Hemos visto esa escena cientos de veces en el cine. Una larga línea de arqueros prepara sus flechas, las prenden mediante antorchas en el suelo y liberan una mortífera lluvia de fuego sobre el campo de batalla que hace caer a hombres y bestias envueltos en llamas. Es muy bonito todo salvo por un detalle: esa escena nunca hubiera ocurrido en el mundo real.

Tradicionalmente, el cine nunca se ha preocupado mucho por el rigor histórico o científico. Un buen ejemplo de ello son los combates a espada reales que tienen muy poco que ver con las exuberantes coreografías que vemos las películas. Sin embargo, el caso de las flechas incendiarias es especialmente flagrante porque el cine prácticamente ha creado el mito por su cuenta.

En la edad media, y hasta la invención de la pólvora, los regimientos de arqueros eran muy valorado por el tremendo alcance de sus flechas y la capacidad de estas de atravesar algunos tipos de armadura. Añadir fuego a las flechas parece una buena idea hasta que descubres que hacerlo obliga a eliminar estas ventajas. En este vídeo de Lindybeige se explica en detalle cuál es el problema, o más bien, los problemas:

Prender fuego a una flecha convencional solo sirve para que este se apague nada más dispararla por mucho que utilicemos brea u otra sustancia combustible. Para que el fuego se mantenga es preciso envolver la punta en una cantidad de combustible considerable, lo que echa a perder su capacidad para penetrar armaduras o provocar heridas mortales.

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A ello se une otro problema: el fuego puede dañar fácilmente el arco o a su portador. Para asegurar que no se acerca demasiado, los diseños de flecha incendiaria son considerablemente más largos y tienen un cabezal metálico también más alargado. Ambos factores incrementan tanto el peso que obligan a fabricar un mástil más grueso. A la postre, tenemos un proyectil tan pesado que se pierde toda la ventaja del alcance si se trata de disparar desde un arco convencional.

Por supuesto, está la opción de recurrir a arcos más grandes oa compuestos químicos que logren mantener la llama con relativamente poco combustible desde que se prende hasta que alcanza el blanco. El problema es que las pruebas que se han hecho hoy en día con flechas incendiarias reconstruidas a partir de los modelos originales arrojan una tasa de éxito de solo el 2%.

Por supuesto, existieron flechas incendiarias, pero ¿Para qué se utilizaban entonces? La respuesta es para asedios y batallas navales. Aunque eran un proyectil muy poco efectivo para prender fuego a nada, su uso inmediatamente antes de la batalla servía para mantener a los hombres del castillo o del otro barco ocupados en apagar las flechas por si acaso, y aún así, nunca se emplearon de forma masiva.

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Lo que es completamente absurdo es emplear este tipo de proyectil en una batalla a campo abierto contra tropas. Por mucho que Holywood se empeñe en convencernos de lo contrario. Los guerreros con armadura completa, los bárbaros envueltos en pieles o los caballos no estallan en llamas como si fueran latas de gasolina ambulantes. [vía Lindybeige]


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