Imagen: Carlos Zahumenszky

El Nokia 3310 es mucho más que un teléfono. A estas alturas, y convertido casi en leyenda, el 3310 es un símbolo. De indestructibilidad, de resistencia y de longevidad. El 3310 es un meme. Lo que Nokia ha presentado hoy, más que un digno heredero, pasará a la historia como un intento fallido de llamar la atención.

Este arrebato de bilis contra el recién llegado no es gratuito. Creo que había varios caminos que Nokia podía haber tomado a la hora de resucitar el dispositivo. Uno de ellos pasaba por convertir el 3310 en un nuevo símbolo adaptado a la señal de los tiempos: moderno, con su limitada pero acertada oferta de conectividad y con un perfil discreto.

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Otro, el que Nokia parece haber tomado, se limita simplemente a tirar de nostalgia y presentar casi lo mismo con un lavado de cara, cámara y una pantalla a color. El resultado es un teléfono muy barato (por $50 dólares puedes tener uno, eso sin contar que bajen de precio), fiel a alguna de las indiscutibles ventajas de su predecesor (como la eterna duración de la batería) pero extremadamente limitado en cuanto a todo lo demás. No hay WhatsApp, ni Facebook ni nada de lo que para muchas personas hoy, y no hace 17 años, define lo que es un teléfono móvil.

Está claro que la limitación en prestaciones ha dado como resultado un teléfono muy asequible y con una batería envidiable. El problema es que eso son los términos que definían el éxito casi dos décadas atrás. En pleno siglo XXI, la simple ausencia de aplicaciones es más que suficiente para condenar a un terminal a la irrelevancia o al mercado de nicho, uno en el que el 3310 se diluirá poco a poco.

Es discutible, desde luego, pensar que lo que Nokia busca con el Nokia 3310 renacido de sus cenizas sea algo parecido al éxito. En mi cabeza se aproxima mucho más a una maniobra de marketing. El problema es que, cinismos y pesadumbres aparte, todavía sigue habiendo un hueco inmenso para un Nokia 3310 simple, resistente, duradero y con “lo básico”: WhatsApp, Facebook y un navegador.

No ha ocurrido esta vez, quizá el año que viene. Mi duda es si dentro de 365 días seguiremos hablando de este nuevo intento o, en su lugar, compartiendo y recordando los buenos viejos tiempos del primigenio 3310, los mismos que Nokia ha fallado hoy en rescatar.