Echar aceite en un lago o un estanque no es algo que debamos aconsejar en ninguna circunstancia, pero esta vez podemos dejar pasar la cuestión ecológica porque permite explicar cómo una sola cucharada puede calmar la superficie del agua y dejarla casi completamente lisa.

En el canal What The Physics?! explican este curioso efecto usando una cucharada de aceite de oliva sobre un pequeño lago cuyas aguas tienen las típicas ondulaciones provocadas por el viento. Obviamente, si es una gran masa de agua con oleaje más alto provocado por sus propias corrientes o por vientos muy fuertes no hay aceite que lo remedie.

Sin embargo, el aceite obra cómo un auténtico bálsamo, eliminando las ondulaciones en un área que acaba alcanzando los 2.000 metros cuadrados. La razón por la que ocurre es la polaridad de las moléculas. El aceite es un triglicérido que es una molécula de glicerol unida a varias cadenas de ácidos grasos que forman una especie de colas. Al caer en el agua, la “cabeza” de la molécula, que tiene una polaridad positiva, se ve atraída hacia abajo debido a la polaridad negativa de las moléculas de agua.

Todas las moléculas buscan entrar en contacto con el agua, y eso hace que el aceite se esparza más y más hasta formar una capa de una sola molécula sobre la superficie del agua.

Las cadenas de ácidos grasos actúan como diminutas velas al viento. En lugar de hacer que el agua se ondule, lo que hace la brisa es mover toda la balsa de aceite de un lado a otro.

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Hasta el propio Benjamin Franklin usaba este truco para gastar bromas a sus conciudadanos asegurando que tenía el poder de calmar las aguas. El efecto también es la base de la elaboración de cristales en los que la transparencia extrema sea un factor importante, ya que contribuye a eliminar los reflejos. [vía What The Physics?!]