Las manifestaciones de trabajadoras del sexo se suceden desde Madrid hasta Atenas pasando por Buenos Aires. Y lo hacen para afirmar cosas muy chocantes para algunas personas: “Ser prostituta es un orgullo”, “soy puta y soy feminista”, “elegí este trabajo porque me gusta”.

Trabajadoras sexuales, prostitutas, escorts, putas… afirman que cualquiera de los términos anteriores es correcto, pero no quieren que las llamen “chicas” porque este término las desempodera como empresarias. Tampoco se debe decir ‘dedicarse a esto’: “Esto es nuestra profesión, la que realizamos con dedicación y profesionalidad día a día, algunas durante décadas enteras de nuestra vida”.

La nueva prostitución

La situación de las prostitutas actuales ha mejorado con respecto al pasado, o al menos está cambiando. Las nuevas jóvenes eligen prostituirse premeditadamente y tienen entornos abiertos, asociaciones, jurisdicción legal, visibilidad a causa de Internet y relativa normalización, pero esto no es lo que aparece en la prensa.

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Según estas mujeres, la situación real dista mucho de lo que aparece en los medios. No es una economía sumergida, ya no, aunque así aparezca en la mente de la mayoría de los comunes mortales. “La prensa hace un magnífico trabajo de desinformación a la sociedad publicando datos y estadísticas sin contrastar”, dice para Gizmodo en Español APROSEX, la Asociación de Profesionales del Sexo.

Las asociaciones insisten en que el sector no es como nosotros lo imaginamos. No están apiñadas en pisos, maltratadas o ejercen esta profesión simplemente por no tener otras alternativas. Lo anterior es trata, y no niegan que la trata existe, pero afirman que “es una minoría” y que a grandes rasgos eso no es prostitución.

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Una frase con la que explican a menudo este extremo es: “Si a alguien le ponen una cadena en el pie y le obligan a cantar 12 horas al día no es cantante, es esclavo. Algo similar ocurre con la trata y la prostitución”, según ellas, la trata no define al sector. “Con que sólo haya una mujer en situación de trata se luchará por su libertad, pero como verás esta cifra dista mucho del famoso 90% que manejan de forma partidista, y sobradamente falsa, las asociaciones abolicionistas” afirma Conxa Borrell, presidenta de APROSEX.

La persecución

La mayoría de las manifestaciones que se han sucedido por estos colectivos profesionales del sexo han sido para luchar contra el principal enemigo que le queda al sector: la persecución de la sociedad.

La situación legal de este trabajo varía ampliamente en cada país. En España pueden ser autónomas —existe la categoría de trabajadora sexual— o trabajar para terceros en cuyo caso los empresarios están obligados a asegurarlas. En Estados Unidos es legal en algunos estados y en otros no, si bien el 49% de residentes mayores de edad en el país cree que debería legalizarse globalmente. En otros países europeos como Alemania está totalmente reglada.

Sin embargo, en la práctica las fuerzas de seguridad multan y detienen a sus clientes,y sabiendo a lo que se dedican muchos hoteles se reservan el derecho de admitirlas, los propietarios no les alquilan pisos y a veces se clausuran sus locales privados por las reiteradas quejas.

También una vez asentadas les pueden cerrar los negocios por otras razones, aunque relacionadas con la causa directa: exhibicionismo, ruidos, quejas de los vecinos... Además, basta con que los demás sepan que en determinado piso se ejerce la prostitución para que en la práctica “miren mal a cualquiera que salga por esa puerta”. Ellas no están de acuerdo: “Siempre estuvimos ahí, siempre hemos estado ahí, y recién ahora se está dando el marco para que podamos hablar de ello”.


Cómo se llega al sector de la prostitución

Imagen: Cherry. Cedida para la entrevista

“Mi nombre es Cherry, y soy trabajadora sexual desde hace 4 años”. Esta escort, que empezó haciendo live streaming y actualmente hace encuentros y tiene dos tiendas online de videos pornográficos, afirma que empezó en este sector cuando tenía sólo 21 y vivía con su madre.

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Trabajó en algunos oficios de los considerados “normales” primero, pero se encontró con ambientes hostiles de trabajo y condiciones laborales insuficientes, entonces llegó a las webcam y las eligió aun pudiendo elegir otra cosa. “Si bien me arrepiento de no haberme informado un poco más antes de adentrarme en el mundo del trabajo sexual, rápidamente encontré en él una solución a muchos de mis problemas”.

“Para mi fue y sigue siendo el trabajo ideal, ya que me permite manejar mis propios horarios, no tengo que rendirle cuentas a un superior y puedo tomarme el tiempo que necesite para cuidar de mi salud. No pretendo glorificar mi trabajo, tiene sus contras, como todo trabajo, pero no son los que suele creer la gente. Mis experiencias han sido en general buenas, elegí y sigo eligiendo este trabajo. Es más, ponerle un precio a mi tiempo y a mi sexualidad me ayudó a valorarme más como ser humano deseable, y me ayudó a construir una autoimagen sana”.

