Foto: LMAP / Flickr

Un equipo de científicos japoneses acaba de crear el primer Crisantemo genuinamente azul. Probablemente pienses que has visto ya muchas flores de ese color, pero lo cierto es que las flores realmente azules son una auténtica rareza. ¿Por qué? La respuesta está en los genes.

En la naturaleza, los organismos de color genuinamente azul son muy poco comunes. Si hablamos de flores, la mayor parte de las que recordamos como azules, en realidad exhiben diversos tonos de violeta. Según la Real Sociedad de Horticultura, solo el 10% de las más de 280.000 especies de plantas que producen flores lo hacen en esa tonalidad. De hecho, en algunas flores es un color tan raro que ha inspirado leyendas como la de Los días del Albaicín de A.J. Afán de Ribera.

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-Pero...yo he comprado un ramo de rosas azules-, estarás pensando. Probablemente, pero no se trata de una variedad natural. En realidad todas las rosas de ese color son rosas blancas teñidas de azul mediante pigmentos artificiales

Una rosa azul teñida artificialmente. Foto: Wikipedia

El color azul en las plantas depende de un pigmento llamado delfinidina. El problema es que la mayor parte de flores carecen del gen que permite a la planta sintetizar esta sustancia. Durante siglos, los horticultores han tratado de lograr que flores como la rosa expresen este gen mediante cruces con otras plantas, pero lo más parecido que se ha obtenido es la famosa Rapsodia Azul, una rosa de tonalidad morada creada por el ingeniero retirado Frank Cowlishaw en 1999 a partir del cruce de seis variedades de rosa.

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La ingeniería genética de flavonoides ha abierto una nueva puerta hacia el objetivo de crear rosas azules, pero se trata de un proceso caro y extremadamente complicado porque no basta con añadir a la plata el gen que expresa la producción de delfinidina. Ademas, es preciso introducir un segundo gen que silencie el color rojo o de lo contrario la flor saldría de un intenso color morado. Ese segundo gen, en el caso de las rosas, busca inhibir la producción de cianidina, que es el pigmento que da a las rosas so tonalidad roja. Los primeros en crear con éxito una rosa transgénica azul mediante este procedimiento fueron los investigadores de la empresa japonesa Suntory en 2003, y ni siquiera es genuinamente azul, sino malva.

La rosa “azul” de Santory. Foto: Wikipedia

Para empeorar la situación, los genes que hay que modificar para obtener el color azul son diferentes en cada variedad de flor. En otras palabras, las modificaciones que han permitido crear la rosa azul de Suntory no valen para otras plantas. Aquí es donde entra el trabajo del biólogo Naonobu Noda.

Noda y su equipo han logrado crear crisantemos azules introduciendo en la planta dos genes. El primero es un gen propio de las campanillas de Canterbury (Campanula Medium), una flor que expresa el color azul. El segundo gen procede de una variedad de mariposa azul. En esta ocasión, no ha sido necesario añadir un gen inhibidor del color porque el crisantemo ya tiene una sustancia incolora que interactúa bien con la delfinidina.

Foto: Science Advances

Aún queda un largo camino antes de lograr crear una variedad de crisantemo azul cultivable y capaz de reproducirse. Aún suponiendo que lo consigan, es probable que tenga muchos problemas para comercializarse fuera de Japón debido a las restricciones al cultivo de especies transgénicas en territorios como Europa. Si lo que buscas es otra especie de flores en color azul, aún habrá que esperar más tiempo hasta que a un laboratorio le de por investigar esa variedad a nivel genético. Pese a los avances, las flores genuinamente seguirán siendo una rareza y el material perfecto para leyendas de enamorados. [vía Science]

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