A veces, todo lo que hace grande a un videojuego esta ahí pero, simplemente, no encaja. Las ideas, la historia, la jugabilidad, la estética, el encanto... todo. Por lo que habíamos podido deducir, ReCore poseía los elementos necesarios para redondear la fórmula pero el producto final, por desgracia, es una amalgama informe e inacabada.

He dedicado buena parte del fin de semana a jugar y explorar ReCore, promocionado por Microsoft como uno de sus grandes títulos exclusivos, así que el juego solo puede jugarse en una Xbox One. Su historia es simple y hasta cierto punto prometedora: New Eden es un planeta construido con motivo de una plaga apocalíptica ocurrida en la tierra, cuando su protagonista Joule despierta se encuentra que lo que debería ser un paraíso terrenal es en realidad un planeta semidesértico poblado por monstruos mecánicos hostiles llamados Corebots.

La idea, evitando hacer spoilers, es descubrir exactamente qué ha ido mal, cómo puede solucionarse (si es qué puede) y de paso explorar el mundo. Para ello Joule tiene que ir derrotando Corebots según el color de su núcleo y lanzar un gancho cuando están bajos de vida para arrebatárselo. Es de lo poco del juego que, para variar, funciona y es entretenido. Joule acompaña además de un serie de mascotas (Nucleobots) que, cada una con una habilidad o función específica, le permiten progresar por el mundo. Son encantadoras y acaban por robarle parte del protagonismo a Joule, que acaba quedando como personaje a merced de la siguiente habilidad de la mascota de turno.

El problema es, repetimos, que nada acaba de encajar. La historia se vuelve aburrida pronto, lo checkpoints son escasos y cambiar la mascota acaba siendo tan frecuente que se vuelve aburrido. Al final, acabas corriendo de un lado a otro por unos paisajes que se repiten demasiado y con unas mecánicas que, de nuevo por repetitivas, exasperan.

Hay un sistema de “mazmorras”, reminiscente en cierto sentido al de WoW o de cualquier MMO al uso, que es interesante, pero para acceder a ellas tienes que recoger una serie de cores de núcleos repartidos por el mapa. El procedimiento acaba cayendo en lo que se conoce como grinding, repetir procedimientos una y otra vez hasta que por fin tenemos los dichosos núcleos y poder así desbloquear contenido nuevo.

La historia, por si fuera poco, tiene un final abierto que nunca se merece y sabe más a broma que mal gusto que a giro de guión con posibilidades. ReCore no es un juego terrible pero, en un mercado donde la sobreabundancia en la oferta de títulos para jugar es ya la norma, probablemente no merezca tu tiempo ni tu dinero.