Si hay un sector que se sigue emocionado con la impresión 3D ese es el aeroespacial. Esta tecnología promete permitir fabricar piezas de naves a una fracción del coste actual. Y funciona. La ESA lo acaba de probar con la primera cámara de combustión de cohete impresa en 3D en platino.

La prueba la han realizado conjuntamente la Agencia Espacial Europea (ESA) y Airbus Defence & Space. El proyecto consistió en fabricar en platino y por impresión 3D una cámara de combustión y una tobera (el cono de expansión) y probarlo con combustiones reales para medir su rendimiento y resistencia. En total, las piezas soportaron más de una hora de combustión en 618 igniciones diferentes. Una de esas igniciones duró 32 minutos seguidos, superando la temperatura de 1.250ºC. Lo puedes ver debajo:

¿Resultado? Es la imagen de apertura: así quedó la cámara de combustión y la tobera de platino tras la prueba: intacta. Suponemos que los responsables del experimento la habrán adecentado para la foto, pero lo importante es que estructuralmente soportó el tiempo y la temperatura exactamente igual que si se hubiera fabricado de forma convencional.

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Steffen Beyer, responsable del proyecto por parte de Airbus, asegura en un comunicado que “es la primera vez que se consigue algo así. Demuestra que el rendimiento es comparable al que se puede obtener con un propulsor tradicional”. Lo curioso es que al comienzo del proyecto no tenían ni idea de si realmente iba a funcionar o de si la aleación de metales podría aguantar semejantes condiciones. Prueba de la “improvisación” es que combinaron una máquina láser utilizada en joyería con tecnología de impresión 3D para obtener los componentes finales. Y el resultado de momento parece haber sido un éxito.

La importancia de esta prueba se reduce a una cosa muy sencilla: coste. O, mejor dicho, reducción del mismo. Compañías como Airbus Defence & Space fabrican al año entre 150 y 200 de este tipo de propulsores para diferentes clientes. Haciendo cálculos, Beyer asegura que podrían reducir significativamente el coste de producción final de cada uno de ellos utilizando estos materiales e impresión 3D, aunque no da una cifra concreta de esa reducción. En definitiva, si todo marcha, en el futuro los propulsores de cohetes para, por ejemplo, lanzar satélites, podrían estar fabricados mediante impresión 3D a una fracción del coste actual. Más con menos. Bien. [vía ESA]

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