Foto: Babak Fakhamzadeh / Flickr

Cuando los primeros occidentales llegaron a la Isla de Pascua se toparon con un auténtico enigma: una isla deforestada y habitada por tan solo un puñado de indígenas, pero con enormes cabezas de piedra que sobresalían del suelo ¿quienes las construyeron y como desaparecieron?

Parecía evidente que las tribus que habitaban la isla en el Siglo XVIII no tenían los medios ni los recursos para construir semejante monumentos, y era cierto. Sucesivos estudios antropológicos, arqueológicos, genéticos y lingüísticos revelaron que los Rapa Nui fueron una floreciente civilización que llegó a la isla desde Polinesia hacia el año 1200 y alcanzó su momento más álgido en torno al siglo XV o XVI.

Una de las expediciones que visitó la isla a bordo del Rurik. Imagen: Wikipedia

Algo arrasó el ecosistema de la isla

Dos siglos después, la civilización que erigió los poderosos moai prácticamente había desaparecido y de ella solo quedaba un puñado de isleños. Para retorcer aún más el misterio, los estudios paleobotánicos de fósiles y polen añaden un dato aún más sorprendente: la Isla de Pascua era un vergel poblado con un amplio espectro de árboles, arbustos, helechos y hierbas autóctonas.

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Algo arrasó el ecosistema de la isla hasta convertirlo en las desoladas praderas que hoy conocemos. Árboles como la palmera chilena o el toromiro desaparecieron completamente y solo han vuelto en las últimas décadas gracias al esfuerzo por reforestar la isla.

¿Qué pasó en la Isla de Pascua? La principal hipótesis es que los Rapa Nui cometieron un ecocidio. En otras palabras, abusaron de tal manera del entorno natural en el que vivían que los recursos pronto fueron insuficientes para sostener la población y estallaron los conflictos y el hambre.

Es irónico porque según esta hipótesis fueron los Moai, la máxima expresión de su esplendor como civilización, los culpables de su desgracia. Los Rapa Nui se embarcaron en un frenesí por construir más cabezas de piedra cada vez más grandes, y para eso necesitaban árboles con los que mover las piedras. La deforestación fue tan criminal que pronto no quedaron árboles lo bastante grandes como para construir canoas y los Rapa Nui comenzaron a no poder depender de la pesca para subsistir.

Arriba, recreación artística sobre el aspecto que pudo tener la Isla de Pascua. Abajo, aspecto actual. Foto: Wikipedia

La falta de pescado se tradujo en un aumento de la presión sobre los cultivos, lo que a su vez aceleró la erosión del suelo. Pronto, el sustrato de la isla comenzó a no ser suficiente para las cosechas y estas comenzaron a fallar. En las guerras que se sucedieron se cree que las antaño orgullosas tribus Rapa Nui incluso recurrieron al canibalismo.

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Esta hipótesis no está exenta de una moraleja medioambiental, pero tiene un problema: no es cierta.

Escrito en los huesos de sus antepasados

Un grupo de investigadores de la Universidad de Binghamton ha dedicado meses a estudiar los isótopos de carbono y nitrógeno en el colágeno presente en los huesos de los antiguos habitantes de la isla. Su investigación se remonta hasta el año 1.400, fecha bastante anterior al supuesto comienzo del declive de su civilización.

Ladera del Rano Raraku con una serie de moáis. Foto: Wikipedia

El objetivo de analizar de esta manera los huesos era determinar qué comían los antiguos pobladores de la isla en el momento en el que la historia dice que se quedaron sin recursos, pero resulta que los huesos cuentan una historia muy diferente. Según el estudio, la mitad de la diueta de los Rapa Nui era pescado, y la que provenía de cultivos lo hacía de nu suelo fértil. Es probable que hasta se tratara de suelo fertilizado mezclado con minerales de la propia isla.

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En definitiva, que la deforestación no provocó ninguna hambruna que acabó con los Rapa Nui. El dato echa por tierra la hipótesis más aceptada sobre la desaparición de esta civilización, pero nos deja en la casilla de salida. Si no fue la deforestación de su propia isla lo que acabó con ellos, ¿qué fue? La respuesta sigue eludiéndonos bajo la atenta mirada de los Moai, que casi parecen sonreír. [American Journal of Physical Anthropology vía New Atlas]