Es prácticamente imposible pelar una naranja sin ensuciarse las manos, y descubrir por qué puede ayudarnos —por ejemplo— a fabricar mejores inhaladores para asmáticos. Un grupo de investigadores grabó a cámara lenta lo que ocurre cuando ejerces presión sobre la piel del cítrico.

Utilizaron naranjas de Valencia, naranjas Navel y limones, y calcularon la presión que se acumula en las glándulas sebáceas de su piel al apretar o doblar la cáscara. Estas glándulas son ampollas llenas de aceite que varían entre formas esféricas y casi cilíndricas. Si se produce una ruptura interna de la glándula, las células adyacentes se desintegran; pero cuando la fruta se pela, la tensión puede hacer que la glándula se rompa hacia fuera.

Los investigadores descubrieron que la flexión de la cáscara comprime el material blando que rodea las glándulas, acumulando suficiente presión en su interior para disparar el aceite a 10,5 metros por segundo (más rápido que un insecto volador o una gota de lluvia). Las gotas de aceite pasan de estar quietas a la velocidad máxima en cuestión de milímetros, lo que equivale a una aceleración 1000 veces superior a la que experimentan los astronautas durante un lanzamiento espacial.

Es difícil escapar de ese chorro pegajoso cuando pelas una naranja con tus manos, pero puede sernos útil en ingeniería. Los investigadores piensan ya en las posibles aplicaciones de un nuevo método de dispersión de fluidos basado en la piel de la naranja, como inhaladores para asmáticos cargados de bolsas de medicina explosivas. [SICB vía Science]