Imagen: Cheryl Casey / Shutterstock.

Todos hemos tenido granos en algún momento de nuestra vida, especialmente durante la adolescencia. Son muy molestos y pueden desencadenar problemas de autoestima, pero hacerlos estallar no es la solución. Para entender por qué, repasemos cuál es su causa.

Como explica Michael Aranda en SciShow, el acné aparece cuando los poros de la piel se taponan con grasas y células muertas. Puesto que la piel se regenera una vez al mes, siempre hay células muertas a punto de desprenderse y células nuevas que migran hacia la superficie. Dentro de los poros se encuentran las células sebáceas, que producen sebo (grasa) para lubricar y proteger la superficie de la piel. Si tu cuerpo produce demasiado sebo, este se acumula en el interior de los poros atrapando a las células muertas y causando una obstrucción, lo que lleva a la formación de acné. Puede ocurrir lo mismo con una acumulación excesiva de queratina.

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Una vez taponados, tus poros se convierten en caldo de cultivo para las bacterias. Las bacterias pueden provocar pequeñas infecciones subcutáneas que, ahora sí, causan inflamación. Básicamente, tu cuerpo responde a las infecciones enviando células y enzimas del sistema inmunitario e incrementando el flujo sanguíneo en esa zona, lo que causa rojezas, dolor e hinchazón. Si hacemos estallar los granos, corremos el riesgo de que la infección se propague a los poros de alrededor o de empujar las bacterias hacia una capa más profunda de la piel, lo que puede producir un abceso. Y además solo conseguiríamos irritar esa zona de la piel, causando más inflamación y haciendo que el acné tarde más tiempo en curarse.

Reventar los granos también puede causar heridas que dejan la piel marcada, así que solo estamos empeorando la situación. Una solución más sensata es usar algún tratamiento tópico para reducir el crecimiento de bacterias y evitar la inflamación. Limpiarnos la cara con agua y jabón no ayudaría de mucho porque el acné no tiene que ver con la suciedad.

El acné no nos afecta a todos por igual. Sus causas van desde la genética hasta los cambios hormonales, especialmente de andrógenos como la testosterona (por eso los granos suelen aparecer en la pubertad). Situaciones como el estrés pueden incrementar la producción de hormonas, lo que explica por qué a veces el acné llama a la puerta en el momento menos oportuno. Algunas personas también relacionan el consumo de grasas con la aparición del acné, pero los científicos todavía no han podido establecer una conexialón entre ambas cosas. [SciShow]

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