Todas las imágenes: Alex Cranz / Gizmodo

El nuevo Surface Studio de Microsoft es un intento sobrediseñado de ganarse a los creativos profesionales que han sido gradualmente abandonados por otros grandes fabricantes (te miro a ti, Apple).

Sin duda, su diseño toma prestados ciertos aspectos del iMac, pero también incorpora una pantalla táctil y una bisagra que permite que la pantalla se incline para usarse como una tableta de dibujo. El Surface Studio parte de los 3.000 dólares, lo cual es increíblemente caro, pero tras ponerle mis manos encima durante unos minutos me gustaría tener alguna motivación creativa para comprar y usar esta preciosa máquina.

Lo primero que notas del nuevo todo-en-uno de Microsoft es su pantalla. Con 28 pulgadas y relación de aspecto 3:2, la pantalla del Surface Studio es enorme y hermosa. Es tan brillante, vívida y cautivadora que siento que podría sumergirme y nadar en ella.

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También es increíblemente delgada para tratarse de un gran monitor con pantalla táctil incorporada. El lápiz Surface Pen, que viene con el Surface Studio y se adhiere a un lado mediante un imán, tiene básicamente la misma anchura que la pantalla. Es muy delgada. Muy, muy, muy delgada.

Cuando el Surface Studio está de pie se parece mucho a un iMac, pero con un marco más delgado y sin una joroba en la parte de atrás. En esta postura, y combinado con un teclado y un ratón, podrías pensar que se trata de un todo-en-uno convencional.

Pero, a diferencia del iMac, el Surface Studio esconde sus entrañas en su base. Ahí es donde están sus cuatro puertos USB 3.0, el mini-DisplayPort y el enchufe de corriente. La base está sujeta por dos brazos cromados que, como la propia Microsoft señaló durante la presentación, parecen desaparecer por detrás del ordenador.

Es entonces cuando empujas el Surface Studio hacia atrás para que se incline y puedas dibujar sobre su pantalla. Para mí, ese el gran momento en el que dices “wow”. La pantalla se siente muy ligera. Pesa 6 kilos, pero el diseño de la llamada “bisagra de gravedad cero” hace que puedas moverla de una posición vertical a un ángulo de 20 grados con una sola mano. Probablemente sea mejor usar las dos manos, sobre todo si quieres ajustarla a una inclinación más específica, pero como prometió Microsoft es completamente posible levantarla con una mano.

No es hasta que enciendes el Surface Studio que este cobra vida. En posición vertical resulta ideal para jugar, trabajar con texto o editar fotos, pero esta máquina está pensada para que la recuestes contra la mesa.

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La relación de aspecto del Surface Studio es de 3:2; un poco extraño, pero tiene sentido cuando te das cuenta de que podrías utilizarlo con si fueran dos monitores lado a lado. Puedo imaginarme a los creativos configurando sus espacios de trabajo de 16:9 en diferentes partes de la pantalla, especialmente cuando el dispositivo está inclinado sobre su espalda.

La resolución de la pantalla está un pelo por debajo de los 5K y su densidad de píxeles es ligeramente inferior a la del iMac, pero no vas a notarlo. Se ve fantásticamente bien. Especialmente cuando estás ASÍ de cerca.

El Surface Pen puede usarse para navegar por la pantalla táctil (o puedes usar el dedo). Su respuesta y sensibilidad son casi idénticos a lo que vimos en el Surface Pro 4 y el Surface Book; es decir, bastante bueno. El monitor interactivo Cintiq 27QHD de Wacom, que cuesta 3.000 dólares, tiene más puntos de presión (2024 frente a 1024), por lo que puede ser mejor opción para los artistas digitales más exigentes, pero la respuesta que ofrece el Surface Pen se siente natural e instantánea.

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Al dibujar sobre la pantalla, el Surface Pen siguió sin problemas mis garabatos. Y lo que es mejor mejor: al apoyar el brazo sobre el resto de la pantalla, el Surface Book no interrumpió lo que estaba escribiendo. Si alguna vez has usado el Surface Pen en un Surface Book o un Surface Pro: es el mismo tipo de experiencia. Pero dibujar en el Surface Studio es una experiencia mucho más inmersiva gracias a la gran pantalla. Literalmente sientes como si estuviera dentro de una foto o un lienzo.

Además del Surface Pen, hay un nuevo periférico que funciona con el Surface Studio llamado Surface Dial. Cuesta un extra de 100 dólares, pero es genial. Cuando está apoyado sobre tu escritorio puedes usar el Dial como una rueda de desplazamiento para deslizarte por los ajustes. Cuando el puntero del ratón está funcionando como un pincel, por ejemplo, puedes usar el Surface Dial para cambiar el tamaño de ese pincel.

Cuando estás usando una herramienta de color, el Dial te permite desplazarte a través de la paleta. También puedes pulsar y mantener pulsado el botón de la parte superior del Dial para que aparezca una herramienta radial que ofrece más opciones y un acceso rápido a ciertas funciones.

Pero también puedes poner el Dial sobre la pantalla, que es donde está toda la diversión. Pulsa y mantén pulsado el botón escondido en la parte superior del Dial y podrás acceder fácilmente a una regla o a una paleta de colores. Gira el Dial para acceder a más colores o cambiar el sentido de la regla. El Dial también tiene feedback háptico para que puedas sentir cuando lo giras a tope. Está muy logrado.

No he podido pasar mucho tiempo con el Surface Studio, pero me dio la impresión de que la máquina ofrece una respuesta muy rápida. No debería ser de otra forma tratándose de un equipo que parte de 3.000 dólares.

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¿Me convence el nuevo Surface Studio? Como usuaria de Mac desde hace mucho tiempo diría que es casi tan convincente como para convertirme a Windows 10. Casi. El problema es que no le encuentro un uso para mí.

Dicho esto, para creativos profesionales —la gente a la que está claramente dirigido este equipo— la idea de transformar tu ordenador en una mesa de dibujo podría ser algo que vale la pena probar.