsable de la geosmina es la Streptomyces coelicolor o Bacteria de Albert, aunque también la producen otras cianobacterias y algunos hongos que viven en el suelo y que se activan cuando la tierra se moja. La sustancia y las bacterias que la segregan no solo son inocuas para el ser humano, sino que además sirven para obtener una larga lista de fármacos entre los que se cuentan agentes antibacterianos como la tetraciclina, la eritromicina, la rifampicina o la kanamicina, y sustancias antifúngicas como la nistatina. Hasta es la base de algunos agentes antitumorales o inmunosupresores. La Streptomyces coelicolor es, en definitiva, un auténtico filón para la medicina.

Advertisement

Advertisement

La geosmina no solo está presente en las partículas que flotan en el aire tras un buen chaparrón. También es la sustancia que da a la remolacha su característico olor a tierra, y está presente en el aroma de algunos vinos.

La cuestión que no se conocía hasta ahora era como la geosmina logra dispersarse tanto en la atmósfera cuando llueve. Un equipo de investigadores acaba de publicar un estudio en Nature que explica esta dispersión en detalle.

Usando cámaras de alta velocidad y tinta fluorescente, los investigadores han grabado lo que ocurre cuando las gotas de agua impactan sobre el suelo repleto de bacterias. Resulta que en su caída, la gota de agua atrapa diminutas burbujas de aire y las aplasta contra el suelo. En cuanto la gota se estabiliza, las burbujas ascienden a la superficie y explotan, proyectando diminutos chorros que lanzan partículas de agua al aire.

Sponsored

Cada una de estas partículas transporta miles de bacterias que pueden sobrevivir hasta una hora en el aire y que son las responsables del olor a tierra fresca que notamos cuando llueve. El siguiente paso de los investigadores ahora es determinar qué distancias pueden recorrer esas bacterias antes de morir o volver a posarse en el suelo. De momento, ya sabemos a qué huele cuando llueve. Podemos respirar tranquilos. [Nature vía NPR]