Imagen: Fursteff / Shutterstock

En los parques, picoteando un trozo de pizza, cagándose en tu ventana. Las palomas están por todas partes, pero rara vez vemos a sus crías. ¿Dónde se esconden los pichones? Hay una explicación, y no es ninguna conspiración del gobierno para usar a las ratas del aire como vector de enfermedades.

La paloma bravía fue domesticada por el hombre hace miles de años, lo que dio lugar a la paloma doméstica o Columba livia domestica. Aunque existen numerosas razas y variedades, esta subespecie de paloma bravía conserva los instintos de aquel pájaro salvaje que anidaba entre las grietas de los acantilados y las montañas de Europa, el norte de África y Asia occidental.

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Ahora que vive en la metrópolis, la paloma doméstica tiende a anidar en las cavidades y los escondrijos de los edificios, que son los lugares más altos que tiene a mano. Los padres mantienen a sus pichones escondidos hasta que son capaces de sobrevivir por sí mismos, algo que ocurre muy rápido: a los 25-32 días de nacer. Tendrías que encontrar un nido para ver uno, de lo contrario es improbable que lo hagas (y si lo haces, será porque algo va mal).

Un pichón de paloma. Imagen: John Liu/Flickr

Lo que sí podrás ver fácilmente en la ciudad son palomas adolescentes. Las palomas nacen desnudas y no salen del nido hasta emplumar; para entonces ya están casi completamente desarrolladas y son casi idénticas a las adultas. Si quieres distinguir a una paloma adulta de una paloma adolescente que acaba de descender a la ciudad, mírale los ojos: estos pájaros tienen ojos de color marrón grisáceo durante sus primeros seis meses de vida, pero después se vuelven naranjas o rojos. [vía IFLSicence]