Marte fue habitable hace 4.000 millones de años. Tenía una temperatura cálida y estaba lleno de agua, como la Tierra. Por eso los científicos se toman en serio la idea de que alguna vez albergase vida. Con el descubrimiento de agua líquida en el Marte actual, esa posibilidad —aunque mucho más remota— sigue vigente: en el planeta rojo podría haber seres vivos.

No nos engañemos, Marte es un frío desierto de piedra. Pero hasta en los lugares más áridos de la Tierra encontramos bacterias y virus. Si todavía hay agua en Marte, todavía puede haber algún tipo de seres vivos allí. ¿Qué tipo de seres vivos y dónde podrían estar?

La Tierra y Marte, dos hermanos con vidas diferentes

La Tierra y Marte son planetas hermanos. Tienen edades similares (~4.500 millones de años), un mismo origen y estructuras parecidas. Sin embargo, sufrieron dos destinos muy diferentes: Marte es un desierto gélido (-55ºC) y la Tierra es un paraíso lleno de agua y de vida. ¿Por qué?

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Nuestro planeta está envuelto en un agradable manto atmosférico con una amplia magnetosfera que nos protege de la radiación. En cambio, Marte apenas tiene atmósfera y no se beneficia de un campo magnético: el viento solar y los rayos cósmicos bombardean constantemente su superficie. Por eso el planeta es un erial rocoso e inhóspito.

No siempre fue así. Nuestra percepción de Marte cambió drásticamente cuando demostramos que, hace miles de millones de años, fluía abundante agua líquida sobre su superficie. Al igual que en la Tierra, un enorme océano cubría la mayor parte del planeta, y eso es nuestro mejor indicio de que pudo albergar vida en el pasado. Que una mínima porción de toda esa agua siga fluyendo podría significar que aún hay algún superviviente.

Claro que a) es agua muy salada y b) la vida no sólo necesita agua, también una temperatura agradable y estable. Pero Marte tiene una temperatura media de -55 grados centígrados, mientras que la media de la Tierra es de 18ºC. La media de la Antártida (la región más fría de la Tierra) es de -17ºC.

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De nuevo, no siempre fue así. El mismo estudio, que supuso seis años de investigación, sugiere que Marte era más cálido durante sus primeros mil millones de años: “Es difícil evaluar la temperatura del antiguo Marte o cuánto tiempo estuvo el agua en forma líquida; pero nuestros resultados indican que había una cantidad sustancial de agua disponible en el pasado” explica Gerónimo Villanueva, de la NASA.

Abundante agua líquida implica que no hacía tanto frío. Y cálido + lleno de agua es un prospecto prometedor sobre la posibilidad de que hubiera vida en el Marte antiguo. Nos encontramos con tres posibilidades: 1) Es posible que nunca existieran seres vivos. 2) Es posible que existieran y que se extinguieran con la evaporación del agua.

Y 3) hay una opción más interesante, más improbable, que sigue ahí: que los microbios marcianos se hayan adaptado a ese terreno estéril de tanta radiación y que hayan conseguido vivir rodeados de sales tóxicas. ¿Cómo es posible que sigamos aferrándonos a esta remota posibilidad?

Ni rastro de microbios, pero sí de su comida y de sus desechos

El diciembre de 2014, dos años después de aterrizar, Curiosity encontró por fin los picos de metano que la sonda Mars Express había detectado diez años antes. Aunque la tecnología del rover no puede confirmar la fuente del gas, una de las opciones que barajan los científicos es que provenga de microbios (en la Tierra, son los seres vivos los que producen el 95% del metano que hay en el medio ambiente).

Otras explicaciones más probables son que el gas provenga de depósitos de hielo subterráneo o de la reacción de la luz con partículas de polvo cósmico. Pero en realidad los astroquímicos no tienen idea de dónde vienen esas concentraciones de metano, que aparece y desaparece de la atmósfera de manera constante.

El metano debería disiparse en la atmósfera, y sin embargo en Marte hay un flujo constante. Hay algo que podría estar produciéndolo activamente. La posibilidad de que sean desechos de microbios que viven bajo la superficie del planeta sigue sobre la mesa. Tendremos que esperar a que manden otro robot con un laboratorio más avanzado para confirmar o desestimar esta opción.

Sea como fuere, unos meses después de los picos de metano el Curiosity encontró otra prueba de que pudo haber vida en Marte: sedimentos de óxido de nitrógeno fijado en forma de nitratos. Los nitratos son una parte fundamental de los aminoácidos y el alimento de los microorganismos. Fueron descubiertos en cantidades similares a los lugares más secos de la Tierra, como los desiertos.

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El agua, el metano y los nitratos son elementos que los astrobiólogos llaman biofirmas, porque es lo que buscan cuando intentan encontrar vida.

Qué tipo de vida podemos encontrar

Supongamos que hay seres vivos en Marte y que han conseguido adaptarse a las sales tóxicas del agua, a las bajas temperaturas, a los rayos cósmicos... ¿Cómo serían? ¿Qué tipo de seres vivos pueden vivir en un lugar muy frío y muy salado? No hace falta imaginarlo, podemos irnos a los lugares más extremos de nuestro propio planeta.

Las adaptaciones de las bacterias psicrófilas al frío

En la Tierra tenemos bacterias que son tanto psicrófilas como halófilas (del griego “amor por el frío” y “amor por la sal”). Se encuentran en los lagos de la Antártida y en las capas líquidas del hielo glacial. Consiguen hacer la mitosis y funciones metabólicas básicas a -13ºC. ¿Cómo lo hacen? ¡Meten sal en su organismo! De esta manera no se congelan y, por ósmosis, consiguen que el agua fluya hacia dentro y no hacia afuera de sus diminutos cuerpos de apenas unas micras.

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Para las psicrófilas, el frío no es un problema a la hora de trabajar: en un experimento de la Universidad de Alaska Fairbanks consiguieron producir entre 200 y 300 litros de metano al día a partir de 1.000 litros de barro de un lago congelado de Alaska, rico en este tipo de bacterias.

En definitiva: frío ✔ sales tóxicas ✔ radiación ✘ -> Nuestros microorganismos marcianos imaginarios aún tendrían que estar adaptados al problema de la atmósfera: sobrevivir en la superficie de Marte es muy difícil. Así que, a pesar de que hayamos encontrado agua en las montañas de nuestro planeta hermano, lo más probable es que estos hipotéticos microbios vivan debajo del suelo, quizá en acuíferos subterráneos.

¿La estamos buscando mal?

El taladro de Curiosity sólo puede “arañar” la superficie del planeta, donde es menos probable que exista vida. Si queremos encontrar vida microscópica, tendremos que buscarla a más profundidad.

Hay otro problema. Según un estudio de la Escuela Imperial de Londres, es posible que estemos destruyendo los microorganismos del suelo de Marte cada vez que el Curiosity se pone a analizar una muestra. La tierra de Marte es rica en sales llamadas percloratos, unos compuestos corrosivos que, al calentarse (como ocurre en el laboratorio de Curiosity) destruyen la materia orgánica que tienen a su alrededor.

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En otras palabras, si ya eran escasas las posibilidades de encontrar vida en la superficie de Marte, puede que además la estemos quemando con el calor del robot. No despejaremos muchas de estas dudas hasta que tengamos humanos en Marte, capaces de hacer experimentos más precisos y flexibles.

Por eso y por muchas otras razones, la misión a Marte es uno de los retos actuales más excitantes para la humanidad.

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