Aunque resulte paradójico, las estrellas no nacen en lugares ardientes sino todo lo contrario. Cuando los astrónomos buscan las regiones en las que se están formando esos maravillosos objetos astronómicos que irradian energía a miles de grados, buscan los rincones más oscuros y fríos del universo.

La foto sobre estas líneas pertenece a uno de esos rincones, concretamente a una región de nuestra propia galaxia que los astrónomos llaman G82.65-2.00. Si la viéramos con un telescopio óptico, la región central aparecería completamente oscura, pero los sensores de radiación más allá del espectro infrarrojo del telescopio espacial Herschel la muestran en todo su esplendor.

La banda de color azul es una guardería de estrellas. La región apenas está a 10 o 20 grados por encima del cero absoluto. A esa temperatura, las nubes de polvo y gas comienzan a moverse lentamente y no pueden resistir la atracción gravitatoria. El frío extremo es necesario para que la materia de esa región forme filamentos y termine por colapsar, implosionando y formando varias nuevas estrellas.

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El telescopio espacial Herschel (anteriormente conocido como Far Infrared and Sub-millimetre Telescope o FIRST) forma parte de un proyecto de la Agencia Espacial Europea llamado The Cold Cores (los núcleos fríos) que estudia 116 regiones heladas del universo en las que se están formando nuevas estrellas. [vía ESA]


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