Resulta fácil pensar que en Apple se han vuelto locos después de ver que piden hasta 17.000 dólares por el Apple Watch. En realidad es más bien al contrario. Los de la Cupertino han sido los únicos que han entendido la auténtica naturaleza de los smartwatch, y han elaborado el plan perfecto para ganar dinero vendiéndolos.

Hasta ahora, todos los fabricantes de electrónica que se han metido a hacer relojes inteligentes han intentado venderlos apoyándose en la vertiente que mejor conocen: la tecnológica. Han explicado lo que pueden o no pueden hacer, las bondades de sus funciones de hardware, sus aplicaciones revolucionarias, su sólido sistema operativo, sus cifras... ¡Ah, las cifras! Tan bonitas sobre el papel.

En esas llega Apple y tiene la desfachatez no ya de no intentar superar en cifras a los relojes de Samsung, LG o Sony, sino que ni se digna a explicar ni una sola característica técnica. No sabemos qué resolución tiene la pantalla del reloj, ni cuántos miliamperios tiene su batería, ni si tiene un procesador con más o menos gigahertzios. Apple no ha explicado nada de eso sencillamente porque a los que más van a gastar comprando su reloj, los gigabytes, los gigahertzios y los píxeles por pulgada les importan un carajo.

Porque el Apple Watch no es un gadget, amigos, es una pieza de joyería.

Si los smartwatch no han encontrado todavía su sitio es porque no han comprendido que los dispositivos a los que intentan sustituir, los relojes tradicionales, no son un producto eminentemente técnico, sino aspiracional. Existen usuarios que buscan relojes técnicamente increíbles, por supuesto, y esos relojes existen, pero son una minoría. Existen también personas que buscan que su smartwatch tenga las mejores características técnicas y sirva para algo más que para dar la hora, pero esas personas probablemente son las mismas que en los 80 se compraban un reloj de plástico con calculadora porque tenía calculadora.

Los consumidores que realmente dan dinero en el mercado de relojes son los que están dispuestos a gastarse muchos miles de dólares en un reloj. Para esos consumidores, el LG Watch Urbane, el Samsung Gear VR o el Pebble Time son baratijas. Lo que ellos buscan al comprar un reloj es comprar un símbolo de status. Ahora mismo, el único smartwatch que tiene ese halo de producto exclusivo y de lujo casi hasta decadente es el Apple Watch, y no lo es porque sea mejor, sino porque es más caro. Mientras la experiencia de usuario sea buena (y la de Apple suele ser razonablemente buena) lo demás vendrá rodado.

Cabe la posibilidad de que al principio Apple no venda tantos smartwatch como otras marcas, pero da igual. Basta con que venda los suficientes Watch Edition en oro "tecnomágico" para que sus resultados financieros vuelvan a romper moldes el próximo trimestre. Y lo que es peor, cuanta más gente con muchos posibles se pasee con relojes Apple de 17.000 dólares, mucha más gente querrá hacerse con un Apple Watch, sencillamente porque no está a su alcance. Las trampas para ellos se llaman Apple Watch, y Apple Watch Sport. El mismo diseño, pero un poco más de andar por casa y a un precio aún por encima de la media, pero asumible.

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Una vez más, los de la manzana van a su aire, una estrategia de empresa que, por cierto, les ha llevado a romper leyes de economía y a posicionarse como una de las compañías más sólidas y rentables del mundo. Como geek, no puedo evitar fruncir el ceño ante el Apple Watch, pero debo reconocer que la estrategia de empresa detrás del reloj de la manzana está realmente bien pensada.

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