Si alguna vez te has parado a contemplar los tirabuzones de las montañas rusas más extremas, te habrás dado cuenta de un detalle: ninguno de los giros en 360 grados tiene en realidad 360 grados. En lugar de hacer círculos perfectos, todos los giros siguen un trazado con forma de lágrima invertida.

El detalle no tiene nada que ver con cuestiones estructurales o de estética. Si los giros que te ponen cabeza abajo siguen ese trazado ovalado es por tu propio bien. Tu estómago probablemente no resistiría una vuelta circular perfecta.

Todo se reduce a una cuestión de las fuerzas de gravedad implicadas en el recorrido. Si el trazado fuera perfectamente redondo, la sensación de ingravidez en la parte superior sería mucho más extrema, mientras que el incremento de la fuerza de gravedad al concluir la bajada sería también mucho más fuerte. Además, la vibración lateral es mayor.

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Seguramente los aficionados a las montañas rusas vertiginosas podrían resistirlo, pero para los pasajeros más casuales sería una emoción demasiado intensa.

Para lograr que la gravedad que perciben los pasajeros sea más regular a lo largo de todo el recorrido, los ingenieros que diseñan montañas rusas hacen que las curvas sean mucho más cortas en los puntos en los que el vagón se ralentiza, y más graduales en los puntos en los que adquiere más velocidad. El resultado es esa forma de lágrima invertida que conocemos tan bien de los parques de atracciones. [vía 5MadMovieMakers]