Imagen: Natalia Ferrari. Cedida para la entrevista. Fotógrafa: Mara Blackflower.

Las prostitutas que son feministas

Entre las trabajadoras del sexo que piden cambios se puede encontrar una afirmación constante: soy feminista. La crítica está servida.

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El propio sector feminista mantiene que la prostitución es un sistema de explotación del hombre sobre la mujer. Y a la mayoría de abolicionistas, esto es los que creen que la prostitución es una forma más de violencia de género totalmente integrada con la trata de mujeres, les resulta totalmente absurdo relacionar feminismo con prostitución pues la mujer tiene que hacer, en la teoría, todo lo que el cliente quiera por dinero y objetiviza su cuerpo.

“Hay muchos tipos de feminismo, y yo formo parte de un movimiento que aboga por que cada una haga lo que quiera con su cuerpo y su vida, y que lucha para que podamos hacerlo sin ser perseguidas, estigmatizadas, clandestinizadas, criminalizadas u hostigadas por las instituciones estatales y familiares o la sociedad. Creo que en los próximos años se dará un quiebre muy grande en la industria del sexo, un quiebre cuyas semillas ya están implantadas por todos lados, solo hace falta ver más allá y escuchar”.

Según confirman las escort consultadas, esto no es cierto. No se hace todo lo que el empleador quiere. El cliente o clienta acude a buscar a la profesional. Dependiendo de la tarifa, los horarios y los servicios que esta ofrece, se llega a un acuerdo. El cliente paga por adelantado, y si es grosero o maleducado no se duda en invitarle a marcharse.

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Es más, ellas insisten en que la prostitución es una expresión del feminismo más puro, que en realidad es la escort la que tiene el control y pone todas las normas. “No logramos ver el poder del cliente por ninguna parte. Todo el poder es tuyo como profesional. Tú decides dónde trabajas, cuándo, los horarios, las tarifas y los servicios” —APROSEX.

Imagen: Natalia Ferrari, cedido por la entrevistada. Fotografa: Mai Oltra.

Natalia Ferrari —y no es es un pseudónimo—quien debido a su reivindicación constante en la red sobre el derecho de la elección libre en lo que respecta a la profesión y al uso del propio cuerpo, se ha convertido en una especie de figura activista dentro del sector, afirma que “todas las ideas que tiene la mayoría de la gente sobre nosotras están fundamentadas en datos falsos, testimonios ajenos a nosotras y dogmas. No nos vamos a ningún lado y no vamos a dejar que nos silencien”. 

“Estamos hartas de paternalismos, de que personas que no son ni han sido putas hablen en nuestro nombre y no cuenten con nosotras en las leyes sobre prostitución. Tenemos que empoderar a las prostitutas como mujeres trabajadoras, para que cuando se encuentren con situaciones de mierda en lugar de normalizarlas, tengan alternativas y herramientas para denunciarlas o salir de allí. No debería ser algo normal que las putas tengamos miedo”.

Esta prostituta de 25 años residente en Barcelona empezó a trabajar en esta industria a los 20, por elección propia y además dice haber tenido “experiencias principalmente buenas”. “Elegí la prostitución en su momento porque era la opción laboral que mejor se ajustaba a mi identidad y mis intereses”. Ella quería tener tiempo libre para hacer activismo en la ONG en donde estaba como voluntaria y todas las otras alternativas laborales que tenía “consistían en sueldos precarios, muchas horas, trabajar para terceros y hacer cosas que no me gustaban. Lo sigo eligiendo básicamente por las mismas razones. Ningún otro trabajo me aporta tanta libertad y control”.

En su retórica no falta la palabra feminismo. De hecho no le parece que haya nada más feminista que poder dedicarte a lo que te apetezca, incluso si ese algo es ser prostituta. “Negar que la prostitución es un trabajo es un gesto extremadamente patriarcal, porque busca mantener un status quo donde las mujeres tenemos relaciones sexuales siempre gratis y con nuestras parejas. ¿Qué hay más feminista que una mujer con capacidad de pactar libremente lo que quiere hacer con su vida y su sexualidad?”.

“En las prostitutas organizadas de todo el mundo se encuentra un consenso en lo que queremos: derechos humanos. El derecho a poder vivir libres de violencia y discriminación, derecho a elegir sobre nuestra vida y derechos laborales que nos protejan de la explotación de empresarios y las agresiones de los clientes y la Policía. Todo esto debe estar incluido con una perspectiva feminista porque somos mujeres trabajadoras y ninguna mujer vive mejor sin derechos”.

El hecho va cobrando fuerza lenta pero imparablemente, encontraron en el feminismo una razón más para dejar de esconderse: pueden gustar o no, la gente puede estar de acuerdo con ellas o no, pero cada vez es más difícil ignorarlas. Son prostitutas, se declaran feministas y, como no se cansan de decir, han venido para quedarse.