Imagen: AP

La próxima vez que te subas a un avión y mires por la ventana para contemplar las nubes o el hermoso paisaje, atrévete a hacer algo diferente: observa la forma de la ventana. Curiosamente, las ventanas de un avión son redondas. Siempre son redondas.

No es cuestión de estética: existe una razón por la que tienen esa forma. Sin embargo, no siempre fue así. Hubo unos años donde las ventanas de los aviones eran cuadradas hasta que una serie de eventos obligó a los fabricantes a cambiarlas.

La historia comienza en el año 1949 con el estreno del De Havilland Comet, el primer avión comercial a reacción en el mundo. Creado por el fabricante británico De Havilland, el Comet era completamente diferente a los otros aviones de la época. Era una aeronave con una cabina presurizada que podía volar a mayor altitud (más de 30.000 pies) y más rápido que los aviones de hélice, que en aquel entonces dominaban los cielos.

El prototipo del Comet 1. Imagen: Wikipedia

A diferencia de los aviones de hélice, que debido a sus motores causaban mucho ruido y vibración durante el vuelo, el Comet ofrecía una experiencia tranquila. Esto facilitaba los viajes de larga distancia para los pasajeros. La altitud a la que volaba también permitía que el avión evitara el mal tiempo.

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En su primer año, el Comet transportó a 28.000 personas. En 1953 la Reina Isabel, la Reina Madre de Inglaterra y la Princesa Margarita viajaron en un Comet. Para el verano del mismo año, ocho Comets estaban saliendo de Londres cada semana a destinos como Tokio, Johannesburgo y Singapur.

Pero el éxito del Comet no duraría mucho. En 1954 ocurrieron dos accidentes que provocaron la muerte de 56 personas. El primero, el vuelo 781, salió de Roma en enero con destino a Londres. Tras 20 minutos de vuelo, se cortó la comunicación con el aparato. El avión cayó al mar en llamas. Pocos meses después en abril, ocurrió la segunda tragedia. El vuelo 201 viajaba de Roma a El Cairo. Después de 40 minutos, hubo problemas y cayó al mar cerca de Nápoles.

Los vuelos de los aviones Comet fueron suspendidos después de ambos accidentes. El primer ministro británico Winston Churchill declaró que averiguar el porqué de los accidentes era de máxima importancia.

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La evidencia indicaba que el accidente se debió a la fatiga de material del avión, pero no se sabía por qué. Se sospechaba que tenía que ver con el efecto de presurización sobre el avión. Para probar la hipótesis, los investigadores pusieron un fuselaje de Comet en un tanque de agua para simular los cambios de presión dentro de la cabina. Las pruebas señalaron que el problema estaba en la forma de las ventanas.

El Comet 1. Imagen: Wikipedia

Los investigadores descubrieron que la presurización repetida a la que estaba sometida el avión había causado que el fuselaje al rededor de las ventanas se partiera. Los ángulos de las ventanas cuadradas causaron que el metal en esos sitios experimentara más presión que cualquier otro sitio en la cabina. Esto causó la fatiga de material. Debido a esto, los aviones no eran capaces de soportar la alta presión de aire y explotaban.

Para solucionar el problema, De Havilland cambió la forma de las ventanas y aumentó el grosor del revestimiento del avión. A pesar de esto, el Comet nunca transportó a otro pasajero. Los siguientes modelos, Comet 2 y Comet 3, tampoco llegaron a transportar a nadie. Para el año 1958, había llegado el Boeing 707, otro avión de reacción. Se producirían más de 800 Boeing 707s.

Si algo nos ha enseñado la historia de los Comet, es que los detalles, aunque parezcan insignificantes, pueden ser elementos muy importantes.