En la secuela de 2001: Una odisea del espacio, Dave le pide a HAL que envíe un mensaje a la Tierra: “Todos estos mundos son vuestros, excepto Europa. No intentéis aterrizar allí”. La historia de Arthur C. Clarke no asustó a la NASA, que desde hace décadas sueña con viajar a la cuarta luna más grande de Júpiter.

Qué es la misión a Europa

Europa es el lugar con mayor probabilidad de albergar vida extraterrestre de todo el sistema solar.

Tenemos que volver para confirmarlo

Europa es la pequeña de las cuatro lunas jovianas que descubrió Galileo Galilei en 1610. Cuatro siglos después, la NASA ha apartado 210 millones de dólares para explorarla y tiene previstos recibir otros 255 de aquí a 2020. Son los primeros presupuestos que permiten desarrollar una auténtica misión a Europa. Será, sin embargo, la tercera ocasión en que viajemos hasta allí.

Durante la década de los 70, la sonda Voyager 2 nos enseñó por primera vez las numerosas estrías que surcan la superficie del satélite: fracturas de una gruesa capa de hielo que está a 160 grados bajo cero. En los 90, la sonda Galileo volvió al sistema de Júpiter para descubrirnos que, debajo de todo el hielo, Europa esconde un enorme océano de agua líquida.

Europa Clipper será la tercera sonda que nos ayude a entender lo que está pasando en el satélite. Una nave cargada de sensores para estudiar de cerca la superficie de Europa y decidir cómo y dónde podemos aterrizar un robot.

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La primera misión a Europa consiste en el lanzamiento de una sonda espacial que orbite alrededor de Júpiter para realizar 45 vuelos cercanos sobre su satélite. Cada uno de esos vuelos pasará a una distancia de entre 25 y 2.700 kilómetros de Europa. La sonda, que se alimentará de energía solar, será la punta de lanza de una futura misión sobre la superficie de Europa, así que es crucial recopilar cuantos más datos podamos del satélite en el tiempo que dure la misión.

Por qué Europa

De todo el sistema solar, hay dos sitios donde es más probable que exista o haya existido vida, además de la Tierra. Uno es Marte y el otro es Europa” explica el astrobiólogo Rafael Navarro González en conversación telefónica con Gizmodo en español. “Si encontramos vida en Marte, hay posibilidades de que esté emparentada con la vida de la Tierra, a través de un intercambio de rocas con bacterias. En Europa, al estar tan alejada de la Tierra, si hay vida tuvo que ser por una segunda génesis. Sería independiente del origen de la vida en la Tierra”.

Hace unos años, este doctor en química mexicano formó parte de un comité de la NASA para plantear la primera misión a Europa, pero el proyecto tuvo que cancelarse por la falta de presupuesto en aquel momento. Actualmente, Navarro González trabaja en el laboratorio de Curiosity, el rover más avanzado que tenemos sobre Marte.

Cómo es posible que un mundo gélido tenga una masa de agua 100 kilómetros de espesor, le preguntamos. “Europa tiene una órbita elíptica alrededor de Júpiter que provoca mareas gravitacionales. La fricción en la superficie del planeta genera calor, que mantiene el agua del subsuelo en estado líquido a pesar de que Europa esté tan alejada del Sol” resume el astrobiólogo.

No sólo tenemos pruebas de que en Europa fluye abundante agua líquida, también creemos que ésta contiene una elevada concentración de oxígeno, mayor que la de nuestros océanos. Con una combinación así, los científicos imaginan ya no microorganismos, también formas de vida más complejas.

Los tres factores para la vida

El agua es condición necesaria, pero no suficiente para la vida. Para que florezca vida tal y como la conocemos hacen falta tres factores indispensables: agua, una serie de elementos químicos y una fuente de energía. En Europa hay enormes cantidades de agua y probablemente elementos como el carbono, el oxígeno, el hidrógeno, el nitrógeno, el fósforo y el azufre. Pero, ¿cuál es su fuente de energía?

En la Tierra tenemos el Sol. En las lunas de Júpiter, la luz que del Sol es demasiado débil (sin contar con que el agua líquida de Europa se encuentra a diez kilómetros bajo la superficie). No es problema. Como nos explica Navarro, “la fricción gravitacional genera ventilas hidrotermales en el fondo del océano, como las que tenemos en los océanos terrestres”.

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La energía de estas ventilas es suficiente para dar soporte a las hipotéticas formas de vida acuáticas de Europa, pero los científicos tienen otras teorías. En 2013, un estudio demostró que la superficie del satélite contiene abundante peróxido de hidrógeno; si este compuesto consigue descender al océano y mezclarse el agua, podría jugar un papel importante en la aportación de energía a los microorganismos que estamos imaginando.

Cómo vamos a averiguar si hay vida allí

El primer paso para encontrar vida extraterrestre en Europa es no contaminarla de vida terrestre. El 21 de septiembre de 2003, después de 14 años de servicio (8 en el sistema joviano), la NASA se despidió de Galileo desintegrándola contra la atmósfera de Júpiter a 48 kilómetros por segundo. Si la hubiesen abandonado sin más, cabía la posibilidad de que colisionara con Europa y la contaminara con bacterias. La NASA tiene a todo un departamento cuidando de que no contaminemos otros astros durante nuestras misiones.

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El segundo paso será mapear Europa para decidir cómo, cuándo y dónde aterrizaremos en ella (a pesar de las advertencias de Arthur C. Clarke). Nos quedará un obstáculo: para poder penetrar en el océano que esconde el satélite tendremos que llegar a más de diez kilómetros de profundidad.

¿Cómo vamos a atravesar la gruesa capa de hielo? “Se propuso mandar una sonda y que ésta arroje un proyectil a la superficie del satélite” responde Navarro.El proyectil produciría una columna de vapor al impactar en el suelo y de esa erupción podría salir agua líquida con bacterias. Sería la forma más sencilla de detectar vida en Europa”. La NASA también está probando ideas menos rudimentarias, como este robot autónomo sin cables capaz de caminar por la parte sumergida del hielo.

Una nueva era de exploración espacial

Sólo nos lleva nueve meses alcanzar Marte, pero hacen falta diez años para llegar hasta Júpiter. Para la misión a Marte, la NASA plantea un viaje tripulado en 2030. Para la misión a Europa, ni siquiera tenemos claro cómo vamos a aterrizar un robot. Sin embargo, es muy difícil que siga habiendo vida en el planeta rojo, mientras que la más pequeña de las lunas que observó Galileo en 1610 todavía nos hace soñar.

Una de las preguntas que se ha hecho el hombre casi desde sus orígenes es si estamos solos en el universo. Detectar vida extraterrestre será uno de los descubrimientos más importantes para la humanidad y hemos tenido grandes desarrollos para conseguirlo. Sin duda estamos más cerca de detectar vida fuera de la Tierra”. Así terminó Rafael Navarro, el astrobiólogo que busca evidencias de vidas pasadas en Marte, la entrevista que le hicimos. Fue entonces cuando decidimos cómo titular este artículo. Europa nos entusiasma, tanto como Marte.

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